Tras 14 semanas de silencio, la reina de las redes sociales volvió a las canchas y desde Couture analizamos su regreso, porque mal que le pese algunos, Kim Kardashian es una de las celebridades más poderosas y representa la cultura moderna. Además, tenemos que admitir que la extrañamos.

Después del cinematográfico robo que sufrió en París, en el que los ladrones la maniataron y se llevaron 10 millones de dólares en joyas, desapareció de las redes. Durante tres meses no posteó nada y su presencia se limitó a aparecer ocasionalmente en el fondo de alguno de los snapchats de sus hermanas. Y no faltaron los que festejaron el episodio y su ausencia -siempre tan adorados los trolls-. Según Khloé, el impacto del episodio fue tan fuerte que Kim se replanteó muchos aspectos de su vida. Era esperable que fuese así.

Previo al robo a mano armada, el Instagram de la más famosa de las Kardashian era una extensión de su reality show en el que nos invitaba a sentarnos en primera fila y observar su día a día. Era una mezcla extraña entre espontaneidad y extremo cuidado. Cotidianidad y lujo. Autenticidad y publicaciones pagas. Realidad y fantasía. Por ese mismo motivo, era el guilty pleasure de tantos, ¿no?

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Una foto publicada por Kim Kardashian West (@kimkardashian) el

Here’s a pic from my new edition of SELFISH out in October. How sweet is my Saint at 2 months old & my little North 😍

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#ad New obsession @sugarbearhair 🐻 I have two of these a day as part of my hair care routine. They are delish! #sugarbearhair #sp

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Sin embargo, el regreso de Kim -que parece haber seguido la premisa del “new year, new me“- ha traído consigo toda una nueva imagen. El lujo, los autos carísimos y las joyas quedaron atrás. En las fotos que ha subido en los últimos días sólo se ven momentos de intimidad familiar y ese, sin duda, es el mensaje que quiere dar: lo que importa ahora es la familia.

La vemos casi sin maquillaje, jugando con los niños, aupándolos. Ok, ya entendimos Kim, ahora estás dedicada a tus hijos.

family

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my son ❤

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mom

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Pero, por otro lado, ahora todo parece demasiado falso y controlado. La estética de estas fotos es cuidada al punto de que se pueden confundir con fotogramas de una película. La espontaneidad que nos fascinaba ya no está. No solo porque todas las fotos son tomadas por otra persona, sino porque ella, Kanye, North y Saint posan en un a suerte de set de lo que sería un hogar de clase media. Tal vez sea eso, o el filtro azulado, pero transmiten cierta melancolía y hasta tristeza. Es gracioso imaginársela pidiéndole al fotógrafo: “queremos parecer normales y súper humildes pero con una estética vintage”.

Más allá de las bromas, basta con scrollear por su perfil para darse cuenta de que no es la misma que hace tres meses. Tal vez la fama se salió de control y toda la construcción de la marca Kardashian terminó saliéndole demasiado cara. El robo fue un punto de quiebre. Pero, ¿habrá sido el fin de Kim tal y como la conocemos? De todas formas, estamos contentas de que haya vuelto, porque para nosotras sigue siendo la reina de Instagram.

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