En la conversación con Fernando García que forma parte del catálogo de su exposición, Delia Cancela (Buenos Aires, 1940) concluye sobre sí misma que es una equilibrada combinación entre Simone de Beauvoir y Doris Day. Algo de la última por ser hija de su época, la de la generación de mujeres que se casaban y tenían hijos por mandato, las que no levantaban demasiado la voz. Algo de la primera, lo que se infiltra en el ejercicio de las desobediencias capilares que ejerce en la escena artística y, también, en su vida privada desde su temprana juventud.

Nacida y criada en Buenos Aires, Delia Cancela estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes y formó parte de la vanguardia de los años 60 en el Instituto Di Tella. Ese es el espacio inaugural en donde introduce el lenguaje de la moda en el arte, hasta convertirlo en un elemento central de su obra.

El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires inaugurará el próximo 24 de noviembre la exposición sobre su obra: Reina de corazones, 1962-2018. Se podrán conocer sus primeros collages y pinturas, que evocan el universo femenino y el amor; la prolífica producción pop realizada en forma colectiva con Pablo Mesejeán (1940-1986), quien fuera su pareja y con quien conformó un dúo artístico por más de veinte años; algunos trabajos de diseño y dirección de arte que desarrollaron en las grandes capitales de la moda, como Nueva York, Londres y París, en las décadas de 1970 y 1980; y una selección de sus textiles, dibujos y grabados de producción más reciente.

Boleto para viajar, 1965. Delia Cancela y Pablo Mesejeán.

El reconocimiento del universo fashionista llegó pronto en la vida de Delia, cuando ganó el premio Braque en 1966 y partió hacia París junto a Mesejeán. Allí, sus trabajos artísticos se publicaron rápidamente en las revistas Vogue, Harper’s Bazaar y Queen.  Posteriormente, como artista individual Delia expuso en el Centro de Arte y Comunicación y en diversas galerías de París, Europa y Asia. También colaboró para casas como Hermès, Kenzo y Eres, consolidando su nombre como una referencia ineludible del arte pop nacional en el mundo.

Debajo de las puntillas, los corazones, los textiles y los collages hechos con revistas de moda se percibe el agridulce subtexto de una artista que hizo carne la contradicción de vivir su vida con libertad y creatividad sin poder evadir la coyuntura. Trabajar los elementos más clichés del universo femenino para ponerlos patas arriba y que se le noten las costuras, desarticularlos para poner en evidencia su forzamiento, hacer con ellos arte desde su condición femenina, de madre y esposa. Delia Cancela nos invita a conectar con la belleza de una manera incómoda, porque con las tijeras y pinceles enturbia algunos elementos que históricamente se propusieron transparentes y azucarados.

Acaba de recibir el Premio a la Trayectoria 2018 de la Secretaría de Cultura de la Nación y, en medio de la vorágine del montaje y el cierre curatorial de la exposición, nos ofreció unos minutos para conversar sobre moda, arte y feminismo.

Delia Cancela en su taller, 1966.

La relación del arte y la moda estuvo históricamente en tensión. En general no se le dio a la moda el estatuto de disciplina artística pero en los últimos hace años ese vínculo está siendo abordado por los museos. ¿Cómo pensás esa relación en tu trabajo?

Para mí ambas disciplinas tienen el mismo nivel. Pero es importante hacer una distinción: cuando hablo de moda hablo de creación y de diseño, no de la industria. Es cierto que hay pocos diseñadores de moda que pueden ser considerados artistas, pero algunos hay. Mis favoritos en ese sentido son los que trabajan con el lenguaje del arte como Hussein Chalayan, Rei Kawakubo, Elsa Schiaparelli o Cristóbal Balenciaga. Han sido creadores que incluso transformaron la forma de moverse de las mujeres en la historia.

Dior, por ejemplo, es un gran diseñador pero no un artista. El límite es difícil de establecer y por eso cuesta mucho sacar la idea de que el arte es una disciplina superior y que la moda es algo frívolo y superficial, aunque ahora esté presente en los museos.

En tu obra se presenta la idea de que la ropa tiene un lenguaje, más allá de su función instrumental. ¿Qué tiene que decir la ropa para Delia Cancela?

La ropa debe comunicar ideas, y eso lo podés lograr haciendo moda o haciendo arte. Cuando veo un Balenciaga o un Schiaparelli, me emociono. Lo que recibe el espectador es esa movilización emocional; ¿para qué vamos a catalogarla como alta o baja cultura? No tiene sentido.

