Si viviera hoy, ¿tendría Gabrielle Chanel una cuenta de Instagram? Es un ejercicio que me encuentro a mí misma haciendo cuando por momentos me saturo de las redes sociales y de toda la información creada por microsegundo. Imaginarme si esas personas que tuvieron una influencia tan enorme en la historia de la moda aceptarían compartir su vida a través de una pantalla.

Leyendo sobre su vida, pienso primero que no, por su privacidad obsesiva, y luego concluyo que sí, por su espíritu rebelde. CHANEL -la marca, la maison- y su asociación histórica con Lagerfeld han logrado crear un sello de alcance y deseo global. Sus desfiles, del Palais de Glace en París a Seúl, La Habana o Atenas, más que excusas para ver las prendas son shows que nada tienen que envidiarle a Broadway. Y para quien tenga menos de 30 años y no haya estudiado un poco sobre historia de la moda, puede que sea todo lo que conozca de CHANEL.

Y sin embargo, este posicionamiento se desprende del espíritu de Gabrielle “Coco” Chanel (1883-1971), una campesina de la zona francesa de Auvergne convertida en sombrerera que, nada satisfecha con la moda de la época pos Primera Guerra Mundial, terminó interesando e hipnotizando a las mujeres que imponían el estilo de los años 20 y así creando su propia moda, a la vez que modificando para siempre la estética del siglo XX.

Hay dos quiebres fundamentales que Gabrielle Chanel propulsó sin vuelta atrás: por un lado, dio fin a la ornamentación de la que se nutría la moda hasta el momento, abrazando la simplicidad y la funcionalidad. Y, por esta vía, logró algo que tenemos que agradecerle hasta hoy: la masculinización de la moda femenina que, como quienes estudiamos la moda sabemos, es un espejo de los nuevos roles de la mujer en la sociedad. “Quizá el genio de (Gabrielle) Chanel se basó en su intuición de que las mujeres estaban cansadas de los cuidados delicados a los que se vieron sometidas por décadas. Adivinó que las mujeres de la moda andarían en subtes y taxis y que requerirían de un nuevo concepto”, relata con gracia e ingenio Sir Cecil Beaton, cronista de moda y sociedad, en su libro The Glass of Fashion.

Cuando dejó su negocio de sombreros y se dedicó de lleno a la moda, en la Rue Cambon parisina, la fama no tardó en llegar. Desde su lugar de couturiere se propuso conquistar la libertad en la vestimenta aplicando la libertad de mente, y para hacerlo se rodeó de la gente más influyente de la época: Dalí, Cocteau, Picasso, Misia, Diaghilev, artistas que le enseñaron el rigor y a seguir su instinto y crear apasionadamente. Sus hitos fueron muchos, pero los que perduran, inamovibles, son el uso del color negro como símbolo de chic más allá del luto; su fanatismo por las flores blancas, especialmente las camelias, y por las perlas usadas como bisutería; y su obsesión por llevar la fragancia -Chanel Nº5- como una prenda.

Quince años después del último gran lanzamiento de perfumería de la maison, CHANEL decide que 2017 es el año de Gabrielle y la homenajea con una cartera con su nombre y con GABRIELLE CHANEL, la nueva fragrancia, creada para mujeres de todas las edades, a pesar de haber elegido a la joven Kristen Stewart, embajadora y amiga de la marca, para encarnar esta esencia. Esta elección se sostiene en su personalidad fuerte y determinada, en una carrera artística signada por elecciones arriesgadas y en la libertad que predica para su vida.

GABRIELLE CHANEL fue creada por el perfumista Olivier Polge haciendo el ejercicio de cuál sería la esencia de Gabrielle antes de convertirse en Chanel. Se compone de cuatro flores blancas: el ylang ylang, el nardo, el jazmín y la flor de azahar. El frasco, por su parte, fue concebido como un resumen de todas las botellas más icónicas de la maison. El cristal de roca de su cuerpo y el color oro lamé del tapón son un homenaje a la alta cultura.

No dejen de ver el video de la campaña, dirigido por Ringan Ledwidge, y con la banda sonora de otra mujer superpoderosa: Running de Beyoncé.