El rito de iniciación del maquillaje de cualquier adolescente uruguaya -quizá hasta ahora, gracias a Internet en general y a YouTube en particular- era, usualmente, a través de otras mujeres mayores. Madres, hermanas, madres y/o hermanas de amigas nos abrían, muchas veces con torpeza, la caja de Pandora del enigmático mundo de delineadores, rímel, sombras, bases y labiales, con sus propios tesoros y utensilios. Muchas veces ese primer acercamiento fundaba una verdad estética que manteníamos hasta que nos dábamos cuenta de que la sombra turquesa se veía espantosa o que la tierra india no iba con nuestro tono de piel y comenzábamos una búsqueda propia.

Mucho menos frecuentes, sin embargo, eran las lecciones de cómo remover esas obras de arte de nuestros rostros. Un recuerdo muy frecuente de la adolescencia es el de la almohada manchada de rímel y con restos de base en la noche de una salida (perdón, mamá) -aunque cómo rendían esos ojos de rock n roll al día siguiente-. El cuidado de la piel, que hoy vive un momento de culto, se limitaba a saber que “dormir con maquillaje hace mal”. Pero si un delineado costaba, mantener la conducta del algodón y la “leche desmaquillante” al llegar a casa y ante la inconsciencia de la juventud era una misión imposible.

Y un día, oh magia, llegaron las toallitas. Un paquetito compacto en forma y contenido. Producto listo para usar y descartar, sin necesidad de pasos previos o posteriores. Básicamente el sueño de cualquier adolescente, o mujer perezosa, porque vamos, sincerémonos. Hoy, como mujer adulta consciente del paso del tiempo, tengo una rutina de varios pasos que mantengo -casi- a rajatabla. Pero las toallitas siempre están ahí, a la mano.

Además, a diferencia de la era de la tierra india (sí, era una base en polvo), las nuevas toallitas de hoy tienen todo lo que necesitamos. Por ejemplo, las de Neutrogena (que varias lectoras de ManRepeller juran que son las mejores) remueven 99,3% del maquillaje, son hipoalergénicas, no tienen alcohol, ni olor fuerte, hidratan y no necesitan limpieza posterior. Idea millonaria: tenerlas en el auto o en la cartera para aprovechar el tiempo antes de llegar a casa. Las adolescentes o las mujeres perezosas las pueden tener hasta en la mesa de luz.

Hoy sabemos que no desmaquillarse provoca un daño extensivo e irrecuperable a la piel, que no le permite regenerarse durante el descanso nocturno, que tapa los poros y provoca imperfecciones. O sea que, por el amor de Dior, escuchen a esta mujer experiente: siempre, siempre, siempre, limpien su piel antes de dormir. Su yo del futuro se los agradecerá.