Me cuesta horrores enfrentar los conflictos.

Listolodije, por fin lo admití, me lo admití. Dicen que la aceptación es el primer paso.

Si debo ser honesta diré que sí, los conflictos me afectan como a cualquier persona y no, que la manera que tengo de resolverlos no es frontal.

Soy una persona que practica la economía de las palabras. O sea, hablo poco, lo que exaspera a veces a mis dos parejas estables -mi marido y mi workwife (o sea Moni)-, aunque intento que sea certero. Menos aun hablo cuando sé que esas palabras que me gusta elegir con tanto esmero podrían hacer volar las chapas.

Siempre creí que hay algo sabio en dejar pasar un tiempo prudente que hará que mágicamente la tensión se disipe. No pocas veces la vida me ha dado la razón.

El feminismo, sin embargo, llegó para demostrarme lo contrario. No hay resolución sin confrontación. No existe revolución sin lucha.

Y la lucha se libra en numerosos frentes. Admiro muchísimo a quienes integran colectivos y/o fuerzas políticas o hasta movimientos artísticos, pero me doy cuenta que esas no son mis trincheras.

Mi lucha empieza por casa y por haber tenido la sabiduría (y la suerte, por qué no), de encontrar una pareja que cree en la igualdad y no se amedrenta entre pañales y aspiradoras, o peinados con moñas rosas. La cocina es mía, los platos sucios suyos. Y todo así.

Sigue por compartir estas temáticas con mis hijas, aunque sin adoctrinar y sabiendo que el ejemplo es el mejor maestro; y por interesarse en cómo se manejará la fecha en la escuela.

Se expresa a través de estas páginas, que han resuelto su conflicto con deber ser políticamente correctas y han dado lugar a lecturas y manifestaciones feministas porque este no es tiempo para tímidos y porque la sororidad, concepto clave para Couture desde antes de popularizarse el término, debe ejercerse siempre que se pueda.

Se comparte con amigas y colegas, deconstruyéndonos con mayor o menor grado de intensidad pero sin intención de dar marcha atrás y conociendo lo valioso de hacerlo juntas.

¿A qué voy con la confesión del principio? Estuve dudando si escribir o no esta columna. Otro texto sobre feminismo el día del 8M… Y un episodio puntual me disparó la necesidad de hacerlo. Porque esta semana viví lo que se siente la antisororidad y estallé de rabia. Una rabia que es enojo y es cansancio extremo y frustración, porque nunca un conflicto que nos afecta actúa en un solo carril. Podría sumar más detalles que solo restan y en definitiva lo importante es que, cuando y donde menos lo pensé, el universo me dio la oportunidad de enfrentarlo y si bien mi instinto fue zafar, lo terminé encarando con la persona de frente. No sé si a ella le movió un pelo. Para mí representó un paso enorme. Y eso también me lo dio el feminismo.

Hay un cuento que ya forma parte del acervo oral de Couture. Se lo hizo a Moni Blanca Li, la increíble coreógrafa española que vino el año pasado por El Quijote del Plata. Blanca, que se mueve en las élites creativas del primer mundo, había organizado una fiesta en Versalles, un baile de máscaras desde la medianoche al amanecer, con una grilla artística variada. Cuando notó, con bastante enojo, que la gente no prestaba atención a uno de los espectáculos, consiguió un pescado -sí, un pescado- y lo tiró al público.

A veces, no queda otra que tirar el pescado para conseguir la reacción.

Les deseo a todas un 8M lleno de introspección, lucha, amor. Y, por qué no, algún que otro pescado.