New York es una cuidad en la que podés estar cinco días o un mes y siempre te vas con esa sensación de no haber visto todo. Bueno, no es una sensación, es una realidad. Por eso puede sonar una locura destinar dos días del viaje para irte a ver “campo”, pero prometo que el Upstate New York (lo que hay en el estado más allá de la ciudad) es tan hermoso como Manhattan.

Puede ser porque ya llegué a los 30 o el hecho de vivir en una ciudad tan avasallante pero desde que visité Kingston, a unas dos horas de New York, sueño con tener una casita en las afueras de la ciudad. Será difícil hacerle justicia con palabras (y algunas imágenes) a este lugar tan mágico, pero aquí voy.

Foto: Florencia Saavedra.

Después de haber viajado un par de horas en la carretera llegué a Kingston, aunque por un momento me cuestioné si no me había teletransportado al set de Gilmore Girls. Es un pueblo muy pintoresco, con árboles de mil colores, paisajes sacados de un libro de cuentos y gente adorablemente extraña.

Definitivamente haber encontrado la casa adecuada aportó mucho a mi experiencia, gracias a que ya no se necesita tener un presupuesto abultado para pagar hotel o bed & breakfast. En este momento el boom del turismo en EE.UU. son las “casas de autor” y se alquilan todas a través de Airbnb, a precios razonables. Y hay de todo: casas rodantes, cabañas en los árboles y hasta lugares con forma de perro. Nuestra elección no fue tan jugada, pero tenía todo para ser perfecta. Madera y mucho blanco que transmitía vibra rústica pero moderna, pequeños espacios diseñados para tener algo de intimidad sin necesidad de estar solo y un entorno arbolado con un pequeño arroyo que moría en nuestro patio. Cuando la conocimos finalmente, la amamos.

 

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Qué hacer en Kingston

A Kingston hace dos años que llegó la popular feria gastronómica y de antigüedades Brooklyn Flea + Smorgasburg y desde entonces es la sensación de los veranos. Tiene lugar en el Hutton Brickyard, una antigua fabrica de ladrillos ahora devenida en un impecable centro artístico. Junto a las nuevas galerías de madera y sin paredes, aún se conserva el esqueleto de lo que fueron aquellos talleres. La vegetación se ha ido apropiando de esos fierros viejos y herrumbrados y el río Hudson pasando justo a un costado termina de coronar un espectacular entorno.

Aun con ese marco natural, lo más pintoresco de la feria termina siendo la gente que la visita, como siempre. Cada pequeño detalle ha sido planeado mucho antes de ese día y me recuerda que estaremos en el campo, pero no dejamos New York. Acá el estilo no se pierde ni con barro en las botas. Nota mental: dejemos las calzas solo para el gimnasio, Flo.

Foto: Florencia Saavedra.
Foto: Florencia Saavedra.
Foto: Florencia Saavedra.

Otra de las ventajas que tiene regalarse una escapada por el Upstate es que en un círculo pequeño de kilómetros podemos visitar varios pueblitos igual de coquetos.

Uno de ellos el famosísimo Woodstock. No puedo negar que estaba internamente emocionada por conocer este emblemático lugar y es bastante parecido a la idea previa que podríamos tener de él. Es increíble como un gran evento para una pequeña cuidad puede significarlo todo. Casi medio siglo después de tan legendario evento, el ambiente que se respira aún hoy es bohemio. Ferias de pulgas, tiendas vintage, comida vegana y muchos hippies entrados en años caminando por aquí y allá inevitablemente te evocan al flower power.

#bluesbrothers #woodstock #newyork

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Después de tantos kilómetros recorridos el día anterior, el domingo el plan era disfrutar del relax. Apenas terminamos el inmenso desayuno casero nos fuimos a un hiking, porque sí, este finde fue una oda al buen comer así que había que gastar un poco de calorías. El Ashokan Reservoir es uno de los mejores lugares de la zona para hacer senderismo y disfrutar de una vista espectacular del lago y las pequeñas montañas. Además en esta época del año el contraste entre la amplia gama de colores de los árboles y el agua y cielo gris, creaban un efecto para quedarse disfrutando un largo rato. No hay que olvidar que en estas zonas está permitida la caza y la pesca, e incluso durante nuestro recorrido llegamos a escuchar cazadores. En general pasa en muchos lugares de Estado Unidos, pero mejor tener cuidado (y no terminar inspirando el guión de un thriller).

Foto: Florencia Saavedra.

Así como la feria en Kingston era un must del viaje, también lo era conocer la destilería Tuthilltown. Ellos son los productores de Hudson Whiskey, bebida que es muy popular en New York City. El tour para conocer el proceso de producción y, claro, hacer la degustación es opcional pero solo sale 15 dólares. Si no tenés interés en hacer ese recorrido, también se puede visitar su coqueto restaurant, que además de tener muy buena comida tiene un bar con una amplia gama de tragos, claro, más que nada a base de whiskey. Como recomendación extra, les diría no quedarse adentro y disfrutar del deck o el patio con su cascada natural.

Un éxito conocer ese lugar para terminar el fin de semana y volver con las pilas cargadas a la rutina o al resto del viaje.

Destilería. Foto: Florencia Saavedra.
Destilería. Foto: Flo Saavedra.