Existen fenómenos sociales que se producen imperceptiblemente. Cuando queremos reflexionar sobre ellos, por qué sucedieron, ya están arraigados en nuestra vida cotidiana y se hace más difícil tomar distancia. Eso nos pasa con las disciplinas esotéricas, como la astrología, el tarot o la lectura de auras, que se han convertido en recursos a la mano para el autoconocimiento cuando décadas atrás eran consumos de personas muy específicas. Sin ir más lejos, en los programas de televisión de los ochenta o noventa se invitaba a especialistas como Aschira a hacer futurología sobre el año entrante. Sin embargo, era considerado más como un entretenimiento que como algo real.

Ahora, en cambio, se consulta más a modo de terapia continuada y hay referentes en el tema, como Mía Astral, que representan a otras edades e intereses -tiene 1 millón de seguidores en Instagram, claramente hay un interés dentro de la demografía de esa red social-. No son “tías medio locas”, como ocurría en otras décadas, sino chicas jóvenes, que estudian y creen en la ciencia, pero también se interesan por lenguajes diversos en donde buscan respuestas y un conocimiento personal.

Foto: Abbie Winters.

Ante ese aparente rebranding de lo esotérico, le preguntamos a algunas expertas en el tema (por sus estudios en las disciplinas o por su interés en consumirlas), y detectamos algunos patrones interesantes para comprender por qué preguntarle al cosmos está de moda.

La astróloga Mercedes Dellatorre cree que el nuevo interés en estas disciplinas ocurre porque ellas mismas “necesitaron” hacer un movimiento de apertura para poder subsistir: “Lamentablemente, la popularidad nunca fue amiga de la profundidad y, en este sentido, creo que lo que está sucediendo es que hay un vaciamiento de la verdadera estructura de estos lenguajes, cuya finalidad siempre fue el intento de generar una conexión con un orden vedado. Paradójicamente, lo que está sucediendo es que los discursos de moda tienen que hacer que las personas se interesen, y entonces lo que termina sucediendo es que los planetas “dicen cosas”. El cosmos existe en la medida en que es para mí”.

Esta idea egocéntrica se relaciona con lo que piensa Marcela Martino, licenciada en Comunicación y consumidora de estas disciplinas: “Existe una proliferación de terapias alternativas, para calmar la ansiedad (que no tengo dudas es el mal de la época) o buscar explicaciones a cosas que no dependen enteramente de nosotros, sumado a cierto narcisismo que tiene que ver con que te digan “como sos”. Según la carta natal se pueden definir característica de la personalidad según el sol, según la luna, según las combinaciones. Nos encanta que nos definan, que nos digan cuales son nuestros puntos fuertes, nuestros puntos débiles, y buscar identificaciones”.

Carta astral. Fuente: arsomnibus.

Pero hay más. La socióloga y astróloga Catalina Singer lo relaciona con otro tipo de transformaciones, como los movimientos sociales que se vienen dando en esta época y cree que, en ese sentido, las disciplinas esotéricas estarían respondiendo favorablemente al clima de época. Ella se aleja de la idea de que el narcisismo del nuevo milenio es el que promueve el interés por la astrología y dice: “La evolución del intelecto occidental se logró negando progresivamente la conexión del ser humano con el cosmos, la naturaleza, la mística, la imaginación, las emociones, el instinto, el cuerpo. Todo eso se está recuperando. Los movimientos ecologistas y feministas, la diversidad sexual, el aumento en el interés por lo esotérico, lo psicológico, las terapias alternativas no son modas pasajeras, son manifestaciones de una nueva conciencia ampliada que no excluye a la razón científica sino que la trasciende y la reintegra en un orden de sentido más abierto y pluralista”.

Mercedes no tiene dudas de que el punto de contacto entre las personas que acuden al cosmos en busca de respuestas es la necesidad de sentirse parte de algo que integra, paradójicamente, a todos los que quedan afuera de los lugares más tradicionales. En este sentido, se genera una gran empatía entre gente distinta entre sí, pero que, pese a eso, comparten la búsqueda de algo que los legitime en su singularidad.

Natalia Laube también entra en la categoría “millennial interesada en la astrología”. Sobre por qué se le ocurre que se puso de moda, arriesga algunas hipótesis: “Si en casi todas las religiones existe un dios que creó el universo y digita sus leyes, la astrología revierte ese discurso. Propone que el universo se organizó de determinada forma para que yo sea como soy, me comporte como me comporto, deba transitar lo que transito”.

Los signos del zodíaco. Foto: Abbie Winters.

Entonces, la idea de algo superior al yo se redefine y pone a la subjetividad en el centro, aunque con una vuelta de tuerca porque sigue habiendo espacio para pensar que no tenemos el control completo de nuestro destino.

A la pregunta sobre qué respuestas encuentra la propia Natalia que la convierten en una consumidora de este tipo de disciplinas, confiesa que le confía algunas decisiones: me sirve como lenguaje para pensar y pensarme y me alivia creer que no todo está todo el tiempo bajo mi control.

Lo que está claro es que nada tiene que ver con la predicción o la adivinanza. Que las personas que realmente se interesan en estas disciplinas alternativas no consumen mensajes empaquetados como el horóscopo, líneas premonitorias de que nos va a pasar, donde vamos a encontrar el amor o cuando seremos ricos, sino para comprender nuestras debilidades y fortalezas. Ya lo decía el dicho: la información es poder. Y también ese otro que decía conocerse es quererse. Parece que es por ahí.