La moda y el espectáculo están de revés en revés y entre pases, queda al descubierto una trama de abusos y complicidades. Esos mundos tan aparentemente fascinantes e ideales profundizan sus grietas y hay peligro de derrumbe. Las primeras noticias nos llegaron a principios de octubre vía el New York Times: Harvey Weinstein, ejecutivo de altísimo rango en Hollywood, era acusado de abusador serial. Inmediatamente fue despedido de su propia compañía y a su vez abandonado por su mujer, Georgina Chapman, dueña de la firma Marchesa. Ese microclima glamoroso y exclusivo mostró sus peores miserias. Aunque los mortales de afuera podíamos suponer que algo de esto sucedía, el momento en que empezó la catarata de denuncias nos tomó por sorpresa porque, más allá de la noticia materializada, fue chocante ver que muchos del medio sí conocían o intuían la realidad y no hicieron nada, despegándose raudamente.

Este tsunami mediático alcanzó a reavivar otras acusaciones que se habían acallado en su momento, sobre todo hacia el fotógrafo “cool” de la moda, y muchas veces llamado el “chico malo”, Terry Richardson. No es la primera vez que una modelo lo acusa de abuso o de actitudes inapropiadas pero, con ayuda de toda una industria que hizo la vista gorda, siguió adelante trabajando sin penalizaciones. Ahora, finalmente, Condé Nast ha sacado una declaración de que no volverá a contratarlo para sus publicaciones, y a ellos le han seguido la editorial Hearst y el Wall Street Journal.

La actriz Rose McGowan fue una de las celebridades que habló del problema del abuso sexual en Hollywood.

Me pregunto entonces: ¿cómo puede ser que tantas personas influyentes le hayan dado la espalda a estas chicas y mujeres hasta ahora? No se trata de buscar culpas en los que no supieron cómo reaccionar: estamos gradualmente entendiendo el mundo de otra forma. Quizá el feminismo de hoy es un apoyo importantísimo para que se materialicen las denuncias de las que se animan a hablar, porque sienten que hay camaradería, que no se van a quedar solas ni van a ser tratadas como locas. Que esto mismo les sucedió a otras personas. En ese sentido los hashtags #MeToo (yo también) y #MyJobShouldNotIncludeAbuse (mi trabajo no debería incluir abuso) están ofreciendo un medio para que las mujeres cuenten sus experiencias.

En la búsqueda de material para escribir sobre el tema, a raíz de la noticia de que en New York van a impulsar medidas para proteger a las modelos, me encontré con videos como éste, en el que madres de adolescentes dicen cosas como “su sueño es New York, así que haremos lo necesario para que lo logre”. Sin juzgar, porque es obvio que no lo decían (quiero creer) en sentido literal, cuesta digerir ese tipo de declaraciones en un mundo en el que esta(ba) normalizado que los hombres tengan tanto poder sobre mujeres que tratan, como cualquier otra, de ganarse la vida.

Antes la abrumadora mayoría miraba para otro lado y volvían a contratar a personas acusadas de abuso. Ahora sólo quieren que estos escándalos no los salpiquen y hacen declaraciones y se despegan lo más rápido que pueden –qué hermoso es el camino que transitamos hacia dejar de apañar abusadores–. Basta para comprobarlo con los antecedentes de Terry Richardson, al que mencioné más arriba, acusado múltiples veces por modelos que posaron para él, que enumeran en esta nota de agosto de 2014 del sitio Complex, todos los “incidentes” reportados en contra del fotógrafo. Incluso quizá nosotros mismos, con las viejas ideas sobre que una chica merece algún tipo de incomodidad si se viste de determinada manera o se expone a cierta situación, dimos vueltas las páginas de una revista moda o cerramos una pestaña del navegador pensando “y bueno, seguro lo provocó”.

Por suerte esto está cambiando y ya no creemos que haya justificación para que un hombre se aproveche de su posición de poder, ahora esas posiciones las ocupamos muchas de nosotras también. Aunque falte más espacio todavía, sabernos unidas nos hace fuertes y nos permite forjar un mundo más igualitario que se acerque un poco más a nuestra imagen y semejanza.

Son tiempos de revisar la conciencia social y no tolerar más a los que se pasan de listos (en estos días nos hemos acordado de varios a los que hemos “perdonado”, como Woody Allen). Es muy posible que no sea casualidad que este efecto dominó se esté dando hoy. La nueva ola de feminismo, afortunadamente, viene a romper con la hegemonía machista y gracias a la visibilidad que está logrando, hace que muchas mujeres se sientan respaldadas cuando en otros momentos callaron porque existía la amenaza de no trabajar más si abrían la boca, en un medio dominado por Terrys Richardsons. No es que ninguna antes haya dicho nada, y esto es lo grave, directamente se encontraron con que no tenían eco.

Son tiempos mejores. Dejar sola a una mujer que denuncia que fue abusada pasó de moda.