Por Majo Lois

El año pasado llegué a pasar unas vacaciones a Copenhague con una idea fija: experimentar algo de lo que había leído mucho y aún no terminaba de entender: Hygge (se pronuncia júga). Es una palabra muy difícil de traducir pero se podría decir que es “sentir comodidad en el alma”. Al llegar a mi apartamento, un delicioso olor a madera me dio la bienvenida. Helene, mi anfitriona, me recibió con un bowl de cerezas, guindas johannisbeere y el mapa de la ciudad. Mientras hablábamos de temas prácticos algo me llamó la atención. “The little book of hygge”, bestseller según el New York Times, y uno de los libros que me quería comprar estaba allí en su biblioteca. Al contárselo a Helene me dijo que su novio lo había escrito y que además era CEO de The Happiness Research Institute, un proyecto que estudia por qué los daneses están entre los pueblos más felices del mundo. Sí, ya empezaba a experimentar esto del hygge danés.

Crear atmósferas y experiencias, no solo acumular cosas

Cada vez que volvía a mi casa danesa la sensación que sentía era que aquel lugar me abrazaba. El uso de madera virgen en los pisos y los muebles, los colores del arte en las paredes, la manera de ordenar los muebles, la luz. Todo generaba una hermosa sensación de bienestar. Los daneses, con inviernos muy oscuros de más de 6 meses, han encontrado sabiamente el antídoto para soportarlo. ¡A menos temperatura, más hygge!

Decoración Hygge. Foto: Pinterest.

De hecho, la casa es el refugio supremo para experimentar hygge. Un restaurante o una librería pueden también aplicarlo, pero el hogar es el nido que se acomoda para brindar seguridad, confort y felicidad. Para lograr diferenciar si una experiencia es hygge o no, se dice que no se requiere tanto de cosas caras o especiales sino de una cultura guiada por la simpleza para ordenar los muebles, elegir las texturas de la cama, poner una cierta música y diseñar la luz. Esa cultura se aprende y básicamente se trata de no ser extravagante, darle prioridad a lo rústico, elogiar la lentitud y aplicar los cinco sentidos. Cada noche me sentaba a cenar frente a la ventana mirando los balcones de mis vecinos. Todos tenían velas prendidas en sus mesas, la casa bastante oscura y estando solos, en pareja o en familia le dedicaban un largo rato a cenar y a hablar. Lejos de ser un trámite, aquello era una ceremonia.

Manifiesto hygge

– El invierno es la estación más hygge del año
– Darse permiso para el placer
– Crear un altar que nos honre en cada metro cuadrado de la casa
– Los muebles y el arte vintage son un must
– La madera, una manta de lana suave, un té de canela y cardamomo, una tarta de manzanas aplican a un domingo hygge. Un vaso de vino, también. Mucho chocolate, seguro
– Las mascotas son muy bienvenidas
– Cocinar es una de las actividades hygge por excelencia. Pero no cocinar cualquier cosa. Un guisado es hygge, un foie gras, no. ¡Es demasiado pretencioso!
– El pan es la comida hygge por excelencia. Los daneses dicen que el pan suena, huele y sabe muy hygge
– En Dinamarca se consumen 6 kilos de velas por persona al año porque para ellos iluminar es un arte. Usar pocas luces, sectorizadas y cálidas es parte de lograr esta experiencia nórdica
– Grandes bebedores de café, también aseguran que elegir una taza bonita, preparar un café con cuidado y
acompañarlo de música, un libro o simplemente dejando vagabundear la mente hace a la experiencia
– Agradecer, agradecer y agradecer poniendo foco en el presente, lo simple y pequeño

Los pilares del Hygge.

Oler, saborear, escuchar, tocar, mirar. Y un sexto sentido

Sentirse seguro es definido por quienes han estudiado el fenómeno como un sexto sentido. Cuando te sentís seguro con quienes estás y en el lugar en el que estás, una profunda sensación de bienestar te invade. Una felicidad no condicionada, que llega de diversos lugares y que te traspasa. Que te abraza, como a mi ese apartamentito del barrio Fredericksberg. Esa es la sensación hygge que los daneses intentan contarle al mundo y probablemente parte de su inagotable fuente de felicidad.

Conocé aquí a Meik Wiking, autor del libro mencionado: