Ilustración: Maite García.

Dinero. Money. Dinero dulce, sucio dinero. Para algunos, la motivación de la vida. Para otros, un mal necesario. Para muchos, un tabú. Para casi todos, una fuente de estrés o de ansiedad. Encararlo forma parte de esa adultez de la que quizá renegamos. Pero resulta que, si administramos conscientemente los ingresos -por magros que sean, sobre todo si recién estamos empezando nuestras carreras- podemos hacer que funcionen como medio para la vida que queremos.

Y por abrumador que parezca, no es tan difícil ser responsable con las finanzas. Solo basta con entender y conocer los productos, conceptos y riesgos financieros para tomar decisiones acertadas. Cada gasto que realizamos es una elección. Por eso es clave entender qué gastos estamos priorizando y en qué estamos gastando para consumir mejor, ahorrar más, alcanzar nuestros objetivos y vivir más tranquilos.

Para saber más sobre el tema le pedimos ayuda al equipo de Itaú, que nos dio unas clases de “finanzas personales para principiantes”.

Lo primero: hacer un presupuesto

¿Por qué es importante hacer un presupuesto?

El presupuesto te permite saber en qué gastás el dinero, controlar el dinero que tenés disponible, encontrar oportunidades de ahorro y establecer metas y cumplirlas.

¿Qué hay que tener en cuenta a la hora de planificar un presupuesto?

Para comenzar a armar tu presupuesto mensual necesitás saber cuáles son tus ingresos totales: tu sueldo líquido sumado a todo lo que te genere ingresos (ticket alimentación, alquileres, pensiones, asignaciones familiares, etc) y en qué fecha cobrás.

¿Qué porcentaje debo asignar a cada rubro?

En vivienda no se debería gastar más de un 35% del sueldo, incluidos impuestos, gastos comunes, hipoteca o alquiler. Tanto a la alimentación como al transporte se recomienda entre un 10% y 15%. Esto hay que tenerlo en cuenta a la hora de mudarse, por ejemplo.

También puede asignarse un monto fijo a otros rubros no tan “necesarios” como vestimenta nueva, gimnasio, etc. Hay diferentes tipos de gastos y es clave identificarlos:

Gastos fijos

Son aquellos que se generan todos los meses y cuyos importes mensuales son aproximadamente los mismos. Ejemplos: alquiler, gastos comunes, cuota de un préstamo, telefonía móvil, Internet, seguros, etc.

Gastos variables

Son aquellos que si bien se pagan todos los meses, su monto varía en función de nuestro consumo. Ejemplos: consumo de luz, supermercado, mantenimiento del hogar, transporte, etc.

Gastos ocasionales

Los gastos ocasionales no son estrictamente necesarios y pueden ser recortados. Una buena práctica es poder planificarlos y asignarles un monto para evitar gastos excesivos en este rubro. Ejemplos: regalos, salidas a comer, delivery, ropa.

Gastos hormiga

Son gastos pequeños, periódicos y poco relevantes pero que si los sumamos de forma anual pasan a ser importantes. Ejemplos: meriendas, cigarros, refrescos, chicles.

¿Existe alguna app  que vuelva más sencillo el proceso de hacer un presupuesto y manejarnos todos los meses?

Sí, hay varias herramientas que nos pueden ayudar.

Aplicaciones

Aplicaciones para llevar tu presupuesto día a día: existen muchas apps gratuitas que te permiten llevar tu presupuesto, generar notificaciones cuando realizás algún gasto fuera de lo común o cuando pasa un tiempo sin que registres los datos. Algunas incluso grafican la distribución de tus gastos por rubro y envían consejos para un uso eficiente del dinero. La variedad de apps permite experimentar con ellas y elegir la que más se adapte a tu perfil y a tus necesidades. Sin embargo, la clave para un uso consciente del dinero es la misma sin importar la aplicación: ser constantes, generar el hábito del registro y analizar la información a conciencia para poder tomar mejores decisiones.

Recomendada: Wally.

Aplicaciones de instituciones financieras: hoy en día prácticamente todos los bancos tienen una aplicación que te permiten tener el banco “al alcance de la mano”. En dichas aplicaciones se puede consultar el saldo y los movimientos de la cuenta, los gastos realizados con tarjetas de crédito e incluso realizar transferencias a otros bancos. La ventaja de estas aplicaciones es poder consultar tus transacciones y movimientos de dinero en cualquier momento y en cualquier lugar, permitiéndote llevar un mayor control de los gastos.

Recomendada: Itaú (obvio).

Aplicaciones para pagos: para quienes prefieren evitar los débitos automáticos, las apps para pagos de servicios son una solución. Te permiten escanear el código de barra de una factura, agendar pagos de servicios con anticipación y activar notificaciones cuando se acercan los vencimientos.

Recomendadas: Pagocuentas, Banred y Paganza.

