Que digan lo que quieran los amantes de las series, pero a buen libro no hay con qué darle. Nos desconecta de una pantalla (salvo que lean en Kindle o afines), nos sumerge en un mundo, estimula nuestra imaginación, nos acompaña adonde vayamos… Mucho se ha hablado de la “muerte de los libros” pero no solo las librerías renacen y se convierten en espacios de culto, sino que hay estudios que dicen que los millennials 🙄 se están encargando de que leer sea algo cool nuevamente.

Desde estas trincheras, donde amamos leer, le pedimos a algunos amigos de la casa que nos recomendaran aquel libro que haya ayudado a cultivar su espíritu y/o su intelecto, que los haya marcado y que haya despertado su curiosidad para seguir leyendo.

Tomen nota, vayan a un parque a darle la bienvenida a la primavera y tírense a leer como si no pasara nada más en el mundo. O pueden usar la literatura como forma de socialización e ir al Filba este fin de semana.

Agustina González Carman, periodista

Los siete años de abundancia de Etgar Keret (2013)

Etgar Keret – Los siete años de abundancia.

Edgar Keret es un escritor israelí, nacido en Tel Aviv en 1967. En Los siete años de abundancia narra los años que transcurren desde el nacimiento de su hijo hasta la muerte de su padre. En el medio, los avatares de la crianza de su hijo y de su matrimonio, la relación con su hermana, judía ortodoxa y madre de once hijos, la vida cotidiana en un país marcado por el eterno conflicto político militar con Palestina, y la constante incomodidad de vivir en una sociedad con cierta dosis de paranoia.

Si bien Keret se toma con relativa seriedad las problemáticas de su país, con el nacimiento de su primogénito se enfrenta a la disyuntiva de tener que explicarle la complejidad del mundo en el que está creciendo. El autor descontractura las tradiciones y los temas tabú de la sociedad israelí de una manera amigable y con mucho sentido del humor. Es un libro corto que se lee en dos sentadas, que me atrapó por su abordaje descontracturado, cómico y poco solemne, con el aval de un testimonio en primera persona. A modo de manual para padres que enfrentan el desafío de contarle a un hijo la complejidad del mundo, el libro de Keret es la contracara de lo que los medios de comunicación relatan sobre la vida cotidiana en Israel.

Alejandra Pintos, periodista de Couture

La campana de cristal de Sylvia Plath

La campana de cristal de Sylvia Plath.

Toda mi vida leí como ejercicio de imaginación, para conocer otros universos o desconectarme de mi propia realidad. Hasta que leí La campana de cristal. Ese fue el primer libro que en lugar de llevarme a otro lado me hizo mirar para adentro y comenzar a descifrarme. La protagonista es Esther -aunque en realidad, es Plath-, una joven brillante que gana un concurso literario y viaja a Nueva York para “cumplir su sueño”. Allí, entre fiestas fantásticas , después de pasar varios días en un hotel con chicas de su edad, se da cuenta de que siente un vacío tremendo. Aunque parezca que lo tiene todo, está atrapada por una campana de cristal.

Me vi a mí misma sentada en la bifurcación de ese árbol de higos, muriéndome de hambre sólo porque no podía decidir cuál de los higos escoger. Quería todos y cada uno de ellos, pero elegir uno significaba perder el resto, y, mientras yo estaba allí sentada, incapaz de decidirme, los higos empezaron a arrugarse y a tornarse negros y, uno por uno, cayeron al suelo, a mis pies“.

Belén Fourment, periodista

Cien años de soledad de Gabriel García Márquez

Cien años de soledad de Gabriel García Márquez.

Di vueltas y vueltas para decidirme pero sigo creyendo que no hay nada que se le compare a la novela de García Márquez, porque cuando lo leí por primera vez entendí qué es la literatura en su sentido más pleno: un universo gigante, fascinante, que amplía y enriquece como ningún otro. Y dos por tres vuelvo a él, para despertar la creatividad y para despertarme.

