Entre fotos de vacaciones en el Caribe y selfies retocadas, Instagram esconde proyectos increíbles. Scrolleando aburrida me encontré de casualidad con imágenes de joyas que replicaban platos de comida en miniatura. En seguida me atrajo la imagen. Resulta que el trasfondo era aún mejor: se trata de Foodxury, un proyecto que tiene como motivo “la comida se transforma en un lujo cuando no la tienes”.

New York es una ciudad hermosa, pero a veces también apática. Las millones de personas que caminan sus veredas diariamente pocas veces tienen tiempo de mirar para el costado para ayudar al otro. Y paradójicamente, en un lugar donde todo lo que te imaginás está a la venta, miles de personas no logran acceder ni siquiera a un plato de comida diario.

Cuando Micaela Gallino, publicista y diseñadora argentina, se mudó a New York por trabajo notó este fenómeno rápidamente. A partir de esa observación puso en marcha un micro emprendimiento que en poco tiempo ha logrado su objetivo, ayudar a personas en situación de calle a obtener alimentos sin recurrir a la caridad.

La propuesta es original: ella crea pequeñas joyas con arcilla polimérica que representan diferentes comidas y postres y entrega estas piezas a los “homeless” junto con un cartel de cartón donde se explica el proyecto. Cada pieza representa un plato y quien quiera esa joya deberá dar ese mismo plato a la persona en situación de calle. O sea: si te gustó una pieza con bowl de cereales, comprás eso y se lo das a quien tiene las joyas.

La iniciativa, a pesar de tener por ahora una dimensión reducida, es invaluable y estimulante pues permite a las personas con alta vulnerabilidad dignificarse y pasar del lugar de mendigo a negociante.

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Intrigada por el proyecto -y en el marco del mes del emprendedor en Couture– me contacté con Micaela, su creadora, y esto fue lo que me contó.

Hace apenas dos años que vivís en New York, ¿cómo lograste pasar tan rápido de la idea a la ejecución de tu proyecto siendo que tenés un trabajo muy exigente?

Trabajar en publicidad no es fácil, menos siendo mujer y mucho menos en un lugar tan competitivo como New York. A veces pasamos meses y años presentando ideas. Lo que se termina valorando, lamentablemente, no es la cantidad de tiempo invertido, sino lo que ve la luz y se publica. Por eso mismo, generalmente tenemos proyectos personales paralelos. A mí me ha ayudado mucho para darme cuenta de que los planes no siempre necesitan de una estructura vertical de empresa/agencia para llevarse a cabo, a veces solo alcanza con las ganas de hacerlo y tenerse fe.

¿Cómo decidiste a quiénes ayudar?

Elegí empezar por Midtown, porque sabía que era una zona con mucha gente viviendo en la calle. Ellos eligen estas cuadras sobrepasadas de gente porque tienen más exposición y por mera estadística más chances de que alguien los ayude. Pero, paradójicamente, la gente que frecuenta esos lugares son turistas que están de paseo obnubilados por las grandes tiendas y las luces de Broadway y no está en su itinerario reparar en cosas no tan felices. Después seguí por Soho y amigos y gente que se sumó al proyecto empezaron a llevarlo a barrios como Williamsburg y Bushwick.

Micaela Gallino haciendo una de las piezas. Foto: Fundación Leandro Olmos.

Contanos cómo era la primera reacción cuando te acercabas proponiéndoles tu idea.

Las respuestas fueron generalmente buenas. Muchas empezaban desconfiando, trataban de entender cuál era la trampa o qué iban a tener que darme a cambio. Al principio yo siempre les pedía una foto, pero después cuando una señora me pidió que no la publicara, entendí que si les pedía una foto les estaba exigiendo algo también y realidad esto solo tiene que ser para ayudar. Por eso empecé a postear solo fotos de las joyas y lugares sin exponer tanto a la gente. Solo publico al que quiera contar su historia o pedir por más cosas que no sean solo comida.

¿Hubo alguien que no logró conectarse con el proyecto?

Hubo una señora mayor en Union Square que no entendió el proyecto. Ella pensaba que tenía que pagarme el stand y que con esa plata yo le iba a dar de comer a gente en situación de calle. Sacó un monedero con algunos billetes arrugados y me los quiso dar. Como yo no los acepte se enojó y me los tiraba mientras me gritaba. Quiero aclarar, que esta señora vive en la plaza en situación de calle, solo que ella no se consideraba en tal circunstancia.

¿Seguís en contacto frecuente con alguna de las personas que ayudaste?

Mantener registros del proyecto fue más difícil de lo que pensaba. Re-encontrar a la gente no es fácil, se mueven bastante. Hay gente con objetivos concretos, por ejemplo recaudar dinero para un pasaje. También está el caso de Shay, una de las chicas que terminó en la calle porque era golpeada en su casa por su hermano, quería conseguir trabajo para  juntar dinero y poder dormir en un hostel. Es un círculo vicioso del cual es muy difícil salir, cuando estas en la calle es difícil que te empleen, y sin empleo es casi imposible no estar en la calle. No creo que Foodxury pueda cambiarle la vida a alguien. Sin embargo, sí siento por las cosas que me van contando que este proyecto les da algo muy importante, esperanza. Una de las cosas que más me llama la atención cada vez que me acerco a alguien es su sorpresa por mi acercamiento, por mis ganas de conocerlos, de preguntarles su nombre, como va su día, cuál es su historia. Lo más duro de quedar en la calle es que, si bien estás absolutamente expuesto, la gente construye paredes invisibles para no verte. Sentir que la gente se preocupa por ellos los vuelve a motivar y la motivación genera cambios.

¿Cómo sigue el proyecto ahora?

Ya estoy preparando la colección para esta primavera y ya no estoy sola. Hay gente que me pide stands para salir a repartir, porque conocen a alguien que quieren ayudar. Si bien yo empecé con el proyecto me gustaría que más gente pueda sumarse y sentirse parte, ya sea artistas o repartidores. Mi plan es poder ayudar  en mayor escala con la modalidad que implementé en Argentina con la fundación Leandro Olmos, una fundación divina que rescata a niños en estado de vulnerabilidad. Para ellos preparé una colección “Sabores Argentinos” y ellos subastaron un par de piezas y otras las entregan a las personas que colaboran con una donación anual.

Micaela todavía sigue impactada con la notoriedad que su proyecto ha alcanzado, sobre todo luego que la plataforma de diseño Fubiz replicara una entrevista que le realizaron en su país. Esto la catapultó a tal nivel que incluso tiene pendiente una exposición de sus piezas en el museo alemán Kunstkraftwerk Leipzig.

Más allá del reconocimiento, su real aspiración es que cada vez más personas reflexionen sobre la forma en que desperdiciamos alimentos, mientras para muchos aún es realmente difícil el acceso a ellos.

Si vos o alguna persona que conozcas está interesado en replicar este emprendimiento, ya sea en New York o cualquier parte del mundo, podés contactarme a flo.saav@gmail.com y te pondré en contacto con Micaela. Ella siempre está en busca de artistas con quienes potenciar este proyecto. 

Sobre la autora

Florencia Saavedra es una reciente blogger y aficionada de la fotografía. Se define como “exploradora y bon vivant”. Se casó con un yankee y desde hace dos años se dedica a descubrir New York.