A menos que estén interiorizados con el mundo del arte uruguayo, seguramente hayan visto muchísimos trabajos de Adela Casacuberta sin darse cuenta. Sin ir más lejos, usamos una de sus pinturas para nuestra columna de mayo -la de emprendedurismo y maternidad-. También hizo algunas memorables vidrieras de Magma -como aquella con la cara de Marilyn Monroe que se robaba las miradas en el shopping-, ilustró varias tapas de Bla y diseñó gráfica para Srta. Peel, Indian y Romero entre otras marcas de moda. Tal vez, sin que lo sepamos, la mayoría vimos a Adela Casacuberta en todos lados.

Vidriera de Magma por Adela Casacuberta.
Tapa de Bla por Adela Casacuberta.

Además de su faceta más “comercial” como diseñadora, Adela también se ha desarrollado como artista y en otros trabajos adyacentes a esa escena en Uruguay. Fundó la revista Pimba y el espacio de promoción de artistas harto_espacio con su marido Antar Kuri y actualmente trabaja en el CCE.

A pesar de estar tan metida en el mundo del arte local, Adela es mexicana y hace poco más de 15 años que vive en Uruguay. Aunque nunca fue del todo una outsider: gran parte de su familia nació acá (su padre se fue a México como exiliado) y sus hermanos están empapados del universo creativo montevideano. Carlos Casacuberta es músico y economista; Gabriel también es músico y ha hecho varias bandas sonoras de películas; Pablo es escritor, director audiovisual y artista visual… Se podría seguir enumerando el currículum de todos, pero se van haciendo una idea.

En el último tiempo el trabajo de Adela se ha vuelto más personal e introvertido, dejando un poco de lado esa cara más social. Fue mamá de Atari y Anja y eso, como sabemos, deriva las energías creativas y profesionales. Esa vida más “doméstica”, como dice ella -en esa clave de humor tan sutil como inteligente que la caracteriza- ahora la tiene explorando técnicas y texturas, valorando el tiempo como nunca antes.

Uno de sus trabajos más recientes. Foto: Adela Casacuberta.

¿Qué colores, texturas y elementos podemos encontrar en el universo de tu obra?

Estoy trabajando principalmente con pintura, estoy haciendo unos cuadros muy chiquitos de uno o dos centímetros de tamaño con materiales muy diversos, estoy experimentando con acrílico, drypen, tinta china. La paleta cromática es una inquietud muy protagónica en mi trabajo y la defino como agridulce. Es pop, flúo y pastel, pero por otro lado hay nostalgia, papel avejentado y colores té que matizan eso más naïf.

¿Qué hay de México y qué de Uruguay?

No quiero caer en los clichés, pero México es muy visual, muy florido, barroco y elaborado en sus artesanías y expresiones. Mi vida tiene mucho de eso. Es intenso en todos los sentidos. Uruguay ocupa más mis lados nostálgicos, reflexivos y filosóficos.

¿Cómo creés que el ser madre te transformó como artista? ¿Cuál es la relación de tu hijos con el arte?

Ser mamá me cambió la vida completa. Tengo muy poco tiempo para hacer arte, entonces trato de hacerlo muy consciente. Capaz son 10 minutos, pero son 10 minutos de eso exclusivamente. Estoy más concreta. Las relación de los niños con el arte es muy natural, se vive en casa. Van a un museo a ver cómo su papá arma una exposición o me ayudan a pintar. Igual no se imaginen que todo es arte en mi casa, también me la paso rezongando para que no pinten las paredes (risas).

Adela con Anja y Atari.

¿Cómo te iniciaste vos es ese mundo?

Al arte me he aproximado desde varios lados y he cumplido diferentes roles dentro de ese mundo: organizando exposiciones, promoviendo artistas, participando en colectivos, probando distintas cosas… En ese camino me fui encontrando. Ahora volví a mi primer amor que es que es la pintura. Yo empecé en un taller de pintura a los 15 años y nunca me sentí tan feliz en mi vida, con esa ansiedad de estar creando y queriendo avanzar con una obra.

¿De qué trabajos te sentís más orgullosa?

Me siento bastante orgullosa de mis trabajos actuales. También está todo mi mundo como diseñadora gráfica e ilustradora, de los que estoy súper orgullosa. Hubo momentos del diseño uruguayo en los que participé muy activamente, con el CCE y Magma, que fueron muy representativos y la gente los recuerda. El año pasado publiqué mi primer libro, “Hay niños con superpoderes”, escrito por mí e ilustrado por Juan Pedro Salvo. Me gustó mucho y parece que está teniendo bastante éxito así que es un camino interesante para continuar.

¿Cuáles son tus últimas obsesiones?

No me considero una persona muy obsesiva. Me van gustando caminos, moviéndome mucho en el resultado de la experimentación, el azar, la casualidad. Me gusta el cambio de escalas: que cosas muy chiquitas se conviertan en murales. Me gusta la sorpresa.

¿Qué legado te gustaría dejar?

Espero que mi legado más importante sean mis hijos, que sean buenas personas y que pasen bien en esta vida. Como artista, no me quita el sueño. Espero más bien tener una vida plena, haciendo lo que me gusta hacer y pudiendo vivir de eso.

Foto: Fer Montoro.