Aunque vienen trabajando intensamente desde mayo, yendo y viniendo, el diseñador argentino Pablo Ramírez y su socio, pareja y mano derecha Gonzalo Barbadillo, se encuentran definitivamente instalados en Montevideo, con los ajustes, retoques y pruebas del vestuario de Tosca, la ópera que estrena hoy miércoles 16 de agosto (y repite el 18 y el 20) bajo la dirección del régis brasileño Jorge Takla. Tosca, perteneciente a la tríada más famosa de Puccini junto con Madama Butterfly y La Bohème, tiene una particular relación con el Teatro Solís, que la produjo 28 veces en su historia, la primera en 1902 y la última en 2006, hace 11 años.

Sobreviviente de la moda

Cuando le pregunto si está contento con el proceso, Ramírez se ríe por lo bajo, detrás de sus omnipresentes gafas Wayfarer oscuras: “nunca estoy contento”. Eterno exigente, se muestra nervioso y ansioso por los resultados de su trabajo. El negro no solo es su leit motiv -su avatar en Instagram y Twitter es @RAMIREZDENEGRO, así en mayúsculas- sino que también parece teñir su mirada sobre la realidad. “Soy un pesimista de la moda, me considero un sobreviviente pero de una balsa, no del Titanic”. Es que Ramírez, que pertenece a las primera generación de Diseño de modas en la UBA, fue de los que les tocó transitar el auge meteórico y la caída consecuentemente estrepitosa de la industria de la moda en los años 90. “En 1994 gané el concurso de Fábrica de Alpargatas y me fui a trabajar a París. A la vuelta, un año después, hubo reducción de personal y echaron a mi jefa. Vi como la industria argentina se iba desmoronando ante mis ojos”, relata.

Entre 1995 y 2000 trabajó para varias marcas locales y viajó mucho a Uruguay, que hasta el momento conservaba varias industrias textiles, aun famosas por su calidad y por trabajar para grandes grifas internacionales. En 2001 se presentó por primera vez en la edición inaugural de BAFWEEK con su colección “Tango”, con el negro como estandarte, un recurso que le permitió centrarse en siluetas y molderías. Esta presentación oficial en sociedad fue un éxito, pero pronto vino la crisis. Pablo Ramírez eligió ser fiel a sí mismo y continuar con su trabajo; así como muchos de los creadores del momento, nombres como Jessica Trosman, Nadine Zlotogora, Mariana Dappiano, Vicki Otero, los Hermanos Estebecorena y otros, quienes además, en un esfuerzo por unirse y salvar el tipo de diseño en el que ellos creían, acuñaron el famoso término “diseño de autor” en un manifiesto que realizaron para discernir la capacidad de un diseñador de crear un estilo personal, de “ver a la persona en la ropa”.

Diseño histórico de Pablo Ramírez. Foto: Ramírez.

Crisis mundial

Las prendas de Pablo Ramírez se caracterizan por ser de extrema calidad en cortes, moldería y terminaciones. Esto lo logra gracias a un equipo de trabajo de gente muy calificada, pero -por desgracia- ya muy mayor y en extinción. “La crisis mundial de la moda tiene que ver, en mi opinión, con la desaparición del oficio. Hace unos años vino (el ex director creativo de Lanvin) Alber Elbaz y me enteré que quería conocerme. Estaba de vacaciones en Argentina y sin embargo quiso pasar por mi taller. Un tipo encantador, me felicitó por mantener mi propio estilo y la ropa negra, diciendo que en París esto era imposible. Es el fin de la era de los creadores, y en parte también se debe a la desaparición de la gente muy especializada”.

En Argentina particularmente, Ramírez denuncia la falta de políticas de estado o de proyectos privados que entendieran la necesidad de mantener viva la industria de la moda a largo plazo. Hablando de la plataforma de desfiles como BAFWEEK, afirma que en un momento “el sistema devoró a los talentos. El desfile se convirtió en un espectáculo para quien pagaba la entrada, sin repercutir en ventas reales”. Esta “perversidad”, tal como la califica, también se extiende en su opinión a los semilleros, espacios pensados para “generar la fantasía a los estudiantes de que triunfan en el mundo de la moda, pero eso se cae luego de una o dos temporadas”.

“La moda es un contenido interesante y atractivo visualmente, capaz de generar poesía y mostrar belleza. Pero hoy lo que importa es tener una foto prensable, es más importante quién se sienta en primera fila que la propuesta en sí. No es lo mismo hacer ropa que ser creador”, remata.

Rara avis

En este sentido, Pablo Ramírez es un tanto único en su especie. De hecho, es considerado “el más punk de los diseñadores”, famoso por ser políticamente incorrecto, por mantener su independencia, por ser fiel a su estilo. Esto se debe en parte a su furioso idealismo, que no le permite dar el brazo a torcer con lo que el mercado se empeña en establecer. Se siente muy identificado con la figura de Azzedine Alaïa, el diseñador tunecino que se considera un outsider, que se mantuvo al margen de los calendarios tradicionales, creando con su clientela, concentrado en la calidad y respetado por la prensa calificada.

Para lograr su cometido, Ramírez mantiene su atelier en San Telmo con su colección pret-a-porter (en blanco, negro y denim), pero también introdujo algunas colecciones cápsulas con marcas y mantiene su clientela couture -donde no tiene problema en introducir el color-.

Pablo Ramírez retratado por Style Clicker.

Tosca Ramirizada

“Hay tres características que definen mis creaciones: pasión, drama y tragedia”, cuenta Pablo Ramírez cuando lo entrevistamos en el Centro de Investigación, Documentación y Difusión de las Artes Escénicas (CIDDAE) del Solís, en las fascinantes entrañas del teatro. “Sobre todo tragedia”, apunta Takla. El director brasileño fue quien convocó a Ramírez para lograr una “Tosca Ramirizada”. Es que desde el comienzo de la década de los años 2000 -momento de explosión creativa y crisis en iguales dosis del diseño rioplatense- nos tiene habituados a sus figurines impecables en blanco y negro. El vestuario de los personajes principales y solistas se realizó en Buenos Aires con el equipo habitual de Ramírez y el coro, conformado por más de 100 personas, fue hecho en Uruguay bajo la dirección artística del diseñador.

Acto 1. Foto: Cortesía Teatro Solís.
Acto 2. Foto: Cortesía Teatro Solís.
Acto 3. Foto: Cortesía Teatro Solís.

Esta experiencia en Montevideo es la primera, pero viene de una actividad de larga data, acompañando al director argentino Alfredo Arias en sus puestas escénicas en París, y cuyos resultados se pueden ver en la muestra que inauguró en el Centro Cultural Kirchner y que va hasta fin de mes.