Despacito 


Quiero respirar tu cuello despacito 


Deja que te diga cosas al oído 


Para que t…perdón, se nos pegó. No veníamos a cantar sino a aprovechar que es el mes del diseño y hacer terapia una vez más . Esta nos pareció una linda oportunidad para contar que nuestro trabajo podría catalogarse como una manera sui generis de Slow Design, en el que nos tomamos el tiempo para disfrutar de los procesos, sin apurar las decisiones y bla bla bla. Que somos lentas, bah.

Es que (y acá viene la segunda y polémica confesión) nosotras nunca contrataríamos un diseñador de interiores. Por lo menos, no a los que nos tienen acostumbrados los programas americanos tipo Extreme Makeover. Esos que llegan un día con dos hombres armados con cinturón de herramientas tipo Bob el Constructor, hacen una reforma en 48 horas y al tercer día llega un camión repleto de muebles y objetos. Descargan la mercancía en cámara rápida y al final del día la casa está pronta, con plantas, cuadros colgados y un té humeante en la mesa de la cocina mientras la dueña de casa (que estuvo ajena a todo el proceso) se enjuga las lágrimas mientras chilla un histérico OH-MY-GOSH!

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El diseño de interiores que a nosotras nos interesa es mucho más complejo. Entendemos que en la casa particular de un cliente lo emocional es el eje. Y ¿alguien dijo emocional?

Cuando el tema que nos compete a nivel profesional es doméstico (la casa de un cliente) nosotras no actuamos de forma muy distinta  que en nuestras propias casas. Diseñamos, rediseñamos, dudamos, le embocamos, le erramos, nos arrepentimos, nos embalamos y desembalamos (metafóricamente hablando). Así que (esto es literal) desembalamos objetos que volvemos a embalar, retrocedemos cuatro casilleros, disimulamos y seguimos.

Muchas veces las cosas quedan bien después de un riguroso análisis. Otras, casi por casualidad. Otras (las menos, pero sucede), “piense” es lo que sobra y las cosas quedan rotundamente mal. Como en casa de Ana, que llevaba años sin resolver la iluminación cenital del living por no encontrar el artefacto indicado (y por tener una especial aversión a la iluminación de techo). En una de esas vueltas apareció una maravilla que parecía cumplir la doble función iluminadora y decorativa: una especie de lámpara-móvil con luces indirectas y orientables. No podía fallar. Pero falló, porque resulta que las luces son demasiado intensas, tanto que una vez prendida la luminaria no sabés si confesar u operar a corazón abierto. No, no es dimerizable (y no, no se nos ocurrió preguntar antes). Ahí está el artefacto colgado (apagado es precioso) y las hijas amenazadas con que si lo prenden se les apaga la tele, se las hace confesar, o se las opera.

Foto: Ana Faget.

O en casa de Ceci, que se tomó todo el trabajo de calcular minuciosamente la cantidad de material necesario para empapelar la pared trasera de su cama. Los empapeladores le hicieron notar que el papel no llegaba al piso:

Foto: Ceci Faget.

Por suerte la cama y el gatito tapan el error:

Foto: Ceci Faget

Esos errores quedaron, por suerte, en la intimidad de nuestros hogares (hasta hoy, claro está). Pero, nobleza obliga, en casas de clientes supimos errarle feo también: a los almohadones (perdón, Fernanda), a las sillas horrorosamente incómodas (perdón, Fabiana), a la iluminación en general (perdón, Andrés) y a tantas otras cosas. Aunque también estamos aprendiendo, a lo largo de los años, a tomar el error como parte del proceso y gran oportunidad de aprendizaje. Lamentamos que sean ustedes, queridísimos clientes, los que tengan que pagar el pato (o el almohadón, la silla, la luminaria…)

Así que recuerden: si lo que necesitan es diseño express en 72 horas, sin margen de error, no nos llamen. Pero si se bancan que dudemos, probemos, compremos y devolvamos*, pintemos y repintemos por encima, llámennos que no los vamos a defraudar. Y confíen que a la corta o a la larga (más bien a la larga) las cosas nos quedan lindas. Solo que vamos pasito a pasito, suave suavecito

nos vamos pegando

poquito a poquitSH*T!

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* Aprovechamos el espacio que nos brinda Mirada Couture para agradecer a las tiendas que prestan su mercadería para que le erremos a piacere sin tener que lamentar desgracias, a saber: Cecilia Trambauer, deArcos, Pop Design, Zaguán, Zum y pocas otras. A las que aún no brindan ese servicio, sepan que nos hacen un gran favor, nos ahorran papelones y pasan a estar en nuestro Top Ten de tiendas preferidas.