Más que festival o mega recital, la palabra que define mejor al Lollapalooza es experiencia, porque va mucho más allá de la música. En nuestro caso, la llamamos #LollaCouture, y nuestra mirada estaba puesta tanto en la música como en la moda, la comida, las actividades y el ambiente para poder transmitírselo a ustedes.

En el caso de los que viajamos desde Uruguay la experiencia es mucho más rica, porque implica una odisea cansadora y estimulante a la vez: durante el viaje a Buenos Aires es imposible pensar en mucho más que en los increíbles shows frente a los que se va a estar en cuestión de horas.

El viernes 31 de marzo, una vez arribados, nos trasladamos al Hotel Dazzler Polo, ubicado en Palermo, acercándonos cada vez más al Hipódromo de San Isidro, donde tiene lugar el festival. Gracias al early check in aprovechamos a desayunar rico, variado y abundante, preparándonos para el Lolla, donde no sabíamos cómo iba a ser el tema comida -en 2014 había sido un lío importante-.

Descansamos unas horas en nuestras habitaciones -que como tenían las camas más cómodas del mundo daban ganas de quedarse ahí todo el día- nos calzamos las Vans, nuestras aliadas del fin de semana y emprendimos el viaje como unos reyes en Cabifyajenos al ritmo trepidante de la ciudad.

Pidiendo el Cabify para ir al hotel. Foto: Martín Hernández.
Pidiendo el Cabify para ir al hotel. Foto: Martín Hernández para Couture
Hotel Dazzler Polo. Foto: Martín Hernández.
Hotel Dazzler Polo. Foto: Martín Hernández para Couture
El desayuno del Hotel Dazzler. Foto: Martín Hernández.
El desayuno del Hotel Dazzler. Foto: Martín Hernández para Couture
Con las Vans prontos para salir. Foto: Martín Hernández para Couture.
Con las Vans prontos para salir. Foto: Martín Hernández para Couture.

El día 1 del festival

Al llegar al predio, la entrada era relativamente rápida gracias a la tecnología de las pulseras y a la cantidad de guardias de seguridad que había. A lo largo de todo el fin de semana la organización se mantuvo impecable, con filas rápidas, varias opciones gastronómicas (que descubrimos el segundo día recién), cientos de baños y puestos de reciclaje. ¡Un aplauso para ellos!

En la entrada, un cartel gigante de Lollapalooza nos recibía y era ideal para una foto, pero apenas llegamos corrimos -literalmente- para ver a los compatriotas de Campo, única banda uruguaya en el line up, que la rompió. Los temas bailables que iban a la perfección con el espíritu del festival: “Bailar quieto”, “La marcha tropical” y “Cumbio” hicieron bailar a todo el público del show. Con su buena actuación seguramente la banda le haya abierto la cancha a otros grupos uruguayos para que toquen en próximas ediciones.

Después de Campo recorrimos un poco el predio y vimos looks increíbles, con el denominador común de las medias de red, el glitter en el rostro, las Vans, el denim en todas sus formas y los metalizados -tranquilos que en breve se viene el coolhunting con más sobre este tema-. El ambiente era relajado, con gente tirada en el pasto charlando, otros bailando y hasta alguno durmiendo. Y eso es tal vez lo más sorprendente o atractivo de Lollapalooza: todo el mundo está ahí para disfrutar y a nadie le importa cómo bailás o qué ropa te pusiste, están en la suya.

Foto: Martín Hernández para Couture.
Foto: Martín Hernández para Couture.
El desayuno del Hotel Dazzler. Foto: Martín Hernández.
Foto: Martín Hernández para Couture
Foto: Martín Hernández para Couture.
Foto: Martín Hernández para Couture.
Foto: Martín Hernández.
Las Vans fueron una constante del festival. Foto: Martín Hernández para Couture

En la tardecita fue el turno de Cage The Elephant, una de mis bandas favoritas, que confirmó que tiene uno de los mejores frontmen del momento, Matt Schultz. Con movimientos a lo Jagger el cantante hizo saltar, llorar y cantar a todos los presentes apoyado en los temas que iban desde las baladas al rock más movedizo. Y al terminar tuvimos que tomar la decisión más difícil: ¿Tove Lo o The XX? Nos inclinamos por la primera, ante la insistencia de Martín 😂, y bailamos como locos sus temas más poperos. Aunque dicen que The XX fue espectacular también, no nos arrepentimos.

Es que en el Lollapalooza es imposible ver a todas las bandas e incluso se podría decir que el atractivo, en sí, no es quién va a estar sino el vivir la experiencia de estar ahí -por eso las primeras entradas se venden sin revelar el line up-. Y sí, si sos muy fan de un grupo vas a estar feliz de estar en su recital, pero en el resto del tiempo la idea es aprovechar al máximo sin enloquecerse. El objetivo es pasar un fin de semana rodeado de buena música y un ambiente feliz, y se logra.

