En MoWeek la mayoría de los showrooms tenía picos de actividad. A veces estaban a tope, y por momentos reinaba la calma. The Chemist Look, sin embargo, no tenía respiro y era imposible acercarse al mostrador. Es que, desde que empezó, esta startup es el perfecto ejemplo de product/market fit: encontró un grupo de clientes y un mercado que reacciona positivamente a su producto.

Y no es casualidad. Cuando Florencia Jinchuk (27) volvió a Uruguay luego de terminar su Máster en Química Cosmética en Estados Unidos, empezó con un blog llamado The Chemist Look en el que, apoyándose en sus conocimientos, daba consejos para el cuidado de la piel. El número de lectoras empezó a aumentar, porque lo cierto es que, como dice ella, en Uruguay hay poca cultura de producto. Compramos lo que nos dice el dermatólogo o nos recomienda una amiga, muy pocas investigan las novedades y aún menos sabemos leer las etiquetas (probablemente por lo poco que aprendemos sobre ciencia en nuestra educación). Entonces, tener una voz familiar que nos guíe se volvió fundamental. Solo que, ante la pregunta de qué usar, Florencia no sabía qué contestar: usaba productos que acá no se conseguían o directamente los formulaba en el laboratorio de la universidad.

Así surgió la idea de empezar a comercializarlos y desde el principio intuía que le iba a ir bien. Del living de su casa pasó a una oficina de cuatro personas, luego fueron ocho, y ahora está por montar un laboratorio en el sector de innovación del Instituto Pasteur BIOESPINN (Bioincubadora del Institut Pasteur de Montevideo), luego de recibir la máxima financiación del Fondo de Innovación de la ANII. “En Uruguay hay muchos recursos, muchos más de los que la gente se imagina. Por eso presentamos este proyecto, para generar conocimiento nuevo. A veces paro y pienso ‘¿en qué me metí?’. Acá hay muy poca investigación, incluso desde el Gobierno no saben cómo tratar ciertos pedidos nuestros porque no hay antecedentes”, cuenta Florencia.

Los productos de TCL no prometen resultados milagrosos: ni juventud en tres meses, ni la desaparición del acné para siempre. Son formulados químicos que tienen determinados efectos en la piel y que ayudan a alcanzar determinados resultados; en el caso de que un producto no conforme, además, hay dos semanas para devolverlo y recuperar el dinero. En este sentido es una empresa que se alinea con los valores millenial, con una honestidad y simpleza que atraen a un nuevo público: informado, inteligente y decepcionado de falsas promesas. Por eso, también, el índice de re-compra es altísimo. “Yo hago los productos que yo quiero para mí y no escatimamos en nada. Ser una empresa chica te permite un dinamismo que no tiene una grande. Sale un activo, yo decido usarlo y se acabó el tema. Yo no hago productos que ya existen, siempre les doy un giro original”, explica Flo.

Foto: The Chemist Look.

¿En qué año empezaste a vender y cuál fue el primer producto?

Los primeros productos fueron los tónicos exfoliantes SA y GA, un tipo de productos que no hay acá y que es muy novedoso: exfolian la piel pero NO se enjuagan. Es exfoliación química para uso diario. Descamás pero no es visible al ojo humano, ¡dejan la piel divina! Arrancamos a fines de noviembre de 2015 con un primer lote limitado de producto que se pagaba por Abitab y los llevaba yo personalmente a cada casa.

¿Hoy cuál es el producto hit de The Chemist Look?

El hit es la Vitamina C, que es una fórmula que se combina con ácido ferúlico. Sirve para desaparecer manchas y para iluminar el rostro. También se usa para prevenir el envejecimiento.

¿Cuáles te parece que son las claves para el éxito de The Chemist?

No guiarme por las ventas. Necesito escucharme y seguir mi instinto, saber qué consejos escuchar y cuáles no. Me concentro en hacer el mejor producto y que funcione increíble, eso es lo que me mueve. Otra clave es que hay un punto en el que tenés que tener el ojo y el coraje de cuando empezás a crecer, contratar a alguien más. No hay tiempo para desperdiciar. Si por semana los mensajes aumentan de a 100, obviamente la misma persona no los puede abarcar, entonces hay que sumar a alguien al equipo rápido y con cuidado. Por último, concentrarse en lo que uno hace, no mirar al costado, a la competencia. Es energía que desperdiciás.

También es importante la confianza que lograste de parte de tus clientas.

En la cosmética hay mucho de confianza. Como por ejemplo, al comprar una joya yo no sé si es oro o qué, tengo que confiar en quién me lo vende. Y eso es algo que logramos con The Chemist. Porque no soy la única que tiene productos con vitamina C, por ejemplo. Hay de todo en la industria, hay productos de otras marcas que no sirven para nada y hay otros que tienen una ciencia detrás impresionante, que incluso han llevado a avances en la medicina.

Ahora que mencionás la medicina. Muchos ven a la cosmética como algo banal, pero en realidad es ciencia. ¿A vos qué te parece?

Como cuidás tu cuerpo, cuidás tu piel. Es el órgano más grande que tenemos, te protege del medio exterior, es fundamental. Vos podés mirar al producto desde el lado más banal, como sacarte las arrugas -que para eso tenemos el Snap-8 que funciona genial, es como el botox-. Pero después tenés la Vitamina C nuestra, que neutraliza los rayos UV que pasan más allá del filtro solar. O la gente que tiene menopausia, que a veces la piel se les reseca y le molesta y necesitan algo para resolverlo.

¿Te llena estar aportando a la investigación científica en Uruguay?

Me copa, es mi objetivo para este año. Hay tanto recurso humano que no se aprovecha… La gente no tiene idea de ese mundo, que es increíble. El Polo Tecnológico de Pando es espectacular. Yo trato de hacer todo lo que pueda acá en Uruguay. Mi idea es generar sinergia con otras empresas nuevas de base científica para demostrar que sí podemos. Lo que pasa es que hay poca inversión y muchas veces se sabe investigar pero no vender, entonces se terminan los recursos.

¿Hacia dónde buscan crecer con The Chemist?

Acabamos de empezar a vender en Paraguay y en un futuro en México. El tener cada vez más productos es parte del ADN de nuestra marca. Cada vez que yo veo un activo nuevo, fuerte, que funciona, lo quiero usar. Voy a las ferias de innovación y traigo lo último. Cada dos o tres meses saco productos. De hecho, lo haría todo el tiempo. Si entrás a mi oficina hay un pizarrón lleno de fórmulas de productos que quiero sacar.

¿Cuál es su principal desafío?

Nuestro gran desafío es la logística. Hay muchas empresas que fallan por un crecimiento exacerbado que lo abruma. No les da la capacidad para cumplir con los envíos para todo el mundo, contestar los mensajes. No sos la única marca, entonces cuando la gente te presta atención, si no le das lo que esperaba se va para otro lado. Hoy en día lo difícil para nosotros es eso. Es el dicho ‘Be big, act small’. No por la humildad, sino por estar en los detalles, las cosas chicas.

¿Cuál es principal mito que tienen las uruguayas en relación a la cosmética?

Creer que lo de afuera es mejor. Hay muy poca cultura de producto, no se sabe qué son los activos ni se trata de educar en ser un consumidor más consciente.

Todos los productos de The Chemist Look se consiguen aquí.