Encontrar el sentido de la vida es una obsesión milenaria. Las religiones, los filósofos y también los escritores se han embarcado en la tarea de hacer preguntas incómodas y buscar respuestas que expliquen de qué va la existencia humana. Sin dudas, la literatura es una herramienta que le ha permitido a Joan Didion recorrer ese camino. Tanto como periodista de Vogue, novelista, o cronista política, siempre fue a contrapelo del sentido común. Su sensibilidad y agudeza la han ubicado como una de las mejores escritoras norteamericanas, y ahora Netflix nos complace con un exquisito documental sobre su vida: El centro cede. Esa vida, que no ha sido precisamente un lecho de rosas, está recortada por el ojo clínico de su sobrino Griffin Dunne, director de la película, que se atreve a revisar el recorrido que la ha llevado a ser escritora y la forma en la que ha trabajado con el dolor causado por la muerte de su marido y su hija.

Si antes de ver el documental hemos tenido contacto con alguno de los libros de Didion, notaremos rápidamente que el ritmo de ambos soportes se parece: detrás de su apacibilidad y cadencia hay una fortaleza avasallante. Con sus 83 años y 40 kilos, su andar lento y la excesiva gesticulación de sus manos, las arrugas faciales y el pelo frágil, uno puede ver en Joan Didion a una mujer fuerte y dura. Su apariencia de anciana cándida no da pistas de ciertos datos de su vida: presenció la grabación de uno de los discos de The Doors, compró el vestido que Linda Kasabian (integrante del clan Manson) usó durante el juicio por los asesinatos cometidos, el actor Warren Beatty estaba loco por ella, entre otras anécdota increíbles.

Cuenta que su madre le regaló el primer cuaderno y ella comenzó a escribir sus pensamientos para entretenerse. La primera historia que escribió trataba de una mujer que creía que moría de frío en la noche polar y cuando amanece descubre que está atrapada en el desierto del Sahara, en donde muere de hambre y sed. Tenía cinco años.

Joan Didion junto a su sobrino Griffin Dunne. Foto: Vogue

Cuando la tragedia afecta a un escritor, se presenta la contradicción de que esa experiencia puede transformarse en material de escritura. Entre 2003 y 2005 perdió a las dos personas más importantes de su vida: su marido y su hija, tragedias que fueron transformadas en dos libros hermosamente dolorosos: El año del pensamiento mágico (2005) y Noches azules (2011).

“Siempre he pensado que si analizo algo, me da menos miedo. La teoría dice que si la serpiente se mantiene en tu campo visual, no te morderá. Eso se asemeja bastante a cómo me enfrento yo al dolor”, dice Joan en el documental. En relación a la muerte de Quintana Roo, su hija adoptiva, después de una misteriosa y agónica enfermedad, Didion se hace a sí misma las peores preguntas, las que no tienen posibilidad de ser respondidas: ¿La quise lo suficiente? ¿fui una madre a la altura de las circunstancias?

Joan Didion y su esposo, John Gregory Dunne. Foto: Vanity Fair

Gran parte de la película se la llevan sus reflexiones sobre estos momentos trágicos, pero también sobre su vida en Los Ángeles y la infancia de su hija en la playa, sobre sus experiencias como cronista política, la obsesión por la Coca-Cola, las palabras, la ropa, la escritura, la amistad.

Después de su experiencia en Vogue, volvió con su marido a la costa oeste, en donde se encontró con la contracultura, los hippies y el éxtasis, lo que la convirtió en una voz fundamental de los Estados Unidos de la segunda mitad del siglo XX.

¿Cómo te sentiste cuando viste a una niña de cinco años drogada con ácido?, le pregunta su sobrino, en relación a sus experiencias como cronista en la década del sesenta. Parece que Joan no encuentra las palabras. Uno intuye que va a decir algo relacionado al horror, a la pena, a lo incomprensible. No te voy a mentir, era oro puro. Cuando trabajas en un artículo, das tu vida por algo así, responde finalmente. Este gesto es lo que la separa del resto, lo que representa su capacidad de contar y escuchar, de abrir sus sentidos desprejuiciadamente para comprender. Salir de la comodidad es un ejercicio que requiere disciplina y esfuerzo, pero para ella parece ser un camino ineludible. Sobre todo después de la muerte de Quintana, de la que se siente en algún punto responsable. Ella tenía problemas pero también una faceta luminosa, y Joan se acusa de haberse aferrado a eso para no ver sus sombras, provenientes tal vez del abandono de sus padres biológicos y del alcoholismo.

Joan Didion para el sitio Vulture

De su infancia en Sacramento al reconocimiento de Barack Obama en la Casa Blanca en 2012 pasaron 80 años, una vida turbulenta que ha llevado adelante con estoicismo. Su obra es una gema para cualquiera que disfrute de la buena literatura. Su obra incomoda, remueve los cómodos cimientos en los que se asienta el sentido común. Hace que el centro ceda, esa frase tan conocida de su libro Slouching Towards Bethlehem, extraída de un poema de Richard Yates que ahora da nombre al documental sobre su vida.

Vean el documental, lean sus libros.

Al hablar de una mujer tan fascinante, es imposible no acordarse de la gran Franca Sozzani que también estrenó documental este año en Netflix.