Otros instrumentos

Alertas en el celular: muchas entidades financieras ofrecen un servicio de alertas SMS o vía e-mail que podés activar para recibir notificaciones acerca de distintas transacciones: el vencimiento y los montos a pagar de la tarjeta de crédito, la devolución de un cheque, la realización de operaciones mayores a un determinado importe con tu tarjeta de crédito o tu cuenta bancaria. Las ventajas de estas alertas son poder estar atento a  las fechas de vencimiento, gastos extraordinarios o no planificados, y acceder a mayor seguridad en caso de que se realice alguna compra sin tu consentimiento. Por ejemplo, en caso de extravío o robo de tarjetas o chequeras, tener activas las alertas te permitirá darte cuenta a tiempo y bloquearla de manera inmediata.

Resumen de tus tarjetas y cuentas online: a través de la web o de la app podés llevar un control de tus gastos ya que todo lo que pagues con tus tarjetas de crédito y débito se refleja en el estado de cuenta digital. Así podés saber en qué y cuánto gastaste, llevar al día tus cuentas y hacer consultas al alcance de tu mano sin costo adicional.

Débito automático de servicios: el débito automático se puede implementar tanto en una cuenta como en la tarjeta de crédito. Las principales ventajas son evitar atrasos en los pagos y los intereses por mora, no tener que estar pendiente de las fechas de vencimiento, tener un registro digital de fecha y monto de pago de los distintos servicios. Si adherís el débito automático a tu cuenta, es importante verificar que hay fondos suficientes en la cuenta para que se pueda pagar el servicio. Si adherís el débito automático a la tarjeta de crédito, se suma la ventaja de ordenar las distintas fechas de vencimiento de cada servicio que tenés en un solo vencimiento, que sería el de tu tarjeta. En este caso es importante abonar siempre el total del resumen de tus tarjetas para no financiar tu deuda y generar intereses por gastos mensuales.

Transferencias online: a través de la web o de las apps, todos los bancos ofrecen un servicio online de transferencia entre cuentas. Las principales ventajas son poder realizar la transferencia a cualquier hora y en cualquier lugar sin necesidad de ir hasta un banco, asegurarte en el momento que la operación se concretó con éxito y obtener registro de la transacción. Es ideal para el pago de alquileres, por ejemplo.

Una vez que tenemos un presupuesto y le agarramos la mano, ¿qué hacemos cuando surge un gasto grande inesperado?

Como en todos los órdenes de la vida, siempre es preferible prevenir que curar. Por eso ordenar nuestras finanzas personales es el paso fundamental para poder estar preparado ante gastos inesperados. Una vez que logramos visualizar nuestros ingresos y egresos en una planilla, entender qué porcentaje de nuestros ingresos destinamos a los distintos gastos e identificamos posibles oportunidades de ahorro, podemos ponernos como objetivo incorporar un ítem que sea “fondo de emergencia”.

¿De cuánto se recomienda que sea el fondo de emergencia?

Generalmente se recomienda que el fondo para imprevistos equivalga a tres veces nuestro sueldo mensual y que esté en una cuenta corriente o en una caja de ahorros, de manera de poder acceder fácilmente a ese dinero.

Y ponele que pasó algo y no tengo nada ahorrado…

Existen distintos tipos de crédito que se adecúan a las distintas necesidades que podamos tener. El crédito más adecuado para cada caso dependerá del monto del gasto, la tasa de interés, el plazo y la capacidad de repago que tengamos (es decir, cuánto podemos pagar mensualmente para ir devolviendo el crédito solicitado). Para saber cuál es el que mejor se adapta a cada uno de nosotros, siempre es recomendable acercarse a una institución financiera para informarse y poder tomar la mejor decisión.

Si tenemos la posibilidad de pagar el gasto con una tarjeta de crédito y tenemos el monto disponible en la tarjeta, una opción puede ser pagar el gasto inesperado en cuotas así evitamos el sobrecosto del préstamos. Si el disponible de nuestra tarjeta no es suficiente y/o el gasto no puede pagarse con tarjeta de crédito, puede recurrirse a un préstamo amortizable. En esta opción siempre es importante estar atento a las tasas de interés asociadas a las distintas ofertas del mercado y verificar que podamos pagar el importe de la cuota mensual.

También existen instrumentos como la línea de sobregiro en cuenta, que en caso de tener una cuenta corriente, nos permite sobregirarnos (es decir, retirar más dinero del que tenemos efectivamente disponible en la cuenta, que tiene un tope máximo que se determina en función de nuestros ingresos) y luego pagaremos intereses en función del monto que nos sobregiramos y el plazo durante el cual estuvimos sobregirados. Generalmente se utiliza este tipo de crédito cuando tenemos un desfasaje entre nuestros ingresos y egresos. Si tengo que hacer un desembolso importante hoy pero se que cobro dentro de 15 días, puedo recurrir a la línea de sobregiro y dentro de 15 días lo cubriré con el cobro de mi sueldo. Si bien este instrumento nos evita incurrir en cuotas a largo plazo, es muy importante contar con la certeza de que en el corto plazo lo podremos cubrir ya que muchas veces las tasas de interés asociadas son muy altas.

¿Les quedó claro? ¿Qué más les gustaría saber para ser ases de las finanzas?