Hace un año y seis meses, para ser exactos, surgió Slowfashionuy. El primer blog uruguayo dedicado al slow fashion. La razón por la que lo lancé fue el querer compartir un mundo que empezaba a descubrir después de terminar cuatro años de carrera en la Escuela Universitaria Centro de Diseño. Un mundo que me decía que comprar en Zara era apoyar a que millones de personas sean explotadas laboralmente, que 80 mil millones de prendas nuevas por año son consumidas mundialmente y que según la ONU sin una acción inmediata por parte de la industria textil, el agua limpia no sería un recurso accesible en el 2030 para la mitad de la población mundial. Ese era el mundo al que me enfrentaba con un par de exámenes y la tesis para recibirme de diseñadora textil y hacer mi aporte en este sector.

Como a lo largo de mi carrera no había tenido un acercamiento demasiado profundo a todo este “mundo”, decidí sumergirme y descubrir por cuenta propia el lado oscuro de la industria textil. Con una gran afición a leer libros de moda, la curiosidad y el cuestionamiento siempre presentes en mí y el interés por estar  permanentemente aprendiendo cosas nuevas no me costó mucho tiempo descubrir el lado oscuro de la moda.

La buena noticia es que existe una alternativa a parar la contaminación, explotación, consumismo y obsolescencia programada que genera este sector. Así fue como descubrí la importancia del término slow fashion y cómo su filosofía podía trasladarse a otros rubros al hablar de un estilo de vida. De ahí que ahora el blog se llame Lowly. Así, me emprendí en un camino en el que todo era conocimiento nuevo, descubrir nuevas propuestas,  aprender nuevos términos y ser consciente de lo que implica querer ser “slower“.  Por eso, para los que estén interesados en el tema y quieran ahorrarse unos meses de búsqueda y descubrimientos, estas son algunas de las primeras cosas que aprendí con Slowfashionuy.

1. Apoyar lo local

Foto: Styleismo

Si bien es un hecho que el saber qué hay en otro país y comprar sus productos suele ser atractivo, es súper importante tratar de apoyar todo lo que podamos el consumo local. Uruguay lleva en sus raíces la apuesta por productos hechos artesanalmente y con materia prima local, conceptos asociados a tener un estilo de vida eco y sustentable cada vez más valorados. Consumir productos locales no solo colabora con la economía de nuestro país (al ayudar a que muchos pequeños productores puedan seguir creciendo), sino que evita contaminar el medio ambiente evitando los traslados, el packaging y la logística que implica adquirir un producto que viaja de un país a otro. Querer ayudar a productores locales y apostar por tu país es una gran forma de empezar un estilo de vida más sustentable y consciente. Y la variedad de propuestas sustentables y eco en distintos rubros crece, lentamente, pero sin cesar. Por eso es un buen momento para empezar a tener a Uruguay presente en nuestras próximas compras.

2. Cuestionar lo que tenemos

Personalmente no considero que ser un consumidor slower signifique deshacernos de todo lo que ya tenemos que no sea eco o sustentable. Significa, sí, empezar a adoptar de ahora en más cambios que nos ayuden a gradualmente ser más sustentables y ecológicos con nuestras compras. Un gran paso es cuestionar lo que ya tenemos, qué uso le damos y si fue una compra con valor a la que le sacamos provecho o fue un impulso, un “es barato y algún día lo usaré” y después nos damos cuenta que ese día nunca llegó. Hacer un detox de las cosas que tenemos,  y por ejemplo aprovechar el cambio de temporada para un wardrobe detox, es otro gran paso para cuestionarnos lo que consumimos. Y darnos cuenta así qué son las cosas que realmente usamos con frecuencia, y cuales sería mejor que dejemos de adquirir porque casi no las usamos, o directamente nos olvidamos que las tenemos.  Así y extendiendo al máximo el ciclo de vida de cada producto/prenda que adquirimos es otra manera de empezar a adoptar formas de consumo más conscientes.

3. Ir de menos a más

Foto: Islowly
Foto: Islowly

Muchas veces tenemos esa idea del “todo o nada” como una sentencia absoluta y verdadera. Pero ser un slower no quiere decir transformarse en un consumidor 100% eco de un día para el otro, sino empezar a adoptar pequeños cambios que paso a paso nos conduzcan a un camino más ecológico y sustentable. Por eso, un consejo sería empezar por el “rubro” que más nos interese. En mi caso, al tener una carrera hecha en diseño de moda y textil, empecé a adoptar cambios en la forma en la que consumía prendas: cuándo era necesario adquirir una nueva prenda, cómo podía reciclar aquellas que ya tenía pero no les estaba dando un uso, qué propuestas locales de moda sustentable tengo que conocer para cuando necesite realmente adquirir una prenda nueva y seguir prácticas eco como lo son el wardrobe detox o realizar swap parties. Y así, como efecto dominó, estos hábitos nuevos los podemos ir trasladando a otros rubros (cómo nos movemos, qué comemos, qué hacemos en nuestro tiempo libre, etc) porque en el fondo, ser slower se trata de un estilo de vida.

4. Uruguay quiere ser sustentable

Foto: Narbona wine lodge
Foto: Narbona wine lodge

La variedad de propuestas sustentables y ecológicas que fui descubriendo en este tiempo, y la facilidad con la que aparecen cada día más, dan muestra de como Uruguay quiere ser sustentable. La existencia de Uruguay Natural, turismo ecológico, apps locales que te ayudan a ver dónde reciclar tus desechos, huertas y granjas orgánicas, más de 30 propuestas de moda sustentable que incluyen marcas con certificaciones GOTS, y propuestas gastronómicas from farm to table, demuestran que el interés en el área crece cada día más. A esto se le suma la diversidad de eventos, ferias, desfiles y charlas de distintos rubros que apuntan en su totalidad al reciclaje, la sustentabilidad y el cuidado por la ecología: Camino Verde, Drap Art Uruguay, Mola y Festival de la Tierra. Cada vez somos más.

5. Los pequeños cambios hacen la diferencia

El impacto ambiental que generamos día a día es mucho mayor del que nos imaginamos. Por eso, una buena forma de ser más consciente es sustituir hábitos cotidianos con opciones más ecológicas. Como por ejemplo, las bolsas de plástico. Sólo en 2017 se consumirán 5 billones de bolsas de plástico, ¡el equivalente a 160.000 por segundo! Evitar aceptar bolsas cuando nuestra compra implica al menos no más de 5 productos, y pesar las frutas y verduras sin ponerles bolsas de nylon transparente son pequeños hábitos que ayudan un montón a nuestro planeta sin que tengamos que hacer grandes sacrificios. Por eso, es importante siempre tener una tote bag en la cartera. Este hábito fue tan importante para mí que con Lowly decidí desarrollar unas eco tote bags para facilitarle a aquellas personas que quieran adoptar este cambio de conducta y no tengan ninguna aún. Otro caso de plástico evitable son las pajitas que les ponemos a los vasos: ¡sólo en Estados Unidos se utilizan 500 millones por día!

Replantearnos este tipo de costumbres adquiridas y pensar en formas sustentables de sustituirlas son la mejor forma de adoptar pequeños cambios para ayudar al planeta.