Foto: Romina Introini.

Cuando empezó MoWeek, hace casi 10 años, cada nueva edición era un salto cualitativo en relación a la anterior. Estaba todo por hacerse y el equipo detrás siempre tuvo las ganas de seguir mejorando. Sin embargo, el modelo que había funcionado hasta ahora de showrooms y desfiles conviviendo durante tres días en el salón Los Robles del Latu -y en las últimas ediciones también con Los Abetos- pareció haberse agotado: a pesar de ser una linda instancia de acercamiento entre las grifas y el público -tanto los fashionistas como en general- para la mayoría de las marcas implicaba una inversión demasiado alta a la que no le veían retorno en el corto plazo.

Por eso, para la edición invierno 2018 el equipo de MoWeek, encabezado por Carina Martínez y Sofía Inciarte decidió apostar por un nuevo formato. Los showrooms pasan a ser los protagonistas de los tres días en el Latu y para la pasarela se crean dos instancias distintas (HIT y el desfile de campaña), que se suman al desfile de lanzamiento, que venía sucediendo desde hacía algunas ediciones. Este modelo, de locaciones itinerantes, se asemeja un poco más a lo que son las fashion weeks de otras partes del mundo.

Este año el desfile de lanzamiento fue el 4 de abril en la oficina de Correos, en la Ciudad Vieja, continuando con la tradición de acercar la moda a locaciones montevideanas poco convencionales (como el Planetario y el Museo Blanes). Fue un evento corto y ameno, en el que pudimos ver a tres marcas que están haciendo muy buenas colecciones, cada una con un estilo particular: Tach Clothing -que sigue muy de cerca las tendencias internacionales-, Agnes Lenoble -que apuesta a la identidad nacional y a los materiales autóctonos como el cuero y las piedras semi preciosas- y Pacta, una marca que se especializa en ropa “para ir a trabajar” pero con un toque fresco.

Pasada de Agnes Lenoble en el desfile de lanzamiento. Foto: Romilux.
Pasada de Tach en el desfile de lanzamiento. Foto: Romilux.

Al otro día, el 5 de abril, fue el turno de Zarvich, la marca protagonista de la campaña de MoWeek. La elección no podría haber sido mejor. Las piezas que componen la nueva colección de la marca -que fue la última ganadora de Lúmina- se lucen de forma increíble en pasarela, gracias  al trabajo artesanal (y titánico) de bordado que tienen muchas de las prendas, de las transparencias que ofrecen un juego tridimensional y las terminaciones exquisitas. El equipo de Vivian Sulimovich y Florencia Gómez de Salazar, junto a Tavo García, realmente se lució y sin la exposición del desfile probablemente no habrían logrado la exposición que se merecían.

Pasada final Zarvich. Foto: Romilux.

El 10 de abril asistimos a HIT, una apuesta ambiciosa presentada por Medeatex, y compuesta por 60 pasadas en una pasarela larguísima y a nivel del piso, que es todo lo que habían soñado los creadores de MoWeek en su primera edición. Los estilismos, creados por Rosario San Juan y su equipo (que este año incluyó a Chiara Defféminis), buscaban reflejar las tendencias actuales como el monocromo o la sastrería moderna con las marcas que en pocos días podríamos ver en los showrooms, algo así como un moodboard viviente para inspirarnos a la hora de comprar y una pequeña muestra de la oferta de las marcas locales.

Sin embargo, esta muestra también evidenció algunas carencias que atraviesa la industria de la moda local, porque no cualquier prenda sale airosa del escrutinio de la pasarela. Telas que no eran las óptimas y terminaciones de mala calidad fueron evidentes para el ojo entrenado. También, en cierto sentido, faltó identidad y las propuestas de las diferentes marcas eran tan similares que costaba identificarlas cuando no estaban presentadas en un total look. Piezas como la campera lila metalizada de Tach, los tapados de PACTA o cualquiera de las de Ana Livni y Zarvich se diferenciaban claramente del resto.

Pasada final HIT. Foto: Romilux.

Y finalmente llegamos a MoWeek en sí, a los tres días en el LATU, el 13, 14 y 15 de abril. Al tener el vacío de los desfiles, el desafío estaba en hacer propuestas de valor que la distinguieran del resto de las ferias comerciales para elevarla. Esa meta se cumplió y, teniendo en cuenta que era la primera vez, el experimento fue bastante exitoso. Entre las instancias más interesantes estuvieron: la charla de Maru Gándara, fundadora de Muy Mona, presentada por L’Oréal París, la presentación de Proyectarse como forma de impulsar los nuevos nombres de la moda local, la charla del brasileño Lucius Vilar sobre el estado de la moda, la de nuestra fotógrafa, Romina Introini, y su perspectiva del streetstyle, la curaduría de eco fashion por Macarena Algorta de Lowly y la entrega del premio Itaú a Positano y Agnes Lenoble, con sus proyectos orientados a la sustentabilidad.

Maru Gándara de Muy Mona. Foto: Romilux
Victoria Cuadrado en Proyectarse. Foto: Romilux.

No podemos dejar de hablar de la ausencia de MUTMA y Pastiche, dos de las mejores marcas uruguayas, que en esta edición decidieron no estar. Y es entendible, porque cualquiera de las dos suelen invertir mucho en sus showrooms, en su comunicación y constantemente buscan superarse sin quedarse en sus zonas de confort. Sin embargo, a esas apuestas grandes, les toca convivir con otras que tratan de gastar lo mínimo para que el retorno económico inmediato sea el más alto. Así se ven prendas de materiales baratos y espacios mal armados, sin tanto cariño y esfuerzo. Eso no debería suceder, sino que MoWeek debería ser un espacio de curaduría que albergue a las marcas del más alto nivel.

Queda claro que estamos en tiempos de cambios. Y no solo en Uruguay, sino a nivel mundial la industria de la moda está repensándose a sí misma y cuestionando viejos modelos y métodos de producción. MoWeek es solo una parte de esos aires de renovación y, como en todo, está en nosotros, los que hacemos a la escena de la moda local, llevarlo a ser todo lo que queremos que sea.