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Instagram se transformó en ese lugar –las redes sociales funcionan como centro de reunión– donde la vida parece amena y próspera, donde hay invertido mucho trabajo en generar imágenes atractivas por parte de estos nuevos vendedores glamorosos con miles o cientos de miles de seguidores: los influencers. Los que se dedican a la moda, que son los que nos interesan, congregan a diario a muchísimas personas alrededor de un posteo con un nuevo look, la mayor parte de las veces patrocinado y en muchos casos sin ningún tipo de advertencia de que están haciendo publicidad.

Estas cuentas que ganan plata con mi follow o con mi like dependen más de mí que yo de ellas. ¿De qué inspiración podemos hablar, con los estilismos inalcanzables que proponen? A mí difícilmente me va a influenciar una persona que usa siempre ropa distinta de marcas que no tienen nada que ver entre sí. O alguien cuya vida parece girar alrededor del consumo desaforado, que hoy se sube a una moda y mañana a la siguiente. Si estamos frente a estas cuentas como clientes, sería bueno que ellos se presenten ante nosotros como quienes nos quieren vender cosas, no como quienes quieren sólo “inspirarnos”.

¿Quién nos influencia de verdad? ¿Alguien que nos trata de vender algo todo el tiempo? ¿O quienes nos hacen pensar y conocer nuevas realidades?

Hay más preguntas para hacer alrededor de cada influencia que elegimos: ¿es positiva? ¿Nos hace desear cosas que no podemos tener? ¿Nos frustra? ¿Desvalorizamos lo que tenemos porque en la pantalla de nuestros dispositivos siempre hay alguien recordándonos todo lo que nos falta? Estoy segura de que a casi todas las preguntas podemos contestar que sí, sin dudas sentimos todo esto.

El lado bueno

Como en la vida, en Instagram, hay influencias malas y de las buenas también. Quiero destacar tres cuentas que me influyen, porque son cuentas del bien, que se parecen a los inicios de los blogs de moda, con looks, reseñas, críticas o simplemente una visión particular del mundo, sin intenciones más allá de dar una opinión útil a otros, compartir hermosura o motivar, gracias a su influencia, acciones positivas.

Livia Firth

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La sigo porque lleva adelante un serio activismo a favor de la moda sostenible y usa su posición privilegiada –está casada con Colin Firth– para crear conciencia a través de movidas como la Green Carpet Challenge o siendo embajadora de Oxfam, que es una confederación internacional que da ayuda humanitaria. También es fundadora miembro de The Circle, una iniciativa de Annie Lennox que busca promover igualdad para las mujeres en un mundo más justo. A través de su cuenta de Instagram (@livia_firth) comparte muchas noticias que son de utilidad para los que estamos interesados en el futuro de la moda –que es cada vez más claro que tendrá que tender hacia que nos transformemos en consumidores responsables–, así como además intenta generar conciencia de lo precario que puede ser a veces el sector.

Linda Rodin

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Linda Rodin porque nos muestra que se puede ser mayor y llevar las canas con jeans y mucho estilo. Sus sellos distintivos además son que está casi siempre acompañada de su perrito Winks, es común verla con anteojos de sol llamativos, labios rojos o fucsias y es para destacar que repite su ropa infinidad de veces –esta es una decisión que me resulta de lo más elegante–. Trabajó en moda por años hasta que hace una década lanzó su marca de aceites –Olio Lusso– para cara y cuerpo, en una línea que es la quintaesencia de la idea de calidad por sobre cantidad. Su cuenta de Instagram (@lindaandwinks) es apasionante.

Laura Grosskopf

If you can't handle me at voracious bear, you don't deserve me at my Nigella Lawson

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Laura Grosskopf, porque sus fotos son el mundo mágico que quisiera habitar. Es fotógrafa y tiene la habilidad de captar lo mejor de los lugares y de las personas. ¡Y de la comida! No es casualidad que sea mi amiga: nos conocimos por Facebook y un día la invité a una barata de ropa que había en Las Cañitas para conocerla en persona –por ese entonces, 2011, yo todavía vivía en Buenos Aires–. Me encontré con su genialidad y su estilo personal que sí que es inspirador porque se apoya más en su actitud que en lo que lleva puesto. Es una de las personas más inteligentes y voladas que conozco y me hace pensar siempre. Desde su cuenta de Instagram (@laugross), en cuya bio dice “Alien for some. Human for now” también me la deja picando.

Entonces, va de vuelta: ¿Quién nos influencia de verdad? ¿Alguien que nos trata de vender algo todo el tiempo? ¿O quienes nos hacen pensar y conocer nuevas realidades? Ojalá cada vez más, sea lo segundo. Mientras lo pensamos, el lado positivo, es que si uno quiere dejar de sentir frustración, envidia o tener la sensación de ser inadecuado entretanto le susurran de forma sutil que se tiene que comprar el nuevo vestido de moda, aprieta el botón de unfollow y ya. La influencia termina.