Intenso. Fragmentado. Combativo. 2018 parece haber sido un año en que muchos de los procesos sociales que se venían gestando empujaron lo suficiente como para generar cambios reales, algunos de los cuales asoman tímidamente y otros se solidifican en leyes, #NuevasReglas o en conductas que ya no podremos ver de la misma manera en que lo hicimos toda la vida.

En la moda, no podemos evitar sentir una crisis de creatividad. Las necesidades de responder ante inversores y accionistas provoca movimientos conservadores y los grandes pases de directores creativos muchas veces no lo resisten. Extrañamos a Phoebe Philo y Céline con acento. El intelectual Raf se bajó del rodeo americano de Calvin Klein. Nunca fuimos tan libres, nunca tuvimos tanto acceso a lo diferente, y al mismo tiempo nunca seguimos tantas modas, que además son cada vez más efímeras. La respuesta, creo yo, estará en cultivar la real individualidad y conectar desde allí.

La tecnología avanza y apunta a sumergirnos en la cuarta revolución industrial, desde los textiles y la manufactura hasta la comunicación y el retail. Atravesamos tiempos de cambios y nadie sabe demasiado qué rumbo tomar. Los países de Oriente seducen con su cada vez mejor calidad y precios competitivos; como resultado, salvo excepciones como Brasil, el diseño y su confección se alejan geográficamente. El año 2018 dejó como saldo el cierre en Uruguay de importantes empresas del rubro textil que venían sobreviviendo: la fábrica Ambelir (que producía para Etiqueta Negra y Rotunda entre otros), y nuestros amigos de Medea; también trajo nuevas firmas de fast fashion al mercado y, aunque no tengamos pruebas aun, probablemente lo primero se haya visto afectado por lo segundo.

Lo que queda claro es que no se trata de una era para tímidos. Ser valiente se impone. Hablar, luchar, expresarse. Buscar alternativas, desafiar, aunque a veces no sea suficiente. Tanto como consumidores como creadores. Se avecinan tiempos de crisis y años electorales, y habrá que ver qué nos depara.

Podemos seguir hablando, pero les dejamos un resumen de los fenómenos más relevantes para el universo Couture y aledaños. Entendemos que, recapitulando, podremos avanzar mejor hacia 2019:

Año de las mujeres

Las movilizaciones en pos del aborto legal en Argentina

Si algo atravesó 2018 fue la imparable fuerza femenina, como respuesta histórica ante años -¿siglos?- de desigualdades y abusos. Movimientos como #MeToo, las campañas por la legalización del aborto en Irlanda y Argentina (que aunque no haya salido la votación en Senado, dejó una huella importante y el color verde asociado para siempre); la expansión, muy cuestionada por cierto, del lenguaje inclusivo y finalmente las recientes acusaciones en Argentina de la actriz Thelma Fardín a Juan Darthés, apoyada por el colectivo de actrices bajo el lema #Mirácomonosponemos. Por cierto, han sido muchísimos los pesos pesados acusados o “cancelados” en el mundo de la moda, incluyendo abusos homosexuales: los fotógrafos Terry Richardson, Mario Testino y Bruce Weber, entre otros. Ya no podemos mirar hacia otro lado.

Black Power

La colección SS19 de Pyer Moss celebra la cultura afroamericana

Hasta ahora, habían sido más los escándalos por apropiación cultural de decenas de elementos aportados por la cultura afro a la moda que una real narrativa proveniente de voces propias de la comunidad. En 2018, sin embargo, las cosas parecen comenzar a cambiar: no sólo una de las marcas más hegemónicas del mundo contrató a un diseñador afro (Abloh a Vuitton), sino que el crecimiento sostenido de figuras como Michelle Obama, la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie o Zadie Smith están acercando sus relatos y generando una nueva consciencia. Por su parte, la marca Pyer Moss –cuyo diseñador, Kerby Jean-Raymond, fue el ganador del premio CFDA en 2018-, celebra la cultura afro en Estados Unidos, y vale la pena conocerla. En Uruguay tenemos a Akana Clothing que trabaja con telas y confección ghanesas, y es una buena oportunidad para acercarse a la moda africana, que dicen que será la de más crecimiento en los próximos años.

Color

Me prometí escribir un post sobre este tema que me obsesionó personalmente este año –spoiler: no fui la única-. Desde los monocromos en tonos de rojos de la docuserie de Netflix Wild, wild country a los tailleurs de la Reina Isabel, el color es el nuevo negro y utilizarlo involucra no sólo no un mayor conocimiento personal (y si no lo tienen, la colorimetría que realiza Debbie Goldfarb es un must), sino que expresa una mirada lúdica y valiente hacia el mundo. Además, dicen los que saben, rinde mucho más en los posteos de redes.

