Foto de portada por Eaters Collective en Unsplash

Cuando comencé a cocinar desde casa y subir las fotos a Instagram, hace más de 6 años, subía fotos más o menos espontáneas, de comidas apenas gourmet y con una estética cuestionable (¿se acuerdan que Instagram en sus inicios era una app sólo para IOS? ¿Y que los iPhones supieron ser, hasta ese entonces, un producto cuyo target eran diseñadores, fotógrafos o afines?). Entonces descubrí un mundo donde la fotografía, especialmente la de comida, tenía casi la misma producción que un desfile de modelos. Comencé a dedicarle más tiempo a subir fotos: que me queda un vacío en esa esquina, que me faltaba algo de profundidad de campo, que qué lindos esos ciervos para sumarlos aleatoriamente a cualquier foto… A veces nada en esas composiciones tenía sentido, pero generaba interacciones en mis fotos, la gente me preguntaba; y así comencé a vender lo que cocinaba. A partir de ahí decidí ingresar como estudiante al Gato Dumas (antes sólo leía libros para aprender).

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Así generé lazos con un público que aún se mantiene pero, ¿realmente el negocio gastronómico vive de o gracias a las redes sociales? ¿Qué hay con las personas con miles y miles de seguidores (a veces “¿seguidores?”), las fotos exageradamente impostadas o las recomendaciones no-tan-orgánicas? ¿Qué pasa en el mundo real de la cocina, donde no todo son fotos de Pinterest? ¿Realmente son las redes sociales una superherramienta de trabajo, la nueva “hora pico”, una pauta en la tanda del programa de Su Giménez? ¿Será tan así?

Marcela Baruch, periodista gastronómica de Galería, me contó que para ella las redes sociales en términos generales tienen muy poca relevancia para nuestro mercado, y que “todavía hoy funciona mucho más el boca a boca y la recomendación especializada”. Es lógico (y esto lo pongo en mis palabras): tu local puede ser hermoso, tu Instagram perfecto, pero la gente no va a volver por eso si la propuesta o el servicio no son consistentes. “Ahora, existe en el mundo un número acotado de gente -y en Uruguay aún más acotado por escala- que sigue fielmente a algunas personas que consideran referentes, foodies o cocineros, que destinan gran parte de su tiempo libre a recorrer propuestas gastronómicas, y dan su opinión”, dice Baruch. “Lo que ocurre muchas veces es que en el caso de los foodies por ejemplo, generan transacciones comerciales entorno a sus posts, como una salida laboral extra. Los posts pasan a ser pagos, sin explicitarlo a sus seguidores con un #ad #publicidad por ejemplo”. Y yo me pregunto, ¿le creo a una persona que solo recomienda a quienes le ofrecen algo a cambio? Por eso, Marcela Baruch se cuestiona: “¿Cómo confiar en la opinión de una persona que cambió el post por su comida o recibió un dinero por ello? ¿Cómo confiar en la recomendación de alguien que le saca la foto al regalo que le envían, solo porque es un regalo, como si hubiera que devolver el favor? En poco tiempo, quienes realmente se interesan por la gastronomía, lo notan”. Pero aún así, ella cree que hay un segmento ¿joven, tal vez? de la población para la cual las redes tienen cierta influencia y relevancia, y que es el mismo que está atento a los referentes de la moda.

Y si hablamos de Instagram, ¿quién no sigue a Mauricio Pizard, nuestro arquitecto y bon vivant -sé que se va a reír al leer esto 😄- favorito? Sus plantitas, los panes con masa madre, las cucharitas que esculpe los feriados, sus fotos llenas de armonía. Para él, en las redes “uno aprende, contagia, comparte sobre cocina. Se comparten recetas o saberes, se recomiendan lugares o platos, se influencia a comer mejor, bien, variado”. Mauricio suele comer en su casa, siempre utiliza el hashtag #caseroesmejor y produce casi todo lo que consume; incluso planta sus calabazas (qué envidia). Ver su timeline de fotos, indudablemente, dan ganas de cambiar nuestros hábitos alimenticios (o de ir a visitarlo). 

Slow Life Delivery para Caro: pan de sourdough, encurtidos varios y un tinto. #CaseroEsMejor #Trueque

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Lucía Soria, por otro lado, me dijo que particularmente para Jacinto, la relevancia de las redes sociales es enorme y que “facilita muchísimo la comunicación de diferentes acciones que generamos”. Además, me comentó lo que todos los que seguimos al restaurante en Instagram ya sabemos: una imagen puede ser verdaderamente tentadora.

Volviendo a las cuentas de Instagram sobre gastronomía, hace tiempo Eli, gestora cultural con una larga experiencia en importantes productoras locales, comenzó su proyecto “Colchón de verdes”. Para ella, las redes sociales ocupan un lugar de encuentro donde la gente expresa sus intereses, aspiraciones y hasta sentimientos. Es interesante su aporte: “Hoy es tanta la información y es tanto el acceso democrático a todo que se nos hace difícil saber distinguir que está bien de qué está mal, que está bueno o qué no lo está”. Es cierto que siempre buscamos referencias, pero -y esto remite a lo dicho por Baruch- ¿qué hay con TripAdvisor, por ejemplo, donde una persona te califica con un cruel 1 porque no le gustó que no tuvieras milanesas al pan? Tal vez porque en lugar de miles de “likes”, buscamos referentes, personas que disparen el “boca a boca”, que en definitiva es el que mejor se lleva con la gastronomía.

Lala Antúnez, Lic. en comunicación periodística y foodie que lleva a cabo su blog Gary, considera que “las redes sociales en el mercado gastronómico y aún más en el local juegan un papel muy importante a la hora de atraer nuevos clientes y de fidelizar a los que ya lo son. Colabora con la comunicación “boca a boca”, a crear una reputación del restaurante, a que el cliente se sienta parte o integrado en el proceso de creación del menú. Alrededor de la gastronomía se busca una experiencia que se pueda disfrutar con todos los sentidos. Incluso, actualmente las redes sociales (más que Internet en general porque en las redes, si son administradas con seriedad y responsabilidad, hay información de primera mano con un autor conocido detrás) también juegan un papel lúdico. En resumen, le quita misterio al mundo culinario y lo vuelve más “accesible” y real.

De todo esto me atrevería a concluir que: las redes sociales ayudan a atraer y difundir el trabajo de un local gatronómico, pero ¿es clave para que funcione? Hoy, a casi un año de tener un restaurante diría que no: que la mayoría de la gente llega por recomendación de terceros, por vernos en revistas o por cercanía al local. Y lo que no es poco: tu instagram puede ser de ensueño y tu negocio ser el lugar más bello del mundo, pero tu clientela sólo va a volver si tu servicio es bueno.