La industria de la moda tiene un gran desafío por delante ahora que se filtró por todos lados que son la segunda industria más contaminante de nuestro planeta –la primera es la del petróleo–. Si bien todavía hay muchas personas no conscientes de esta realidad, hay varios objetivos que se avecinan sobre la mesa: reducir la huella de carbono, que se paguen salarios justos en el sector, que las condiciones de trabajo sean dignas, que se desarrollen técnicas cada vez mejores de reciclado de materiales y la reducción del consumo de pieles -que muchos cuestionan porque el reemplazo, en la mayoría de los casos, es de fibras sintéticas que tardan cientos de años en degradarse y que encima tienen menor durabilidad que una prenda de cuero o piel-.

Quizá la transformación de todos estos factores dependa de una educación recíproca entre marcas y consumidores: los primeros comprometiéndose a reducir el impacto de su producción sobre el planeta y los segundos consumiendo de una forma inteligente, ya no entendiendo esa inteligencia como comprar con descuentos o aprovechar el dos por uno o por vanidad, sino como comprar sólo si hay necesidad de hacerlo.

Stella McCartney y Vivienne Westwood son precursoras en el mercado de lujo de la moda en generar producciones que intentan buscar respuestas y alternativas a la pregunta de si podemos disponer de una moda más ética. En la página web de la primera nos encontramos con la explicación y defensa de lo que es el cuero vegetariano y cómo intentan, desde su compañía, año a año, bajar cada vez más el impacto de los materiales utilizados, a través del reciclado o de la búsqueda de nuevos procesos. Gucci, Burberry y Diane Von Fürstenberg dejan de producir pieles en favor de las sintéticas también en el territorio del lujo, pero cabe la pregunta, porque siempre hay que desconfiar cuando se trata de firmas que al fin y al cabo tienen por negocio vender, si realmente van a trabajar con materiales que mejoren el panorama del futuro o si van a usar fibras sintéticas que después se quedan a vivir por 400 años en el planeta.

ph: Industry Of All Nations

Cuando se habla de la crueldad animal, sobre todo en el caso del cuero, se omite explicar que las vacas que tanto contaminan con su metano la atmósfera –es la crítica más resonante–, no mueren para ser convertidas en camperas, carteras o zapatos, sino que su consumo es alimenticio y la utilización del cuero para realizar prendas y accesorios es mejor que simplemente transformarlo en desechos –que dicho sea de paso, son desechos que se degradan en la tierra, no como los poliuretanos que se utilizan en la producción de cuero vegetariano–. Dicho esto, es mejor que al menos estemos discutiendo y pensando qué es más óptimo para el medio ambiente presente y futuro que dejar de lado el tema por completo.

Hay varias organizaciones que se dedican a transparentar procesos y orientar en un consumo más ético. Una es Project Just, en cuya página web se puede buscar una marca y encontrar un diagnóstico de la misma. Not Just A Label se dedica a difundir a diseñadores que trabajan a la vanguardia y en La Moda en Serio, Andrea Lázaro difunde “información para los amantes de la moda que quieren verla crecer sana” desde su blog y desde su cuenta de Instagram.

Hoy el foco está puesto en pensar el sistema de la moda de nuevas maneras. Los hermanos argentinos Fernando, Juan Diego y Patricio Gerscovich son un ejemplo del nuevo paradigma. Crearon en 2010 la marca Industry of All Nations que produce prendas y calzado de fibras naturales, respetando el medio ambiente alrededor del mundo. Otra particularidad es que trabajan recuperando procesos artesanales y eliminando por completo los tintes artificiales o el blanqueo de materias primas que tanto contaminan el agua.

Una novedad maravillosa es que se logró generar seda a partir de la imitación de cómo tejen las arañas utilizando proteínas conseguidas a partir de agua, azúcar y levadura que pasan por procesos de fermentación; la empresa más conocida y que trabaja desde hace un tiempo con Stella McCartney en este desarrollo es Bolt Threads. A su vez, la firma Ferragamo hizo una colección confeccionada con una fibra que también tiene un efecto seda y que se obtiene a partir de la cáscara de naranjas.

Hay más marcas para tener presentes a la hora de repensar el futuro: Ace & Jig  trabaja con colecciones limitadas que provocaron que haya toda una comunidad de seguidores que intercambian la ropa de estas diseñadoras, una forma súper válida de ser eco-friendly; Maison Atia hace abrigos de faux-fur con fibras naturales de alpaca o cashmere ya que son conscientes de lo perjudicial que es el uso de poliéster o acrílico para imitar el pelo de animales; Le Loup realiza sus zapatos siempre persiguiendo mejoras, fabricando enteramente en Argentina y teniendo contacto directo con las personas que trabajan en  sus talleres, lo que promueve un trato ameno; y por supuesto, siempre está la opción de la venta de ropa vintage reformada como la que lleva adelante María De Piero con su Vintage Reciclado que ya había recomendado Caro Diebel junto con otras tiendas de ropa y accesorios de segunda mano, a los cuales quiero agregar la tienda Boy Capel, en la que estuve cuando visité Buenos Aires en noviembre –compré una cartera años 70 de Céline, unas botas Dries Van Noten y unas chatas Ferragamo– .

Boy Capel Vintage, de Vanesa Dursi y Celeste Moses

El mundo de la moda se rehabilita de a poco de esta resaca de consumo desenfrenado que vivimos los últimos diez años y recalcula el horizonte. No es casual, nosotros los consumidores, tenemos bastante que ver en ese volantazo, porque cada vez nos informamos más y no nos pasa desapercibido que muchos se llenan los bolsillos a costa de la destrucción de los recursos naturales de nuestro planeta. Empieza a quedar prehistórica la noción de comprar lo más posible con equis cantidad de plata; hoy empieza a instalarse, en cambio, la noción de comprar poco y duradero como estrategia de conciencia de consumo de cara a los tiempos que vienen.