Foto: Refinery 29

Menstruar sale muy caro. Según La Diaria, en Uruguay una mujer gasta en promedio aproximadamente 3.220 pesos (110 dólares) al año en productos de gestión menstrual. Como nunca me faltó nada, yo de esto me di cuenta medio tarde. Tenía 17 años y me había ido a acampar con mi prima. Tenía la plata justa y me pasó lo peor: me vino –en aquel momento no llevaba la cuenta de cuántos días tenía mi ciclo-. Fui a comprar tampones por primera vez –solía limitarme a agarrárselos a mamá- y para mi sorpresa salían más de 100 pesos, lo que hace 10 años me parecía una fortuna, que en ese instante no tenía. Los necesitaba con urgencia y eso me dio mucha rabia. Me acuerdo de que me dio tanta impotencia que por un momento me sentí tentada a llevármelos sin pagar. Le terminé pidiendo a mi prima que me prestara plata y me los comprara. Imaginen vivir esta escena todos los meses, todos los años.

Sin embargo, hace un tiempo me enteré de que existía algo aparentemente fantástico: la copa menstrual. Es un contenedor de silicona que tiene más o menos la misma lógica que un tampón, pero mucho más moderno. Se coloca cuando te viene el periodo y cada unas 6 horas –pueden ser más, hasta 12- hay que sacarla, vaciarla, limpiarla y volverla a colocar. La copa tiene una vida útil de hasta 10 años –bien usada y cuidada- por lo que la inversión inicial, se amortiza en seguida. Además no se generan desperdicios.

Después de que una conocida me contara las ventajas, enseguida me dieron ganas de probarla y Paula Lubchansky, creadora de Pink Lady, la única marca que cumple con los requisitos sanitarios, legales y habilitaciones de MSP y de la FDA para comercializar copas menstruales en Uruguay, me dio una para que hiciera una review.

A pesar de los avances del feminismo me sigue dando vergüenza hablar de esto, pero como la copa menstrual es lo máximo voy a hacer el esfuerzo.

Copa menstrual Pink Lady.

La experiencia con la copa menstrual

Antes de usar la copa por primera vez y al principio de cada periodo, hay que hervir la copa menstrual para limpiarla en profundidad. Se puede hacer en una ollita pequeña, poniéndola unos 3 minutos en agua hirviendo o en el microondas. Yo fui por la segunda opción y debo confesar que fue porque me daba pereza ir a comprar una olla solo para eso –por motivos higiénicos se recomienda tener una solo para ese propósito-. En Youtube encontré muchos videos de cómo limpiar la copa en el microondas usando un tarro de vidrio, así que fue muy sencillo.

Ponerme la copa menstrual por primera vez no fue una experiencia sencilla, pero tampoco lo fue cuando usé un tampón. Lo primero es plegarla. Se puede plegar a la mitad, en forma de rosa, zig zag o la forma que te resulte mejor, y ahí está la clave: la copa tiene mucho de probar qué es lo que te funciona. Luego hay que ponerse en cuclillas o con una pierna levantada y colocársela utilizando el dedo índice y el pulgar. Paula me dio varios tips: el primero es ponérsela en la ducha y el segundo es que una vez que está colocada, hay que girarla y tocar el borde para asegurarse que quedó bien (si el borde queda doblado pierde).

Al principio cuesta, no lo voy a negar. Puede llevar un par de veces encontrarle la vuelta. No tenía idea si estaba bien colocada o no, si me iba a molestar durante el día, pero lo cierto es que más o menos la intuición te va guiando y que al cabo de unos minutos es como si no tuvieras nada puesto. Si los dolores menstruales te lo permiten (bendita tú), ya estás pronta para nadar (ideal para la playa), correr, hacer yoga o lo que más te guste. No incomoda para nada.

Y acá llega, para mí, la mejor parte: si no menstruás mucho, podés usar la copa hasta por 12 horas seguidas que no va a pasar nada, así que te podés olvidar de estar controlando cada pocas horas, del contacto con la sangre y de tener siempre toallitas arriba. Es más, cuando vas al baño, es como si nunca te hubiese venido.

Después de unas 10 horas se me ocurrió que era momento de vaciarla. Para sacarla hay que ponerse en cuclillas y apretar la base, porque sino hace vacío y por más de que tironees, va a ser imposible. Así, la quitas con cuidado, la vaciás en el water y la limpiás con agua tibia (se puede hacer con jabón neutro también) en la pileta. En mi caso, a pesar de que habían pasado un montón de horas, recién estaba por la mitad la copa. Una vez que está limpia la volvés a colocar.

Así la usé durante todo el periodo y me volví fanática. Por la practicidad (no hay que ir corriendo a comprar nada), la comodidad (ni se siente), el factor ecológico (no quiero ni pensar en todo lo que contaminamos con las toallitas y tampones) y porque, aunque sea por 12 hermosas horas, me hizo olvidarme de que me había venido.

Otras ventajas: es hipoalergénica -porque no tiene tratamientos que se aplican al algodón, como fumigaciones, blanqueamientos y perfumados-, no genera irritaciones -a diferencia de algunas toallitas que pueden raspar al caminar o hacer deporte-, previene olores y mantiene el PH vaginal. La pueden encontrar en el shop online de Pink Lady o en su tienda oficial de Mercado Libre. Hay talles S y L (para mujeres de complexión grande o que tuvieron partos vaginales). La copa cuesta $1.390 y dura un estimado de entre 8 y 10 años. Cualquier duda que tengan pueden consultar el manual, visitar la web de Pink Lady o llamar al 099660954.