Ignacio Alcuri, escritor y periodista

Cuentos de la Selva de Horacio Quiroga

Cuentos de la Selva de Horacio Quiroga.

Lo que más veces habré leído durante mi infancia fue una copia desvencijada de “Cuentos de la Selva” de Horacio Quiroga, que originalmente no estaba tan desvencijada. Cada pequeña historia protagonizada por simpáticos bichitos te paseaba por un rango amplio de emociones, muchas no recomendadas para un lector de mi edad (los 80 eran más liberales). Allí me enamoré del cuento corto, al que terminaría pidiéndole matrimonio años más tarde, después de leer a Maslíah.

Joaquín Otero, editor en Penguin Random House

Absalom, Absalom! de William Faulkner

Absalom, absalom! de William Faulkner.

Aprendí a leer de verdad gracias a Faulkner, repasar un párrafo una y otra vez y leer las mismas páginas 12 veces. Pude enamorarme de una tierra y cultura que no conocía gracias a su prosa; empaparme en el Mississippi sin ni siquiera haber mojado mis pies ese río (15 años después lo pude hacer, gracias a él). Un viaje por la particularidad de un momento y una época (el Sur de Estados Unidos en el  siglo XIX) con la universalización de las decisiones y la tragedia de los hombres.

Luisina Ríos, prensa en Penguin Random House

Chilean Electric de Nona Fernández

Chilean Electric de Nona Fernández.

Hay que estar dispuesto a dinamitar cualquier impulso de revisionismo antes de leer a Nona Fernández. Hay que dejarse llevar por la mentira y entrar así al mundo de las versiones inventadas. Ahí vale todo. Y la pluma de Nona (también dramaturga) le da un toque de ilusionismo que genera, siempre, ganas de más.

Chilean Electric es la historia de la iluminación eléctrica en Santiago de Chile a través del recuerdo falso de una abuela sin ombligo. Blanca Gross cuenta sus vivencias durante la ceremonia inaugural de la luz en la Plaza de Armas en 1883. Cuenta cómo vio la ciudad aclararse de a poco y cómo fueron desapareciendo las sombras. Nona, la nieta, que vive su adolescencia en los 80, registra todo en una máquina de escribir heredada y con algunas letras defectuosas que dejan rastros en el texto. Pero hay una incógnita: su abuela, en realidad, nació en 1908, 25 años después de que Santiago se iluminara. Algo no cierra en el relato y la narradora lo sabe.

Mariana Añón, arquitecta y comunicadora de moda

Papaíto Piernas Largas de Jean Webster

Papaíto piernas largas de Jean Webster.

La historia de la huérfana Jerusha, enviada a la Universidad (a principios del siglo XX, cuando no era común que las mujeres tuviesen estudios de grado) a través de las cartas mensuales que la misma envía al benefactor que costea sus estudios me cautivó: la vida en el campus, bailes de gala, vacaciones campestres y la vida misma que transcurre mientras Judy va formando su carácter y cumpliendo su deseo de convertirse en escritora.

Me enseñó -hace ya 20 años- que con esfuerzo, humildad y buen humor todo es mucho más fácil.

Martina Pérez, periodista y editora

La Elegancia del Erizo de Muriel Barbery

La elegancia del erizo de Muriel Barbery.

Para mí es una invitación a detenernos y reparar en lo que nos rodea. A encontrarnos y a conectar de verdad. A zambullirnos en la aventura fascinante que cada persona significa. Una invitación a volver a mirar con ojos de niño, a asombrarnos y a admirar la belleza en el más amplio de los sentidos: en las cosas chiquitas, en los gestos, en las acciones… Un libro que es un canto a la vida.