Cage The Elephant. Foto: Lollapalooza.
Cage The Elephant. Foto: Lollapalooza.
Foto: Martín Hernández.
Foto: Martín Hernández para Couture

A la noche llegó el turno de uno de los pesos pesados del día: Metallica. Si bien fueron a presentar un nuevo disco, la mayoría de quienes estaban ahí esperaban los clásicos y la banda supo cumplir: “Nothing Else Matters”, “Master of Puppets”, “Fade To Black”, “Seek & Destroy” y “Enter Sandman” lograron convencer incluso al público que no es seguidor del grupo y a los fanáticos, que en algunos casos habían comprado la entrada solo para verlos a ellos.

Los encargados de cerrar la jornada fueron The Chainsmokers, el dúo de DJs más millennial del mundo, que sorprendentemente tiene fieles seguidores. Quienes entendían su música, que pasaba de momentos altos a bajos de un momento a otro, disfrutaron como locos incluso cuando la venta de alcohol estaba prohibida. El resto, como nosotros, no entendía qué tenían de atractivo estos dos chicos. Lo bueno, es que este final sirvió para escalonar la salida y que el público fuera abandonando el predio de a poco para emprender el regreso maratónico. Nosotros, por suerte, habíamos reservado Cabify así que nuestra vuelta no tuvo demasiados problemas.

A medida que nos alejábamos del predio finalmente volvió la señal de Internet, que fue el gran bajón generalizado, no solo para nosotros sino para los argentinos: era prácticamente imposible conseguir conexión. Resulta increíble que hoy, y más en una experiencia que está prevista para compartir, la señal no funcione a la perfección.

El día 2 del festival

Foto: Martín Hernández.
Foto: Martín Hernández para Couture.
Foto: Martín Hernández.
Foto: Martín Hernández para Couture.

Para el segundo día la cuestión era distinta: la intensidad del viaje y de la primera jornada ya nos estaba pasando factura, así que las energías no eran las mismas. Y el line up acompañaba ese espíritu: salvo Duran Duran, que escuchamos tirados en el pasto, no había nada que nos emocionara demasiado hasta entrada la tarde, cuando era el turno de The Weeknd.

El tomarnos la tarde de forma más relajada nos sirvió para cargar plata en nuestras pulseras -tomaba apenas unos minutos- y pasar por los foodtrucks, que en el primer día no habíamos encontrado. Después de contemplar las opciones, que incluían desde papas rústicas a helados artesanales, nos decidimos por unos nachos con guacamole (fue una gran elección).

Pasamos por los recitales de Turf, Tegan and Sara y el de Lisandro Aristimuño -que nos sorprendieron gratamente-, nos encontramos con Moni y el grupo de influencers de Levi’s, e hicimos un poco de coolhunting. Cuando queríamos acordar faltaba media hora para ver al esperado The Weeknd. Teniendo en cuenta que es uno de los artistas del momento y la cantidad de gente que tenía su merchandising nos fuimos acercando al escenario para reservar nuestro lugar. Tal vez no fue la mejor decisión, porque a los minutos ya era imposible de respirar.

Foto: Lollapalooza.
Foto: Lollapalooza.
Foto: Lollapalooza.
Foto: Lollapalooza.

De todas formas, cuando salió el cantante al escenario y abrió el show con “Starboy”, el mal momento valió la pena. A fuerza de hits como “Can’t feel my face” y “I feel it coming” y una gran destreza vocal, The Weeknd logró hacer vibrar a miles de personas que estaban ansiosas por verlo. Sin duda está camino a convertirse en algo grande, pero le falta trabajar un poco su don de showman. ¡Seguro que en un par de ediciones cierra el festival!

Y ahora sí, al fin era el turno de The Strokes, la banda de la adolescencia de muchos y su primer amor del rock. Antes de empezar sonaron los primeros acordes de “Reptilia”, en su versión cumbia, y para ese momento el público ya sabía que venía algo increíble. Julian Casablancas había decepcionado en la primera edición del Lolla, cuando tocó con su proyecto solista, y por eso había ciertas dudas de cómo sería este recital. Pero, más allá de algunos chistes malos, estuvo muy bien en su trabajo como vocalista y logró, junto al resto, sacar lo mejor de nuestra nostalgia. Gracias, chicos.

En el mismo plan que el primer día, el cierre era electrónico y estuvo a cargo de Flume, que acaparó al mismo séquito de millennials bailadores que The Chainsmokers, y permitió que los treintañeros se fueran de The Strokes derecho para la salida.

Foto: Lollapalooza
Foto: Lollapalooza

La experiencia

Escribimos hoy el lunes, habiendo procesado estas treinta horas de música y tachando de nuestra lista el ver bandas que amamos como The Strokes. El Lollapalooza es una experiencia que todos deberíamos vivir al menos una vez en la vida. Durante dos días 200.000 personas entraron en un terreno mágico en el que se borran las fronteras y los problemas para dar lugar a la positividad y a la música. ¡Gracias por seguirnos y nos veremos el año que viene!

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