Cuando en 2013 entrevistamos a Camila Ferrés por primera vez, intentamos develar el misterio de esa diseñadora uruguayo-brasileña que ya llamaba la atención por sus líneas simples y elegantes, calidad de confección y deseo de incorporar identidad local a prendas con look and feel internacional. Camila había estudiado en el IED de Madrid, y con su trabajo fue seleccionada para participar en la Arnhem Mode Biennale y luego a representar a su instituto en My Own Show, el concurso organizado por Vogue Italia y por el que conoció a la inolvidable Franca Sozzani, fallecida (prematuramente) a fines de 2016.

En Madrid colaboró para marcas como Nihil Obstat, Delpozo, Sybille y luego, una vez de vuelta en Brasil, trabajó como diseñadora para Carlos Miele, antes de crear su propia marca homónima. Como muchas, empezó por vestidos de novias. Pero Camila, una belleza de sonrisa franca, tiene ese algo especial que mezcla lo mejor de tres mundos: el temple y el bajo perfil uruguayos, la exigencia del mercado brasileño y la elegancia impecable de la escuela europea.

Foto: Cortesía Camila Ferrés.

A días de haber presentado Tulip, su tercera colección inspirada en la geometría de los tulipanes, conversamos con ella sobre la evolución de su trabajo, el mercado del lujo y Brasil, entre otras cosas:

Pasó un tiempo largo desde tu última colección. ¿Que sucedió desde que la lanzaste hasta ahora? ¿Qué aprendiste?​

Sí, hace un año y medio que lancé mi colección Deco. Mucho ha cambiado en este tiempo, lo más importante fue la consolidación de la marca y de un sistema de producción que hoy me permite tener un volumen un poco más grande. Antes era solo mi taller donde hacía las piezas a medida para cada clienta, pero luego de la colección pasé a vender en tiendas y a tener, además del concepto couture que sigue a mil, mi línea prêt-a-porter. Eso me hizo llegar a nuevos mercados y hacer que mucha gente pasara a conocer mi trabajo. ¡Ha sido un proceso muy lindo! Y he aprendido sobre todo que cuando algo tiene calidad y es hecho con autenticidad, no tiene una fecha o calendario que dicte si va a funcionar. Voy en el movimiento del slow fashion con alma. Antes me sentía caminando contra el viento, pero veo que cada vez más el mundo abraza ese tipo de diseño y manera de consumir.

¿Te considerás una diseñadora, una couturiere o ambas? 

Difícil definir, quizás tenga un poquito de las dos. Amo el proceso de la Alta Costura pero creo que también es muy lindo poder llegar a más gente con mi trabajo.

Colección Tulip. Foto: Cortesía Camila Ferrés.
Colección Tulip. Foto: Cortesía Camila Ferrés.
Colección Tulip. Foto: Cortesía Camila Ferrés.

Trabajás con demi-couture. ¿Cuánto de personalizado hay en este trabajo?

El demi-couture se basa en los modelos de colección y los lanzamientos que voy haciendo; como no tienen temporada, se agregan como si fuera una gran colección. O sea, los modelos más buscados quedan siempre en línea disponibles para pedido. Pasa mucho con los vestidos largos que se transforman en clásicos de la marca, y se renuevan con diferentes cartas de colores.

La personalización empieza en el patrón hecho a la medida de la clienta. Pero ofrezco también la posibilidad de cambiar telas, combinaciones de colores o incluso detalles de diseño si desean tener algo exclusivo. Eso suele funcionar muy bien para las novias, que en general desean imprimir algo de su personalidad en el look, así sea dejarlo más romántico o más edgy.

Colección Tulip. Foto: Cortesía Camila Ferrés.
Colección Tulip. Foto: Cortesía Camila Ferrés.

¿Cuántas piezas desarrollás por modelo?

Para el muestrario de la colección se hace una pieza por modelo en tamaño de prueba o dos si hay variaciones de color. También me gusta jugar con diferentes caídas en un mismo patrón. Por ejemplo, hacer un vestido en crepe de seda y luego el mismo en una tela de sastrería, que queda más estructurado y permite otras ocasiones de uso. Luego para las tiendas la producción es según el tamaño del pedido, que puede variar bastante.

¿Cuántas horas lleva hacer un vestido?

