No sería un atrevimiento afirmar que Gillian Anderson, la actriz consagrada por su papel de Dana Scully en la serie X-Files, es un icono de estilo. Con cincuenta años en su haber, acaba de lanzar una colaboración con la firma británica Winser London y desembarcará próximamente en Argentina con motivo de una nueva edición de Comic-Con, del 7 al 9 de diciembre.

Ha confirmado abiertamente relaciones amorosas con hombres y con mujeres, escribió un libro de memorias que se ha convertido en un manifiesto feminista, y está cerrando tratativas para encarnar a Margaret Thatcher en la nueva temporada de The Crown, hitos que la ubican en el foco de la atención de los que nos sentimos tentados de reflejar la relación de las mujeres con el trabajo, la moda y el feminismo.

Colección cápsula para Winser London. Fuente: Deskgram.

Respecto del lanzamiento de su colaboración en la industria de la moda, confesó que nunca estuvo demasiado interesada en la ropa, que jamás contrató estilistas para que la asesoren pero que se dio cuenta, a partir de la propuesta de Winser London, que había sido profundamente influenciada en materia de estilo por los personajes a los que dio vida a lo largo de su carrera.

Ella misma anunció el lanzamiento de la colaboración en sus redes sociales, y mostró imágenes de la campaña de la que también es modelo. En los posteos explicó las decisiones creativas de las prendas, que contemplaban un sweater al cuerpo “cortito porque yo soy bajita y me gusta que llegue a la cintura” o un abrigo “que parece casi un vestido, así que puede ser usado con un conjunto de fiesta pero también con jeans”.

Anderson es la prueba viviente de que una mujer que se convierte en icono de estilo probablemente no lo logre proponiéndoselo, sino todo lo contrario, el concepto representa una predisposición natural. Para serlo, no existe manual de reglas que seguir, sino que se parece más a un estado intelectual y emocional trasladado hacia el exterior de manera no intencional. Su despreocupación confesa por la moda como universo de sentido para la mayoría de las actrices de Hollywood, no hace más que confirmar esta hipótesis.

Fuente: Twitter.

A veinticinco años del estreno de X-Files, el personaje de Dana Scully nos invita a actualizar nuestro guardarropa con las prendas icónicas de la década del noventa que parecen estar en su apogeo: los trajes estructurados Calvin Klein, los pilotos superpuestos al mejor estilo Balenciaga 2018, los tapados de lana con lazo a la cintura, labios rojos, camisa blanca.

Dana Scully en la serie televisiva X-Files. Fuente: Papermag.

En una entrevista reciente con Harper’s Bazaar, reflexionó sobre la influencia de sus personajes en su propio estilo: “Estoy segura de que en los últimos dos años el personaje de Stella Gibson, que interpreté en la serie The Fall, me influenció muchísimo. No porque haya terminado usando sus elementos icónicos, como camisas de seda o faldas lápiz, sino porque sentí que influyó en mi sentido de la feminidad, y creo que esa es también una forma de influencia”.

Se ha escrito bastante sobre el personaje de Stella Gibson y su impronta feminista. Se trata de una agente de policía dura y descarnada que persigue a un asesino serial de mujeres. En su relación con el supuesto femicida, un sensual padre de familia, se ponen en juego las relaciones de poder en las fuerzas de seguridad, su deseo de justicia por las mujeres muertas y la inevitable atracción que ejerce el sospechoso en ella.

Stella Gibson, personaje de la serie The Fall. Fuente: Observer.

Por ese motivo, y después de reconocer que sus personajes la han influenciado, no resulta casual que Gillian Anderson haya publicado un libro el año pasado titulado We: a manifesto for women everywhere (Nosotras: un manifiesto para mujeres de todos lados), en el que cuenta sus memorias desde los 14 años. Anderson escribió el libro junto a la periodista Jennifer Nadel, y confesó haberlo pensado como una herramienta para que las jóvenes puedan luchar contra lo que considera “una epidemia de baja autoestima”. La personalidad de Gillian Anderson y su recorrido profesional no hacen más que confirmar la multiplicidad de factores que tiene que converger para que una mujer sea icono de estilo: inteligencia, responsabilidad y verdad hacen de la belleza una cualidad relativa y absolutamente prescindible.