Foto de tapa: Angie López para Srta. Peel

El comenzar a depilarse solía ser uno de esos hitos que marcaban el pasaje de niña a mujer. Tal vez aún lo sea. Me acuerdo de la primera vez que fui consciente de mis pelos (y de que se suponía que no debía tenerlos), estaba en la escuela y un compañero hizo un comentario desafortunado. Esa misma noche tomé la gillette de mi padre que estaba en la ducha y me la pasé por el brazo. Quedó lampiño y perfecto por unos minutos, después empezó la picazón y el ardor, para, a las semanas, volver a estar como antes. Unos meses después, previo a entrar a un nuevo liceo donde la pollera era parte del uniforme, mi tía segunda vino a depilarme las piernas con caramelo o glucosa -las versiones varían entre lo que recuerdo yo y lo que recuerda mi madre-. No me dolió mucho, pero fue tedioso, aburrido y pegajoso. En ese momento la depilación se volvió parte integral de mi experiencia siendo mujer.

Lo probé todo: cremas que disolvían los pelos, potes de cera que aplicaba yo misma, bandas depilatorias, afeitadoras. El deshacerse de los pelos no es tarea sencilla, placentera o barata. Incluso, puede llegar a ser peligrosa: quemaduras, pelos encarnados e incluso hongos causados por la cera reciclada que se acostumbra a usar en algunos lugares.

Sin embargo, atravesar la depilación parecía tarea obligatoria, sobre todo para mí que crecí en los noventas y dosmiles: la era de los ángeles de Victoria’s Secret y de las Kardashian -Kim dijo la célebre frase “las mujeres no tienen que tener pelo en ningún lado salvo en las cabezas”. Esa solía ser la norma. En las series y en las películas, en las fotos de revistas, en las campañas de las marcas e incluso en la pornografía: las mujeres se veían como Barbies, lisas sin pelos o imperfecciones.

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Pero en el último tiempo algo cambió. Llámenle cuarta ola feminista, cambio en estereotipos de belleza o lo que gusten. Lena Dunham, Jemima Kirke y Gaby Hoffman se mostraron desnudas y con vellos en Girls -primero, después lo fuimos viendo en otras series-, Emma Watson contó en una entrevista que usaba un producto llamado “fur oil” para su pubis sin depilar, íconos teen como Miley Cyrus y Amandla Stenberg recorrieron la alfombra roja con las axilas sin depilarse. Y eso, por más de que no sea parte de nuestra cultura local, permea a través de las redes sociales (en la cuenta Girl Gaze podemos ver varias fotos de “inspiración” en ese sentido) llegado a su punto cumbre con la tapa de Maite Lanata en Caras, que generó muchísimas conversaciones, incluyendo a esa generación que se mantiene un poco ajena a la burbuja de Instagram.

Y más allá de las redes o los medios, se ve en las calles, se escucha en las charlas con amigas. No es que todas las mujeres estén dejando de depilarse -aunque algunas sí, y conozco varias- pero sí está cambiando nuestra relación con los pelos. Ya no se ve como una imposición que religiosamente hay que cumplir o con vergüenza, sino que depende de cómo se siente cada una en relación al tema. Entre nuestra seguidoras un 85% se depila -lo que sorprendentemente coincide con las estadísticas de Estados Unidos-, pero un 20% se planteó dejar de hacerlo. ¿Qué problema hay si abajo del vestido se asoman unos pelos en la pierna? ¿O si se nota un sombreado en el bozo? Ninguno. Y también está todo bien si te gusta depilarte toda a cero una vez al mes. O solo lo “que se ve”. Eso es lo mejor que nos da el feminismo, libertad para decidir.

Pero estamos en una era de extremos y contradicciones, mientras que algunas optan por dejarse au naturel, otras van por técnicas más definitivas como la depilación láser, que parece ser uno de los temas del momento (en una encuesta que hicimos en Instagram la mencionaron varias veces). Si bien la tecnología existe desde 1994, se ha ido popularizando más en los últimos años, a medida de que el procedimiento se fue volviendo más accesible. Según la clínica Láser Light, una de la pioneras en Uruguay, cada vez son más las mujeres que optan por la depilación definitiva, sobre todo aquellas que sufren de dermatitis, quemaduras o tienen manchas como consecuencia de la cera o de afeitarse. La zona más solicitada es el bikini -gran pesadilla, sobre todo en verano- y el rostro, principalmente en mujeres que están atravesando la menopausia y con ello la aparición de nuevos vellos. Así se olvidan del asunto de una vez por todas. Incluso, algunas deciden no completar la cantidad de sesiones estipuladas (que según Láser Light son 6, como mínimo, y a un costo de unos $2.500 cada una) lo que resulta en menos pelos y más finos. Tampoco está mal.

Y también cada vez van más hombres, lo que nos da la pauta de que el asunto ya no tiene tanto que ver con el género sino con los diferentes paradigmas de belleza al que cada uno adhiera. Está el de la “belleza real”, y también está la perfección casi plástica. Así como cada vez más mujeres deciden no maquillarse y, al mismo tiempo, hay un auge del beauty (la industria del maquillaje cada vez mueve más dinero). La decisión es nuestra.

Y ustedes, ¿qué opinan?