El tema del tiempo es muy relativo, aun más si pensamos que ‘hacer’ el vestido empieza en el diseño, pasa por el modelaje, los miles de ajustes al patrón y las pruebas de toile, y solamente cuando todo eso cierra perfectamente se realiza el corte. Pero si contamos a partir de ese momento, el corte y confección de un vestido largo de colección tarda como 30 horas. Para una novia eso se multiplica, ya que implica un proceso de pruebas y ajustes muy personalizado.

Colección Tulip. Foto: Cortesía Camila Ferrés.
Colección Tulip. Foto: Cortesía Camila Ferrés.

¿Cómo describirías a tu clienta tipo?

En el caso de mi marca creo que no existe un concepto cerrado de clienta, y eso me hace muy feliz. Veo que mujeres de todas las edades y estilos distintos se identifican con mi trabajo. En general me buscan personas que les encanta el arte y la moda sin excesos. Claro, cada una tiene una prenda favorita dentro de la marca que es diferente de la otra, pero ya he atendido mujeres estupendas de 65 años y chicas llenas de estilo de 20. Creo que lo principal es que se enamoren de mi diseño y se sientan a gusto llevándolo.

¿Estar en Brasil es una ventaja?

Según con que lo comparemos, pero yo creo de verdad que uno puede llevar un proyecto al éxito desde cualquier lugar, aunque pueda tardar más o ser más complicado. Yo considero que estoy recién empezando y sin duda Brasil es un país de muchas posibilidades. Tiene una gran riqueza cultural y la moda hace parte de ese escenario. Aquí la gente no le tiene miedo a los colores y a vestirse diferente, además el dress code para los eventos suele ser muy festivo, y eso me encanta porque la base de mi colección son los vestidos de fiesta.

¿Cómo ves el mercado del lujo hoy en el mundo? ¿Qué funciona y qué importa?

Veo con buenos ojos el regreso de la Alta Costura verdadera, la que es para una clienta real. El hecho de que Alaïa haya vuelto a presentarse luego de 6 años, y que Rodarte, que es una marca con un valor artístico impresionante, haya pasado a desfilar su Couture, me da la esperanza de que se esté volviendo a valorar ese arte, ese proceso más cuidado que trasciende la tendencia o lo que hay que comprar ya. Para mí las cosas ‘it’ son el pasado y las marcas que se basan en eso generan un nivel de ansiedad en el universo de la moda que es perjudicial para la calidad del diseño. Para la belleza no hay tiempo, eso es lo que yo pienso. El lujo de hoy tiene que ser lujo mañana y dentro de 30 años. Si no, no era lujo desde un principio.

Colección Tulip. Foto: Cortesía Camila Ferrés.
Colección Tulip. Foto: Cortesía Camila Ferrés.

¿Has rechazado algún trabajo? ¿Por qué?

Si, a veces me pasa de rechazar algún trabajo. Lo hago cuando veo que alguna parte va a salir perjudicada, si siento que no hay una afinidad estética. Por ejemplo, si una clienta sabe muy bien lo que quiere y me trae una foto de un vestido para copiar, yo no trato de cambiar su sueño porque no sería justo con ella, pero le explico que mi trabajo es de diseño y no solamente de realización.

Como diseñadora busco estar en constante evolución, aceptando nuevos desafíos y fortaleciendo mi marca y estilo personal, y para eso creo ser muy importante respetar la identidad de otros creadores, así sean independientes o grandes marcas.

¿Cuál es el desafío más grande para tu negocio?

El desafío sin duda está en crecer manteniendo el nivel de calidad del producto. Hay un gran interés en mi colección, pero la forma hasta ahora ha sido un crecimiento lento y cuidado. Yo acompaño todo muy de cerca para asegurarme de que cada una de las piezas que entrego está bien terminada y será un producto durable. Quiero sentirme orgullosa de mi producto, y que igualmente la persona que lo compre sienta todo el trabajo que lleva. Que perciba que está comprando algo exclusivo y especial. Y lo más difícil es encontrar personas que tengan la habilidad de reproducir esa calidad. Tiene que ser alguien que además de técnica tenga mucho amor por la costura.

Pueden conocer más sobre Camila y ver las colecciones completas aquí.