Sin ánimo de revelar mi edad (ok, 35 años), recuerdo como si fuera hoy cuando tenía 8 o 9, estaba en la casa de una amiga y le conté a ella, a su hermano mayor y a un amigo del hermano, que cuando fuéramos grandes íbamos a tener cámaras en los teléfonos (me imaginaba en los incipientes ladrillos inalámbricos) para mantener conversaciones por video. Recuerdo sus caras de asombro (¿cómo lo sabía yo? Ni me acuerdo), y la preocupación de qué pasaba si alguien estaba desnudo (claramente de los chicos).

Fast forward a 2017. Lo que en 1989 parecía ciencia ficción hoy es moneda corriente, pero no podía evitar recordar esta historia mientras escuchaba a Danit Peleg, la célebre diseñadora experta en indumentaria impresa en 3D, en su reciente visita a Uruguay. Antes del workshop y de presentar su segunda colección sobre la pasarela de MOLA en Montevideo, tuve la suerte de desayunar en modo petit comité en la residencia de la embajadora de Israel, Nina Ben Ami.

Danit Peleg en su charla TEDx
Foto cortesía Danit Peleg
Foto cortesía Danit Peleg

Danit está cansada, cuenta. Sus 29 años vinieron moviditos, encontrándola entre aviones, seminarios y charlas (la de TEDx fue la que la hizo alcanzar estatus de estrella), sin estar más de un mes en su Israel natal, e incluyendo el diseño e impresión de un vestido para la deportista paralímpica Amy Purdy en la ceremonia de inauguración en Rio (vale la pena conocer el proceso).

La de Danit Peleg es una historia muy siglo XXI: motivada por una curiosidad innata, decidió que, para su colección final en el Shenkar College of Fashion en Tel Aviv, realizaría su colección íntegramente impresa en 3D. Shenkar es uno de los institutos de diseño más prestigiosos del mundo y a su vez Israel representa, por necesidad (poquísimos recursos naturales, conflictos políticos, alta densidad), uno de los ecosistemas más fértiles de emprendedurismo e innovación del mundo. Y sin embargo, cuando ella planteó esta idea a sus profesores, la miraron como extraterrestre.

Primer prototipo impreso. Foto cortesía Danit Peleg
Printing farm en su casa. Foto cortesía Danit Peleg

Eso la obligó a salir, a buscar, a investigar, a reunirse con mucha gente.”Israel es un país muy innovador”, cuenta, “y la gente comparte su tiempo y conocimiento, especialmente en Tel Aviv”. Investigó también online, se metió en foros y llegó a contactarse con Andreas Bastian, cuyos Materiales Celulares Mesoestructurados la ayudaron a descubrir cómo diseñar en 3D para lograr que la materia prima actuara como ella buscaba. Finalmente, sacrificó su verano mientras controlaba que las seis impresoras 3D domésticas que invadieron su living -una printing farm en la jerga- imprimieran sin parar y sin error las prendas que compondrían la colección. Fueron aproximadamente 400 horas por outfit, y en total 2 mil horas de impresión non-stop -“me ponía alarmas mientras dormía, como para alimentar a un bebé!”-, se ríe. Las fibra utilizada para crear esas “telas” impresas fue la FilaFlex, una fibra de plástico que sin embargo logra flexibilidad. Las impresoras (que hoy se consiguen a 1.690 euros) fueron de Witbox, una empresa española de la que ahora ella es referente absoluta y a la que ayuda en sus desarrollos.

Así llegó a graduarse con sus compañeros, y produjo un simpático video que ella esperaba que tuviera algunas miles de views. Este se viralizó, y así comenzó la locura.

En un año, los tiempos de impresión se redujeron a la mitad. “En los últimos 50 años, la tecnología no va a haber avanzado como en los próximos cinco”, afirma con cierto asombro. Esto la hace deducir que muy pronto todos tendremos acceso a diseñar y/o imprimir nuestras propias prendas, logrando reducir el consumo, personalizar la ropa al máximo, viajar liviano y otras fantasías que hasta hoy pertenecen al futuro, pese a que ya se cruzan como sombras para los líderes de la industria del fast fashion. Porque, además de todo, va a ser muy económico imprimir: ningún outfit de su colección sobrepasó los 40 dólares de costo, ya en 2015.

Existen desafíos, por supuesto: el primero es trabajar sobre las fibras, para lograr que comiencen a tener un look & feel similar a las que hoy conocemos, como el algodón, lana, seda, cuero, etc. El segundo es ver qué sucede con el rol del diseñador en este esquema: si lograrán acompasarse, y si sus creaciones estarán protegidas por derechos de autor. La propia Danit, mientras continúa evangelizando sobre las maravillas de la impresión de indumentaria en 3D, busca su modelo de negocios, que irá en esta dirección: piensa en un iTunes o biblioteca de archivos de diseño, donde cada uno pueda pagar por descargar. Suena bien, ¿no?

Foto cortesía Danit Peleg

Mientras tanto, y por si sienten un poco de frío, pueden acceder a una de las 100 chaquetas bomber personalizables que venderá a través de su sitio, impresas en España, ensambladas en Israel y con worldwide shipping, por la suma de US$ 1.500. Se imprime…