La primavera está, literalmente, a la vuelta de la esquina (en el sur, por acá el verano tiene los días contados). Y Couture eligió setiembre como el mes del cultivo, una invitación a dedicar tiempo a nosotros mismos. Quizás sea por esta razón que nos sentimos más motivados a probar cosas nuevas: comidas, estilos, cortes de pelo, hobbies y hasta deportes. Es el momento de reactivación ideal para darle una oportunidad a la bicicleta.

Foto: urkai.com

Todos somos ciclistas. ¿Cuánta personas conocemos que realmente no sepan subirse a una bicicleta, poner los pies en los pedales, hacer equilibrio e impulsarse hacia adelante? Si las contás, seguro con una mano te alcanza y te sobra. Y es que todos sabemos hacerlo, porque cuando más o menos ya tenemos bien controlado el arte de caminar, nos ponen arriba de una pequeña bici de colores llamativos con rueditas a los costados y nunca más nos olvidamos.

Foto: thetot.com

Entonces, si todos sabemos usarla, y todos tenemos años de experiencia sobre las dos ruedas, ¿por qué la terminamos dejando en un lugar oscuro, juntando polvo, como si la estuviéramos castigando?

Yo crecí en un barrio de la costa y para mi ir a estudiar en bicicleta era lo más normal del mundo, salir a pasear en bici los sábados por la tarde con mis amigas de la adolescencia era el mejor plan. Pero en algún momento la encerramos, como si hubiera cumplido una etapa. El mío fue cuando me mudé a Montevideo y hubo una regla tácita, acá no se anda en bicicleta (¡ufa!). Por una cuestión de practicidad -y hasta de miedos- el transporte público la desplazó.

Pero los tiempos cambian y las bicicletas siempre vuelven a la ciudad, porque es sustentable, autosuficiente, ecológica, porque da salud e independencia. Por miles de razones, la bicicleta es el futuro que llegó hace 200 años.

Berlín, 1926. Foto: bpk/Kunstbibliothek/Willy Römer

¿Por qué sí?

En el momento que elegís cambiar el auto o el ómnibus por la bici, un montón de cosas buenas te empiezan a pasar, desde adentro hacia afuera.

Ejercitás piernas y abdomen y sólo con andar media hora en forma moderada, quemas 300 calorías, por lo que si te lleva media hora ir al trabajo o estudio, sólo ese día ya quemaste 600. También mejora el metabolismo, eliminás toxinas y quemás grasas -incluso hasta 2 horas después de haber realizado el ejercicio- así que ¡punto para la bici!

Solange llegando a su casamiento con Alan Ferguson.

Un mejor estado físico, menos grasa en el cuerpo, un sistema inmunológico más fuerte y un mejor ritmo cardíaco reducen los riesgos de infartos y controlan los niveles de colesterol. Por lo que, es más probable que hayan menos visitas al doctor en el futuro. También mejora la postura (siempre y cuando sea el modelo adecuado para vos) y por lo tanto elimina dolores de espalda.

Si volvemos a la bicicleta un hábito llega el mejor de los efectos secundarios de la bici: bajar el nivel estrés. Brinda bienestar físico y mental, genera buen humor -gracias a que aumenta la secreción de endorfinas- ayuda a combatir la depresión y, al final del día, un buen descanso está (casi) asegurado.

Foto: British Vogue.

Por otro lado, andar en bicicleta da una sensación de mayor libertad. No se depende de los horarios del transporte público y se puede improvisar cuando te encontrás en un embotellamiento de hora pico tomando una calle que tal vez no conocías tanto y así ir descubriendo nuevos lugares, armando nuevos circuitos. Descubrir nuevos caminos agranda nuestro mapeo mental de la ciudad, y a la larga, mientras más seamos andando por caminos alternativos, ayudamos a ir descongestionando el tránsito.

Foto: Vogue

Amigarse con la bici es ecológico y económico. Y nunca está demás recordarlo. Es el medio de transporte con la mejor reputación ambiental, casi sin emisiones extras de CO2, más que nosotros mismos. Somos nuestro propio motor.

Si lo que buscás es reducir tu huella de carbono, la mejor opción quizás sea buscar una bici de industria local o regional, comprar una usada o reciclar una antigua. Cuanto menos haya viajado hacia vos, ¡mejor! Es eco también porque es significativamente más económica que cualquier otro medio de transporte. No pagás boletos, tarifas, combustible, patente y llevarla al taller es inmensamente más barato que llevar un auto y con grandes chances de que esté lista para el otro día, o si tenés suerte, ¡en el mismo día!

https://www.instagram.com/p/BWH4TTkB21u/?taken-by=dievicvic

Safety First

Es muy linda la sensación del sol y el viento en la cara, pero la bicicleta no tiene cinto de seguridad o airbags que te protejan. Elegir un casco es indispensable y hacerte lo más visible posible para el resto de los conductores es fundamental (andar por una calle oscura, de noche, vestido de negro quizás no sea la mejor idea). Los chalecos son importantes, pero mucho más es equipar la bici con luces, delanteras y traseras, también podés incluir rayos refractarios. En el sentido más literal, ¡iluminate!

Foto: cyclechic.co.uk
Foto: Bike Pretty.

Otros ítems a tener en cuenta son timbres (o bocinas), candado y canasto que te libere los brazos -y la espalda-, sobre todo en los días de calor. Y si tenés mucha (pero mucha) habilidad, ¡un repair kit para la bici! Nunca sabés cuándo podés pinchar o vas a tenér que ajustar alguna cosilla.

Foto: cyclechic.co.uk
Foto: Bike Pretty

 

Foto: cyclechic.co.uk
Foto: Amazon

Lo que no hay que hacer

Puede parecer muy obvio, pero hay cosas que no se deben hacer cuando manejamos una bicicleta (o cualquier otro vehículo). Nada de auriculares -necesitás toda tu percepción sonora- tampoco hablar por teléfono, sacar fotos, o cualquier actividad con el celular mientras estás en movimiento. Básicamente si algo requiere quites las manos del manubrio, mejor parar, hacerse a un costado y luego reanudar el trayecto. Sé que parezco tu madre diciéndolo, pero por algo los tiempos cambian y las madres siguen diciendo cosas así. Tampoco te subas a manejar una bici si estás en uno de esos días que sentís que el mundo está en tu contra, con demasiadas cosas en la cabeza y estrés. Lo mejor sería que en un día así no manejes NADA.

Foto: British Vogue.

Después de estas recomendaciones, no hay excusas para no agarrar la bicicleta aunque sea una vez, un día, para ir a trabajar, estudiar, pasear, hacer las compras, ir a visitar a alguien ¡lo que sea! Reencontrarse con la bici y volver a elegirla es un acto revolucionario. Empieza desde adentro y que va atravesando distintas capas, con todo el potencial para generar un cambio en nuestro estilo de vida y en la sociedad.

Cuando puse un pie en Berlín supe en el momento que la bicicleta iba a volver a ser mi medio de transporte. Y lo vengo cumpliendo en un 90% (a veces llueve o nieva, y no está bueno). Por esto, y retomando la premisa inicial puedo decir: ¡Hola! Soy Victoria y hace unos 28 años que soy ciclista! ¿Y vos? ¿Hace cuánto que lo sos?

Foto: Bike Pretty