La moda es un recurso para soñar, y no es poco. Sin embargo, a veces sentimos que si nos pusiéramos lo que usan las modelos en un desfile, nos estaríamos disfrazando. Adaptar las tendencias de la pasarela se parece a cuando vas a la peluquería a peinarte para ir a un casamiento y salís todo emperifollada con deseos de despeinarte, ante el desconocimiento, sacarte el spray y los ganchitos, desarmarte los bucles de rizadora y asistir con el pelo de recién levantada con el que te sentís vos misma. Otro de las grandes problemas de adaptar las tendencias es que las firmas y los negocios hacen un cocoliche de 4 o 5 ideas y la proponen en una sola prenda: la camisa en tela vichy, con mangas voluminosas, flores bordadas y ruedo asimétrico. ¿No les da la sensación de que necesitan un respirador de lo avasallante que es?

Es difícil, pero no debemos darnos por vencidas. Queremos usar las tendencias, porque allí se esconden un montón de buenas ideas que pueden funcionar con nuestro ya consolidado armario y con nuestro estilo de vida. Pero para lograrlo tenemos que tomar el control. Se trata de gestos más que de total look, bien lejos del disfraz, más cerca de ser una chica con sentido de la moda.

Aquí las claves sobre cómo bajar las tendencias 2018 a nuestros guardarropas:

El color

Amarillo, rosa, naranja, lila, rojo, turquesa, plateado. Esa es la paleta del verano. Siempre me acuerdo de programa británico de makeovers conducido por Trinny y Susannah (lo daban hace muchos años por Discovery Home&Health) que, para sacar a las mujeres de la zona de confort a la hora de vestir les prohibían combinar negro + color. Vamos a tomar ese noble consejo y hacerlo carne: nada de pantalón negro con blusa de color. Rotundo sí al color con color, hay que animarse. El rosa va perfecto con naranja o con rojo. El lila con amarillo y crema. El rojo con turquesa o plateado. Todos los colores de la temporada son intercambiables entre sí, y también combinan perfectamente con los colores neutros, es cuestión de animarse. Y si no se sienten preparadas para tanto color en la ropa, para eso están los accesorios. Para un poco de inspiración visual, nada mejor que recorrer la colección primavera 2018 de Delpozo.

Algunas ideas:

Un vestido rosa. Reemplazamos los clásicos zapatos negros por unos rojos o anaranjados.

Pantalón rojo y remera turquesa.

Jean con camisa lila. Calzado plateado.

Remera amarilla, pantalón blanco, bolso o calzado rojo.

Cambiar la clásica campera de denim azul por una lila o naranja. Combina con todo.

Campera de denim lila. Foto: Complot
Fucisa y naranja en un maxi vestido. Foto: Jazmín Chebar
Rojo y turquesa. Foto: Bimba y Lola.

Las formas

La estructura de la ropa toma caminos osados, así que tenemos que abrir los brazos y recibirla de buena gana. Volados, mangas voluptuosas, moños, apliques, asimetrías y recortes. El concepto de ropa de oficina también es un formato vedette, si no miren la última propuesta de Balenciaga.

Balenciaga primavera 2018. Foto: Vogue.

Algunas ideas:

Un vestido con ruedo irregular que se pueda llevar solo o con un pantalón ajustado debajo.

Una camisa con las mangas infladas, en color pleno o a rayas, que podamos combinar con nuestro jean skinny.

Una remera con espíritu deportivo, que tenga recortes en la cintura o los hombros, que podamos llevar con una falda lápiz.

Una falda o vestido con el ruedo ajustable, que genere una silueta balloon y nos convierta en muñequitas.

Un blazer con hombreras. Animensé.

Un pantalón de cintura alta y bien amplio, para usar con zapatillas.

Pantalón de oficina rojo y zapatillas. Foto: UMA
Foto: Who What Wear.
Blazer con hombreras en Tibi Primavera 2018. Foto: Vogue.

Los materiales

Vinilo, rafia y neoprene. Esos son los materiales del verano. Suena complejo encontrar una forma de adaptarlo sin pensar inmediatamente en un traje para surfear, pero se puede. Lo importante es tomar el concepto, una pequeña idea, una referencia. El espíritu de los materiales que propusieron los diseñadores es que todo lo que pensamos que solo podríamos llevar en nuestras vacaciones a la playa o en un día de pileta, se traslada a la ciudad. ¿Cómo lo hacemos en este caso?

Sumar un piloto de vinilo en algún color cítrico. Usarlo inclusive en los días de sol radiante.

Un bolso de rafia o ratán: no podemos no tenerlo. No se usa para la playa o el picnic, sino como bolso para ir a la oficina.

Tenemos que adquirir un body de neoprene, puede ser negro o de algún color impactante como verde flúo. Encima, un jean tiro medio y unas buenas gafas.

Body de neoprene. Foto: Complot
Foto: Collage Vintage.

El bolso y el calzado

Los accesorios están atravesando una etapa de resignificación. A la clásica cartera de cuero, símbolo de elegancia y estatus, actualmente se le contraponen materiales y formatos más simpáticos. Los bolsos de paja y ratán ya son un básico; los bolsos de tela -incluso con la forma de bolsa de supermercado- los proponen cada vez más marcas; los de plástico, tipo canastita de juguete, también se imponen. Incluso vuelven las carteras transparentes de vinilo, que tuvieron su auge a principios de los 2000.

Los materiales alternativos van ganando espacio y reformulan la idea original del glamour de la cartera de mano.

Con el calzado pasa algo parecido: a las zapatillas, que nadie puede destronarlas del primer lugar en el podio, se suman las slides. Tomando el formato de las viejas Adilettes, las firmas proponen este formato de “chancleta” pero con toques de moda. Satinadas en los tonos de las piedras preciosas, con perlas o canutillos bordados, con flecos, piedras brillantes y tachas. ¿Cómo incorporarlas? Las slides de satén azul o cobre, con un pantalón de tiro alto príncipe de Gales (sumando las ideas de Burberry), o unas negras de cuero con tachas pequeñas para las que no quieren ser tildadas de fashion victims, para combinar con jean o vestidos de verano.

¿Quién se anima?

Foto: Zara.
Foto: Dolce and Gabbana.