Delia Cancela y Pablo Mesejeán, Londres, 1970.

Tu trabajo tuvo un sentido en los sesenta muy diferente al que tiene ahora. ¿Cómo te condiciona la época para trabajar?

La época condiciona absolutamente el trabajo del artista. En los sesenta mi lucha era cambiar la mente conservadora, tanto de las mujeres como de los hombres. Ahora no necesito hacer eso, es al revés. La gente está enloquecida con la transformación de los roles y con la presencia del feminismo en todas partes. Todavía sigue siendo difícil para las mujeres, existe mucha violencia, lo vemos en las noticias. Y en la moda se sigue batallando por eliminar esas desigualdades, porque hay un reparto muy desparejo.

Debo reconocer que eso no fue un problema para mí, aunque veo que funciona así de manera general. Yo trabajé y me casé con un hombre muy especial que no hacía esas diferencias, aunque tenía sus cosas machistas porque era armenio y también era un hombre de su época. En mi trabajo como artista y en la relación específica con la moda, lo que nunca quise hacer es entrar en esa dinámica de reproducir la mujer-objeto, que muchos diseñadores aún lo hacen y es lamentable.

Delia Cancela: Atributos masculinos, 2010.

Tu trabajo se lee como una vuelta de tuerca a la temática más edulcorada y cliché del universo femenino. ¿Cómo surge esa incomodidad en tu vida que luego ponés en cuestión con tu trabajo artístico?

Yo siempre negué que era feminista, hasta hace poco. Porque creo que no importa lo que uno diga o como se defina sino lo que hace con su trabajo. Tomar todos los elementos del universo femenino y trabajarlos con humor e ironía fue una crítica a un rol estereotipado de lo que debía ser una mujer cuando yo era joven. Mis primeros trabajos son collages que abordan la condición femenina, hombres y mujeres con ropa interior o modelos ganadoras del premio Miss Universo pero con armas de juguete.

Desde muy chica me incomodó la violencia en la idea de mujer-objeto. Yo era muy joven cuando empecé a verlo y a trabajarlo con el arte, tenía veinte años. Después viajé a Europa y lo vi con mis propios ojos, todo el movimiento feminista en acción. De todos modos, después me casé y fui madre.

Delia Cancela: Corazón destrozado, 1964.

Trabajaste en las capitales de la moda. ¿Ves que ahora Europa y Estados Unidos están más pendientes de lo que ocurre en América Latina?

Europa mira mucho lo que está pasando en América Latina pero tengo la sensación de que puede ser una moda. Veo que la industria nacional es muy pobre y ese interés no se va a poder sostener. Yo soy docente en una escuela de diseño de moda y he formado gente muy talentosa que no está en el circuito de moda que consumimos. La gente acá se viste de manera aburrida, no arriesgan y además no hay industria. Es un desperdicio de talento nacional increíble.

Las nuevas generaciones son muy despiertas, les gusta viajar y con internet están muy estimulados. La moda argentina no está a la altura de esas necesidades, sin dejar de mencionar los problemas económicos que tiene nuestro país que hace que todo sea más difícil. Ahora ya no miro las colecciones como las miraba antes, pero a veces me doy un empacho y no puedo creer la falta de creatividad.

Delia Cancela: Páginas Vogue, 1962.

¿Te gusta el trabajo de algún diseñador en particular?

Me gusta muchísimo lo que hacen Dries Van Noten y Jacquemus, porque me hace acordar a lo que hacíamos nosotros: esa relación de continuidad entre el trabajo y la vida, como cuando yo hice Love & Life. Esa estrategia para trabajar la creatividad en la moda me parece muy fresco y hay muy pocos diseñadores que trabajen así.

¿Cómo te llevás con las redes sociales y la vida digital?

Las redes sociales suman muchísimo a la moda. Lo siento como un recurso que democratiza, todos pueden ver lo que pasa en el mundo y no están tan pendientes de la copia como antes. Si lo pienso como herramienta para mostrar mi trabajo, la verdad es que me cansan. Hace varios meses que no subo nada a Instagram, creo que la última foto es mi exposición en París, y Facebook me parece aburrido y violento. Ahora voy a empezar a subir a Instagram imágenes de la nueva exposición porque ya falta muy poquito. Encima hace unas semanas gané el Premio a la Trayectoria de este año, ya no se que voy a hacer con mi ego, ja ja.    

La muestra de Delia Cancela: Reina de corazones, 1962-2018 se podrá visitar del 24 de noviembre de 2018 al 3 de marzo de 2019 en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Más información aquí.