¿Qué pasa cuando vas a comer a un lugar hermoso, te reciben con una sonrisa, la comida es riquísima y está perfectamente presentada? ¿Y encima podés hojear y adquirir una colección interesantísima y variada de libros para todas las edades? Sí, llegaste a Escaramuza y vas a querer volver.

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Las paredes de Escaramuza. Foto de @irenichus

Siempre hablamos de que la oferta gastronómica en Montevideo era escasa, pero tal vez sea hora de replantearnos esa idea. No solo la variedad está empezando a florecer; además los espacios se renuevan y se unen a otras temáticas, como la lectura. ¿Algo más lindo que leer y comer? Sí, claro: comprar libros y hojearlos mientras tomamos café. En Escaramuza podes hacerlo. Al entrar, te recibe el increíble vitraux de una antigua casa por Pablo de María, cuyas altísimas paredes tapizadas de libros se imponen. Al fondo, el cálido restaurant te espera junto a unos enormes ventanales que permiten que los panes -que aguardan la llegada de los comensales- se iluminen. Detrás del ventanal, un fondo, al que le da el sol casi todo el día, un pasillo formado por una enredadera, bancos y pequeñas mesas que no pueden esperar a que llegue la primavera.

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Hermoso vitraux. Foto de @irenichus

Los platos de losa, las aguas saborizadas, la carta sencilla pero sofisticada y, lo que no es poco, los precios accesibles, vuelven a Escaramuza un espacio que llegó para instalarse en el top of mind de todos los que disfrutamos de la experiencia gastronómica más allá de saciar una necesidad fisiológica. El dato de que los responsables de este espacio sean Alejandro Morales y Florencia Courrèges, cocineros de La Huella, no es menor para quienes pudimos conocer la propuesta sencilla y sofisticada a la vez del parador de José Ignacio.

Otra cosa para destacar es que la producción es propia; es decir, el pan (¡el pan! inolvidable, por favor), los postres, todo es hecho en la amplia cocina de Escaramuza. Y los productos son orgánicos y de estación. Esa tendencia es cada vez más adoptada por los locales de comida y nos encanta, ya que no solo garantiza frescura, además refleja amor y respeto por el consumidor, el producto y el medio ambiente.

El almuerzo: la ensalada de lentejas parecía súper tentadora, pero cuando vi que la pascualina venía con huevo poché, no lo dudé. Además quise probar las verduras asadas, ¿quién no? El huevo poché me llamó la atención porque no lo ofrecen en cualquier lado, es complicado de hacer, y es muy rico, claro. Les soy sincera, me emociona mucho más ver la yema de un huevo poché perfecto (como el de Escaramuza) que un volcán de chocolate. 😛

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OMG. Foto de @irenichus

La pascualina estaba soñada, mucha, espinaca, sazonada a la perfección, con una masa crocante. Las verduras asadas estaban increíbles. No probé ningún postre ni café porque, por si no lo mencioné, mi gastritis no me lo permite (vaya flagelo para los que nos gusta comer).

A medida que la hora del almuerzo iba pasando, la mesada junto a la ventana que antes ostentaba el pan, ahora estaba llena de postres y tortas digna de la hora del té. Qué lástima que no me daba el tiempo, porque todo lucía muy tentador.

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Para la merienda. Foto de @irenichus

Escaramuza esta abierto de lunes a sábado de 9 a 21 horas en Pablo De María 1185, Parque Rodó. Su web aún esta en construcción,  por lo que lo mejor es entrar a su fanpage o en su activa cuenta de Twitter para enterarse de todas sus novedades, actividades, talleres literarios y demás propuestas que hacen de Montevideo un mejor lugar para vivir.