Mauricio Pizard, arquitecto, cocinero y fotógrafo

El Erotismo de Georges Bataille; Nadja de Andre Breton; Las Venus de las Pieles de Leopold von Sacher-Masoch y El caso de Charles Dexter Ward de H.P. Lovecraft

“La transgresión no es la negación de lo prohibido, sino que lo supera y lo completa”, dice Georges Bataille en El Erotismo (1957) y tiene razón. Leer un buen libro tiene que ser una transgresión, cruzar un límite y provocar al intelecto, a las ideas establecidas, romper la estantería. Ese libro conmueve, desde la belleza primitiva. Habla sobre la experiencia interior, las prohibiciones y los tabúes (link mental a otro libro: Tótem y Tabú del Dr. Freud), la muerte, los sacrificios y el cristianismo; los objetos de deseo y la belleza extática (El Éxtasis de Santa Teresa de Bernini ilustra una de sus páginas).

Una segunda parte contiene diversos estudios sobre el erotismo dedicado a otros autores, en su mayoría referidos al Marqués de Sade (link mental a El Marqués de Sade de Simone de Beauvoir). Atractivo y reflexivo, para terminar de enamorarse de Bataille, el escritor y pensador francés, fundador de la sociedad secreta Acéphale y surrealista extremo (y oscuro) enemistado con Bretón -otro de la lista. Sobre André Bretón y su texto automático, uno se rinde ante Nadja (1928) (aunque no es tan automático ni confuso, como Pez Soluble, por ejemplo). “Insisto en reclamar los nombres, en interesarme únicamente por los libros que se dejan abiertos como puertas batientes y que no necesitan claves para ser entendidos”, qué cita oportuna, ¿no? André rememora con romántica nostalgia una amistad pasajera con una mujer algo rara. Hermosamente ambientada, con imágenes, frases y momentos que, no sólo los fanáticos de la literatura surrealista considerarán fascinantes, sino que es concreta, fluida, y bella. Spoiler alert. “La belleza será convulsiva o no será”, es la frase corolario del libro y ahí uno linkea a Bretón con -nuevamente- el Marques de Sade y el -montevideano- Conde de Lautréamont. Se vuelve al surrealismo oscuro y algo salvaje. David Lynch los debe haber leído. Bueno, y si de personajes fascinantes femeninos se trata -y luego de haber nombrado a Sade dos veces- no puedo pasar por alto a Leopold von Sacher-Masoch (el que le da el nombre al masoquismo, no a la torta Sacher): Las Venus de las Pieles (1870). El austríaco adelantado al decadentismo, retrata a una distinguida mujer que disfruta de maltratar y dominar al protagonista. “En ese momento hizo un lazo con una cuerda gruesa, me la pasó por la cabeza hasta hacerla llegar a las caderas. Luego la apretó y la ciñó a una de las columnas del lecho. Sentí entonces que mi cuerpo se estremecía de horror”. 150 años antes de que el bondage llegara a Instagram (¿vieron que esta de moda subir fotos atado?).

Los tres libros cuentan sobre el interior marginal, el lateral a la razón, el de la psique difusa y misteriosa. Y otro, al final, que también tiene que ver, El caso de Charles Dexter Ward, de H.P. Lovecraft (1927). Otro autor fascinante y que te interpela como lector, te hace sentir insignificante frente al uso del lenguaje, con construcciones sintácticas tan perfectas y complejas (como las de Edgar Allan Poe, otro a quien rendir culto). Habla sobre un caso clínico policiaco, con los típicos tonos de su horror cósmico, espeluznante y angustiante (¿quién no suda frío cuando lee alguna persecución escrita por H.P.L.?). También habla sobre el conocimiento prohibido, la transgresión, el abrir una puerta. Todo cierra, ¿o me parece a mí?

Mónica Bottero, periodista

Entrevista con la Historia de Oriana Fallaci

Entrevista con la Historia de Oriana Fallaci.

Como a todos quienes leemos como parte del vivir, hay muchos títulos y autores que nos formaron y nos acompañan para siempre. Suelo elegir diferentes, según el momento propio. Esta vez sería “Entrevista con la Historia”, de Oriana Fallaci.