El streetwear es el nuevo lujo

Kanye West & Virgil Abloh

¿O no? Bajo la influencia de Demna Gvsalia –desde Vêtements pero sobre todo Balenciaga-, de Kanye West con Yeezy, de Gosha Rubchinskiy y de la figura más relevante del año, el señor Virgil Abloh, que desde su pedestal en Off-White pasó a ocupar la dirección creativa de la división masculina de Louis Vuitton; el crossover de la estética callejera con el lujo ya se venía gestando, pero tuvo este año un pico altísimo que nos lleva a cuestionarnos nuevamente la noción del lujo. ¿O acaso la “falsa exclusividad” en prendas o calzados realizados en serie a partir de materias primas no premium es lujo? Continúa el debate.

Instagram brands

Los lentes de Poppy Lissiman

Si bien ya existían previamente, podemos afirmar que en 2018 las llamadas “Instagram brands” se consolidaron como una de las tendencias más fuertes del año. De nuevo, Google sirve para ratificar este dato: Fashion Nova, una de las marcas más populares, lideró las búsquedas para el rubro moda. Otras de las más conocidas son la grifa de anteojos Poppy Lissiman –supuestamente responsable de la vuelta de los mini lentes- y LPA, la marca de Lara Pia Arrobio, ex jefa de producto de Reformation que dejó pasar una oportunidad en Zara cuando desde la marca millennial Revolve le ofrecieron crear su propia línea. ¿La clave? Producto de moda sin colecciones, imágenes que dan en el clavo y celebridades amigas que lo luzcan en sus redes. Ni siquiera, parece, hace falta ser diseñador.

La belleza es la nueva moda

 

Y ya no pertenece solamente a las firmas tradicionales, aunque parece que hubiese lugar para todos en un mercado que espera que crezca a la suma total de 566 billones de dólares para 2026. Los millenials –cuando no- responden a otros estímulos, como un branding más honesto, productos naturales e incluso la diversidad traducida a maquillaje, como supo capitalizar Rihanna con su línea Fenty. Otras voces como las de Glossier o hasta Kylie Jenner conquistan, y las expertas ahora viven y venden online. Recomiendo esta nota para entender un poco más de este fascinante fenómeno.

Meghan Markle

Podremos pretender que no, pero las búsquedas en Google son implacables: 2018 fue el año de Meghan Markle, demostrando que una figura bella, carismática y activista también puede pasar a ser princesa y que, pese a todo, seguimos queriendo creer en los cuentos de hadas. Ayuda, claro, su sentido de la moda, que la vuelve objetivo de titular a diario.

Moda diversa

Mientras que los paradigmas de belleza y delgadez imperantes se resquebrajan, ya no parece tener más sentido seguir evocando a una misma estética –y si no pregúntenle a la enorme crítica a la que se vio sometido, quizá por primera vez con tanta fuerza, el desfile de Victoria’s Secret-. La moda encuentra en cuerpos y tipologías antaño ocultas nuevas oportunidades de mercado que hacen que más gente ahora tenga acceso a las tendencias. Desde Couture, Ale Pintos ha hecho muy buenos aportes en consonancia con Victoria Ripa, activista local del tema.

Moda modesta

Un fenómeno muy particular sobre el que ya escribí pero vale la pena recordar: 2018 fue el año en que la “moda modesta”, asociada tradicionalmente a las prácticas religiosas extremas, trascendió para ganar en glamour y hasta ser adoptada como un gesto feminista. Es muy pronto aun para ver las consecuencias de esta extraña vuelta de tuerca -¿qué dirían las feministas originales de taparse como gesto subversivo?- pero prepárense para ver muchos “vestidos de la pradera” en las próximas temporadas.

Sneakers

Son el estandarte del streetwear y claramente nada nuevo. Lo que sí es nuevo es su investidura como objetos universales del deseo –hola, triple S de Balenciaga– y, al mismo tiempo, su carácter funcional. Parece obvio, evidente, pero que la moda finalmente nos “permita” combinar cualquier atuendo, por más formal o fancy que sea, con calzado de suela de caucho, hará que andemos por la vida más cómodos y seguros. A eso le llamo yo una revolución.

¿Y para ustedes? ¿Cuáles fueron los hechos más relevantes?