Cuatro santos del cine te observan desde las alturas de 18 de julio, con expresiones benevolentes, como diciendo: “ven, acá vas a sentirte en casa”. Los retratos de Federico Fellini, Alfred Hitchcock, Luis Buñel y Lucrecia Martel, realizados por Colectivo Licuado, llaman la atención en la gris avenidas y se ganan sus merecidas capturas en Instagram. Adentro, el milagro del fotograma, santo grial de los cinéfilos. Por fin comenzó la edición nº35 del festival de cine de Cinemateca y nos viene perfecto para inspirarnos en abril, el mes de la renovación.

Lo que empezó como una muestra de dieciséis películas es ahora una plataforma en la que se pueden ver más de doscientos filmes en siete salas distintas. Por eso, para que no te ahogues entre tanta opción y termines viendo un documental independiente cuando lo que querías era una comedia argentina, te hacemos una pequeña guía de las películas que no puedes dejar de ver.

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Caos con orden

Sensibilidades francesas conviven con el punk islandés y el realismo duro de la pobreza en un festival que trata de ser tan universal como armónico. Hay algo para todos y si pudiera escribiría sobre cada una de estas películas con la esperanza de que llegue a alguno de ustedes y los haga sonreír, o encuentren un nuevo director favorito, o solo pasen un buen rato. Pero si hago eso vamos a terminar con una biblia entre las manos. Con tantas categorías, cortos y largometrajes en competencia, cada día es un mundo para conocer, y en el calendario podrán encontrar fecha y hora de cada proyección.

Entre los largometrajes internacionales, una de las categorías más populares y “mainstream”, está American Honey, la historia de una chica pobre que se une a otros jóvenes perdidos en un camino sin rumbo por el Estados Unidos más rural y alejado de lo que muestra el cine. Sasha Lane, la protagonista, pertenece a la nueva generación de it girls de la moda, codiciada por marcas como Coach y Louis Vuitton pero con consciencia social. Como Into the wild, la película de Andrea Arnold es una exploración de la vida en la carretera, pero en vez de tener los pintorescos paisajes del film de Sean Penn están en la América de Faulkner, ese país aplastado por la pobreza, pero lleno de poesía y belleza.

Sin embargo, en el otro lado del mundo, una estructura que supo captar la mirada de todos por un par de meses, ahora está sumido en las ruinas. Es lo que pasó con Beijing, Brasil y tantos otros países que albergaron mundiales y juegos olímpicos. Esas estructuras monumentales y que ahora son ruinas modernas se convierten en el escenario principal de Park, el primer largometraje de Sofía Exarchou. Allí, dos adolescentes, Anna y Dimitri, se enamoran y se convierten en una pareja, pero el paso del tiempo va enfriando la relación a medida que su mundo se desmorona.

Grandes nombres, grandes películas

Kristen Stewart es mucho más que Crepúsculo. Antes y después de la saga de vampiros que brillan al sol (aún no supero eso), ella supo destacarse en dramas oscarizados (Still Alice) y con directores de renombre como Woody Allen y David Fincher, entre otros. Por eso, no me sorprendió mucho cuando su último film, Personal Shopper, empezó a hacer ruido en la prensa mundial.

Kristen interpreta a una personal shopper estadounidense que va a vivir a París a la casa de su hermano fallecido con la esperanza de recibir una señal desde el más allá. Básicamente es una historia de fantasmas en el mundo de la moda parisina. Y dicen que Kristen Stewart es brillante en ella. Esa es razón suficiente para darle una oportunidad.

Y del París moderno nos vamos a la América del siglo XIX con A quiet passion, la historia que sigue la vida de Emily Dickinson, una de las poetas más influyentes y reclusas de Estados Unidos. Dirigida por Terence Davies (The Deep blue sea) y protagonizada por Cynthia Nixon como Dickinson, este es el drama de época que necesitamos ver este año.

Documentales al poder

Dicen que el cine es puro entretenimiento, pero no. La guerra dejó de ser una cosa lejana y abstracta cuando Vietnam se convirtió en el primer conflicto bélico en ser televisado. Ver el horror desde la comodidad de la casa es distinto a saber lo que ocurre y no verlo.

A veces es más fácil hacer oídos sordos. Pero con frecuencia el cine tiene la obligación de abrirnos los ojos, de no dejarnos escapar de todo lo malo, o lo bueno, que pasa en el mundo. Y a veces hasta puede cambiarlo. Así como Blackfish hizo que el mundo se diera cuenta de las malas prácticas de SeaWorld y Woodstock: 3 days of peace and music nos metió de lleno en uno de los momentos más importantes de la contracultura de los 60, algunos de los documentales que se presentarán en el festival de seguro no nos van a dejar indiferentes.

Este año Cinemateca hace una mención especial al cine islandés. Y si no conocen nada de este país más que a Björk -y hasta por ahí nomás-, Rock in Reykjavik es para ustedes. Es un clásico de los años ochenta que documenta toda la escena alternativa de la capital islandesa, Reykjavik. Entre conciertos y entrevistas, el director Friðrik Þór Friðriksson (no, yo tampoco puedo pronunciarlo) se encontró con una mina de oro cuando grabó una banda de punk pop liderada por una adolescente medio rara: Björk.

Nunca es demasiado tarde para hacer lo que amas. Solo pregúntenle a Sigrídur Níelsdóttir, una abuelita que a los setenta años empezó a grabar música desde su living. A base de puro trabajo y creatividad, la anciana llegó a hacer más de cincuenta discos y se convirtió en una figura de culto en la escena musical de Islandia. Si con Grandma Lo-fi no te dan ganas de levantarte del sofá y hacer todo lo que quieras, nada lo va a conseguir.

Sí, son documentales que inspiran a vestirse de cisne y grabar un disco con juguetes de niños, pero no toda la programación te va a dejar con una sonrisa en la cara. En el otro lado del espectro está Merci, Patron!, la exploración del francés François Ruffin sobre el lado oscuro de la globalización.

Es una historia que ya conocemos, que nos está devolviendo al proteccionismo que tanto promueve Donald Trump: las grandes empresas se llevan las fábricas a países de tercer mundo para abaratar costos y los locales se quedan sin sustento. No importa si la mercadería proviene de tiendas baratas o de casas de diseñador, es muy probable que la ropa que llevas puesta en este mismo momento esté hecha en algún galpón perdido en Bangladesh.

Ruffin no se mete a escandalizarnos con las condiciones en las que muchas fábricas tienen a sus trabajadores, en cambio examina las consecuencias que eso tiene en los locales con un caso concreto: el de Jocelyn y Sege Klur, una pareja que fue despedida de una empresa de LVMH (el conglomerado de lujo que abarca a Kenzo, Fendi, Dior y Louis Vuitton). Así el director empieza una cruzada para hacer responsable a Bernard Arnault, dueño de la empresa, y poner en evidencia las prácticas empresariales tan cuestionables que hay detrás del glamour de un vestido de diseñador.

Si ninguna de estas les convenció, repasen la programación acá y seguramente encuentren algo para ustedes.