Si bien ya lo sabía, en plena adolescencia después de leerlo, me convencí de que nada quería más en el mundo que ser periodista, y ser una como ella. Luego, con los años, uno va matizando la admiración porque en esa serie de entrevistas hay mucha parcialidad y por momentos la pasión empaña a la periodista. Sin embargo, el compromiso con el género de la entrevista, la genial Psicología para describir a las personas y los climas, además de un uso impecable del lenguaje, hacen de este clásico una biblia para los periodistas en particular y los interesados en la Historia del mundo de los últimos 50 años.

Nadina Fornara, comunicadora de moda

La vida ante sí de Émile Ajar

La vida ante sí de Emile Ajar.

El nombre de esta escritor es en verdad uno de los pseudónimos que usó Romain Gary, un diplomático que también fue piloto en la Segunda Guerra Mundial, condecorado Héroe de Guerra por De Gaulle. Amigo de Malraux y de Camus, marido de la actriz Jean Seberg que hizo de Juana de Arco en la versión de Otto Preminger; una historia de vida tan apasionante como el por qué usaba pseudónimos: con guglear se devela el misterio.
Momo, el protagonista de diez años, cuenta su historia que transcurre en París. Con palabras tiernas, de niño, pone magia a toda la dureza de su vida sin hacharte el corazón porque él siempre tuvo alguien a quién querer. Ojalá se lo crucen alguna vez.

Natalia Jinchuk, editora de Couture

Éramos unos niños de Patti Smith

Éramos unos niños de Patti Smith.

Aunque ya no es más mi margarita, durante mi infancia y adolescencia Nueva York fue en mi imaginario ese cóctel de excitación, cultura, desparpajo y glamour con el que me encontraba soñando frecuentemente. Por eso, cuando cayó en mis manos la premiada novela autobiográfica Éramos unos niños (Éramos unos niños en español) de Patti Smith, su prosa directa, su anecdotario sin fin de la época del Hotel Chelsea en Manhattan y su maravillosa amistad con Robert Mapplethorpe me conmovieron profundamente. Nunca olvidaré que estaba en plenas vacaciones de verano cuando cerré el libro y las lágrimas brotaron desde muy adentro, en honor a esa adolescente que soñó con lo mismo y que sin embargo eligió otro camino.

Pía Supervielle, periodista

El cuento de la criada de Margaret Atwood

El cuento de la criada de Margaret Atwood.

No me canso de repetirlo: el libro de 2017 fue escrito en 1985. Leí muy buenas novelas en lo que va del año, pero El cuento de la criada de la escritora canadiense Margaret Atwood me tiene, varios días después de haberlo terminado, aún en estado de éxtasis.

La historia es así: este año la plataforma de streaming Hulu produjo la serie homónima basada en el libro de Atwood y el resultado final fue un trabajo audiovisual increíble que se llevó los premios más relevantes en la última edición de los Emmy. La editorial española Salamandra decidió, entre tanto revuelo, publicar la traducción en castellano con el plus de un prólogo de la propia autora.

Así cayó en mis manos. ¿Con qué me encontré? Con una narración escalofriante y profundamente actual. Atwood escribió, hace más de tres décadas, un relato sobre un régimen totalitario donde, entre otras tantas cosas, las mujeres no tienen ningún tipo de derecho y su única función es la procreación. Defred, su protagonista, vive en algo así como una prisión religiosa junto con varias mujeres más a las que se les llama criadas. Son esclavas que deben tener relaciones sexuales con el Comandante con el único fin de darle un hijo a él y a su esposa.

Para los que prefieren las series antes que los libros, El cuento de la criada aún no tiene vendidos sus derechos para América Latina, así que vale la pena tomarse el tiempo para zambullirse en las 416 páginas de un libro que se deglute con rapidez.

 

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