Como es mi primera vez en Couture, me voy a presentar. Me llamo Nadina o Nadine, como prefieran. Tengo 37 años y estoy en el camino de la aceptación de que ser una mujer dirigiéndose a los 40 es una maravilla y no un desastre. Nací y viví en Buenos Aires hasta octubre de 2013, cuando se concretó una fantasía que compartimos por más de una década con mi marido: volar lejos de nuestro país para sentirnos más aventureros, vivir distinto y conocer más lugares.

Estudié sin terminar dos carreras, Comunicación y Diseño de Indumentaria, algo que me pesó muchísimo durante años hasta que tuve nuevos traumas por los que preocuparme. En mis veintes hice asesoría de imagen pero jamás me podría llamar a mí misma asesora; también me formé en maquillaje pero me cuesta decir que soy maquilladora. Supongo que las etiquetas me cuestan y me siento más segura en terreno indeterminado.

Mucho antes de llegar acá hice varias cosas aparte de estudiar: mi primer trabajo fue en una juguetería que era de una amiga de mis viejos, hice promociones parada quince mil horas en supermercados y shoppings, después trabajé de administrativa en una fábrica de lencería, más tarde conseguí trabajo en MAC (sin querer), maquillé freelance, tuve una tienda de ropa que era hermosa pero con la que me fue mal porque soy cero comercial, hice consultorías de tendencia en calzado y escribí sobre moda en un blog propio y también en diarios y revistas. Ahora estudio Humanidades en la Pompeu Fabra -nunca pensé que iba a ser de esas señoras mayores que estudian pero en eso estoy- al tiempo que busco material para un proyecto personal relacionado con la moda.

Persiana del video club Deuvedes en Gràcia. El dibujo es de Paula Bonet.

El nuevo viejo mundo

Ni bien llegué a Barcelona y por un largo tiempo a pesar de todos los trámites, la búsqueda de departamento y acomodar la cabeza en que nos quedábamos acá y no íbamos a ver más en lo cotidiano al noventa por ciento de lo que había sido nuestro universo, me di cuenta de que las dos valijas de ropa que me había traído tenían muy pocas cosas que tuvieran que ver con esta ciudad o por lo menos con mi nuevo yo en este viejo continente.

Cuando vivía en Buenos Aires me vestía mucho en Rapsodia, siempre hacía un mix entre ropa de temporada y algo del outlet de Cañitas -en Palermo- que quedaba a pocas calles de casa. Tenía ropa comprada de viajes a Estados Unidos y algo de haber venido de vacaciones a Europa. Me sentía disfrazada en cuanto ponía un pie en la calle, sobre todo porque por la primera zona en que viví –Esquerra de l’Eixample– hay muchas oficinas y la gente va mucho mejor vestida que si bajás de Gran Vía hacia el mar que es donde están los turistas.

Conocí COS, & Other Stories, conocí American Vintage, Sandro, Comptoir des Cotonniers, me reencontré con French Connection y lo único que quería era tirar toda mi ropa a una hoguera porque parecía de hacía diez años. País nuevo, casa nueva, ¿ropa nueva? ¡Sí! No podía dejar de querer ropa más simple y básica pero a la vez elegante para andar todo el día bien vestida pero sencilla, porque en esta ciudad estás a media hora de caminata de casi todo y la comodidad es primordial.

Me acuerdo perfecto que lo primero que compré fue una camisa blanca, un vestido recto negro, unos pantalones negros también y una vez más en negro, un buzo con recortes transparentes. Sigo usando todo porque me mantuve firme en no volver a casa con extravagancias parecidas a las que tenía y también porque a la ropa la elegí de buenos materiales, condición que conservo de ahí en más. En la tierra de Zara compro casi nada de Zara porque me agota enseguida ver en los percheros y en la calle lo mismo y también por mi objetivo de calidad y durabilidad textil. Prefiero poco y bueno para ser feliz.

Zapatos y carteras casi que no compré en estos años porque ya había apostado a buenas marcas de allá como Mishka y Uma -sé que ahora están imposibles de precio- y en ese caso en vez de sentir que estaba descolocada, al contrario siempre sentí que llevaba algo más original.

El Born

Geografía

Estoy a unas trece horas de vuelo de donde nací y donde todavía están mi familia y amigos a quienes extraño siempre, en una ciudad que cambia a cada rato porque cada año crece el turismo, lo que redunda en tus bares preferidos sin lugar para vos, precios que se descontrolan, tiendas que amás que desaparecen porque les suben el alquiler a las nubes y otras vicisitudes propias de una ciudad visitada por casi diez millones de personas anuales. Es linda y entretenida, aunque tenga su costado flaco. Eventualmente nos vamos a ir a otro lugar porque forma parte del plan, pero mientras, aquí estaré, escribiendo desde Barcelona para Couture.

https://www.instagram.com/p/BUpjnTLgRxf/