De pronto lo veo en la editora de moda Christene Barberich. “Scroleo” mi feed de Instagram y también lo lleva Lena Dunham. Linda Tol, otra editora de moda internacional de enorme influencia, lo mismo. Los vestidos “de la pradera” hasta el piso, de manga larga y cuello cerrado, casi victorianos, dignos de Chloé Sevigny en Big Love (la serie sobre una familia mormona), se repiten en las selfies y escenas callejeras de las semanas de la moda en New York y Londres. Christene -que ahora está embarazada-, dice en una entrevista que últimamente compra su ropa en una tienda llamada The Modist. Hago click en la cuenta de Instagram y noto algo extraño: aunque todas las fotos exudan moda cual revista satinada, no hay mucha piel a la vista. Ni un escote, ni un tajo, ni siquiera una rodilla. “Modest fashion, modern thinking” es su claim. El vestido de Lena es de una diseñadora oriunda de Queens llamada Batsheva Hay. Voy a su cuenta y veo los más estrafalarios diseños de vestidos largos y completamente cerrados. Pienso: acá hay algo.

Entonces me pongo a leer, a investigar, y encuentro que sí, que hay algo. Que Ghizlan Guenez, la fundadora de The Modist, trabajó en finanzas durante 15 años entre Londres y Dubai y detectó la necesidad de un sitio à la Net-a-Porter que ofreciera indumentaria para mujeres que cultivan “la modestia” (como un mandato religioso pero también como filosofía o modo de vida), pero que al mismo tiempo no suscriben a los abayas (vestidos negros religiosos que usan las mujeres musulmanas en ciertas regiones) o se cubrieran con el hijab. Por sobre todo, que tuviesen un pensamiento moderno. Entonces, en marzo de 2017 lanzó este portal con una selección impecable de marcas que van desde Marni y Peter Pilotto hasta Mansur Gavriel. Hay lentejuelas, hay pieles, hay lujo. Hay influencers. El único requisito es mantener cubierto el torso.

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My kinda Barbies

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The Modist, aunque quizás el fenómeno más llamativo, no es el único. En 2014, Donna Karan lanzó una colección de “ropa modesta”, en 2016 Dolce & Gabbana hizo lo propio y este año el gigante de retail H&M anunció que haría lo mismo. La modelo Halima Aden (que tiene una historia por demás interesante) desfiló con hijab en varias pasarelas, entre ellas las de Yeezy y Max Mara. Lo mismo funciona para algunas marcas judías ortodoxas, que plantean cómo hacer de su mandatorio look modesto un lugar de juego para la moda. Hasta Balmain, conocido por su silueta sexy, ha comenzado a incorporar prendas más “inclusivas” a sus colecciones.

Esto, por supuesto, responde a una necesidad de mercado. Tal como nos comentó la especialista en womenswear de WGSN Anna Ross, “las marcas cada vez hacen más foco en esta demografía que crece rápidamente, creando más opciones para esa consumidora -para 2050 el 25% de la población mundial será musulmana y la búsqueda “moda musulmana” creció en un 500% solo en el Reino Unido en el último año. Tiene sentido que, en términos de tendencias, las siluetas más modernas estén en alza, también como una respuesta a la tendencia ultrasexy de los años 80 que impuso profundos escotes y faldas a la altura de los muslos”.

Halima Aden para Max Mara. Foto: Getty Images.

Lo que personalmente me llamó la atención es que, en tiempos de reclamos tan fuertes en pos del feminismo y en contra de las ideas retrógradas de personajes como Trump, mujeres clave en estas luchas como Lena Dunham, Natalie Portman o Erykah Badu estén adoptando esta tendencia de la mano de Batsheva Hay, una diseñadora casada con un fotógrafo judío ortodoxo que comenzó a diseñar los vestidos que se volvieron el talk of the town en esta última edición de NYFW, presentados en un diner de Tribeca. Lo particular es que, si bien están inspirados en las mujeres que Hay ahora ve regularmente en su vida, los materiales y estampas, con tornasolados y atigrados, gritan cultura pop. Lena Dunham dijo sobre sus vestidos: “Realmente lucen como el vestido de fiesta que querías cuando tenías 6 años, o como los vestidos que hubiesen usado los personajes de tus libros favoritos”.

Presentación de Batsheva. Foto: Alexey Yurenev.

Alejandra me hizo notar que mi propio estilo, si bien completamente secular, coquetea con la modestia. Reflexionando al respecto, le encuentro asidero no en esa filosofía y sí en la inspiración del “old Céline” con Phoebe Philo a la cabeza. De mujeres fuertes que no necesitan una forma obvia de ser sexies para trascender. Es, como lo plantea The Modist, vestirse “For the female gaze”, para la mirada femenina. Otra forma, en definitiva, de plantear las #NuevasReglas.