Cómo dijo hace poco la astróloga y madre @catunah en un tweet, la vida es demasiado corta como para leer libros sobre maternidad. Si bien muchas veces caemos en la tentación de recurrir a la palabra de los expertos para tomar decisiones sobre cómo ser una buena madre (sobre todo si somos primerizas), más tarde caemos en la cuenta de algunas verdades. Que ineludiblemente seremos “malas madres” y que ya bastante tiempo real y físico les dedicamos como para que esa temática que inunda nuestro ser nos coopte, también, el recreo literario.

Personalmente, no disfruto los libros de recetas de crianza. He leído, sí, algunos pocos en el embarazo de mi primer hijo, y debo confesar que solo aportaron a la confusión. Pero la maternidad en la literatura es algo que disfruto muchísimo. Tanto en formato ficción como en crónicas o diarios, todo lo que no tenga un tono imperativo sino que funcione a modo de registro de los avatares de criar seres humanos me interpela. Teniendo en cuenta que en Argentina hoy celebramos el Día de la Madre (en el Mes de la Madre, como el marketing se ocupó de nombrarlo), comparto algunas piezas literarias para regalar que segurísimo disfrutarán las madres de chicos de cualquier edad.

El bebé de Marie Darrieussecq (Anagrama)

Es extraño encontrar literatura sobre la maternidad en una editorial como Anagrama, pero cuando uno se adentra en las escasas páginas de El bebé, entiende por qué decidieron editar este libro. A modo de cuaderno de notas sobre los primeros meses de su primogénito, la francesa Darrieussecq relata con minucioso detalle las sorpresas que le proporcionan la llegada y el crecimiento de ese ser. Desde la gracia que le generan sus caras al intentar hacer caca, hasta la pena que siente cuando descubre mugre justo después de sacarlo de la bañera, Darrieussecq navega en un cúmulo de sentimientos sin aparente orden lógico, logrando un texto marcado por el ritmo que le dan los escasos momentos que el niño le permite sentarse a garabatear sensaciones sobre la nueva experiencia.

Indaga sobre el conflicto entre el mundo exterior y el encierro maternal que la cultura occidental no ha logrado destrabar, sobre los nuevos temores que ahora la interpelan, algunos lugares comunes del amor de madre que no ha podido evitar y el intento por comprender a la criatura humana: “seguro que hay algo que buscar, que entender ahí”. No se trata tanto de las zonas oscuras de la maternidad como del descubrimiento del nuevo vínculo y sus contradicciones, por eso es el libro que más veces he regalado a mis amigas futuras madres.

Extracto: Felicidad de escribir, felicidad de estar con el bebé: felicidades que no se enfrentan. Sigue gimiendo en mi interior, socarronamente, la cantinela: “No es posible ser una intelectual y una buena madre”, no es posible pensar y jugar a las muñecas. Santa Beauvoir. Felicidades que, lejos de devorarse entre sí, se alimentan mutuamente. La escritura crece aquí con el bebé, y el bebé se aprovecha de la escritura, ya que este cuaderno hace feliz a su madre. No dejo de trabajar.

El bebé, Marie Darrieussecq. Foto: Editorial Anagrama

 

Lo mejor posible de Susan Cheever (Emecé)

La hija de nuestra excelencia, John Cheever, analiza en estas páginas el recorrido de su caótica maternidad para encontrar respuestas sobre cómo hacer de los hijos buenas personas. Conversando hace poco con mi amiga madre reciente @gdolores sobre el difícil arte de hallar una niñera, me contó sobre este libro que tiene un capítulo entero dedicado a ellas, y decidí conseguirlo.

Cheever detalla quirúrgicamente todos los errores que ha cometido como madre, para intentar detectar los aciertos que han superado ampliamente las malas decisiones, haciendo de sus niños -de 18 y 10 años al momento de la publicación en 2003- personas amorosas y generosas.

¿Cuáles han sido sus peores errores? Dos divorcios, un prontuario de alcoholismo severo y levantarle la mano a sus hijos, rankean en lo más alto de las cosas que la buena maternidad prohibe. Cheever trabaja tópicos como la fe, el consumo de alcohol y drogas, las niñeras, el soborno y los caprichos, e intenta visibilizar los conflictos más difíciles de resolver con algunas ideas contrarias a lo que indican los libros mainstream de crianza. Así, cuenta como sobornó con dinero a su hijo para que leyera los libros de Harry Potter (después de todo, afirma, solo se trata de generar un estímulo. Sabía que le iban a encantar) y relativiza el horror que sienten algunos padres cuando sus niños juegan con armas de juguete (La verdadera violencia no sucede en la televisión, sino en nuestras casas, y es el abuso de poder, dice).

Extracto: Elegimos niñeras que para nosotros sólo tienen una dimensión. No las conocemos a ellas o a sus familias. No visitamos sus casas o conocemos a sus hijos. A menudo ni siquiera hablamos su idioma. Entonces, les pagamos mal. Entonces, les confiamos nuestras posesiones mas preciadas. Creemos lo que necesitamos creer: que aman a nuestros hijos. Hacemos esto porque, en general, no tenemos otra opción. A veces, aman a nuestros hijos.

 

Lo mejor posible, Susan Cheever. Foto: Amazon


La mujer helada de Annie Ernaux (Cabaret Voltaire)

Esta novela de Annie Ernaux se podría describir como la historia del triunfo del mandato social por sobre el deseo. Narra el recorrido vital de una mujer de clase media desde su infancia hasta su adultez, cuando se casa y tiene dos hijos, y cómo ese hecho la convierte en la mujer helada, debido a las tensiones que generan sus obligaciones domésticas y sus verdaderos intereses personales. El relato desde la infancia permite reconstruir la forma en que se va convirtiendo en esa mujer atrapada en un rol social asignado, encarnando la frase de Simone de Beauvoir “no se nace mujer, se llega a serlo”. Si bien sus padres incentivan su independencia y fomentan que estudie una carrera universitaria, las presiones sociales son mucho más fuertes y la influencia de las revistas femeninas, el amor romántico y la preocupación por la apariencia física se imponen.

Las desigualdades en el matrimonio son notorias; él prosigue con su carrera y simula “ayudarla”, mientras que ella pone sus intereses en pausa hasta que no encuentra otra forma de cambiar su vida que teniendo un segundo hijo (“nunca volveré a caer tan bajo”, reflexiona sobre esta decisión).

Ernaux publicó La mujer helada a principios de los 80, en plena revolución cultural sobre el rol femenino. Si bien hoy puede resultar anticuado en algunas de las descripciones de las presiones (en otras resulta brutalmente vigente), no deja de ser un testimonio que sintetiza la realidad de una generación. En algunas entrevistas Annie Ernaux ha confesado que escribió el libro por necesidad absolutamente personal, que le ha permitido entender su propio recorrido como mujer y finalmente tomar la decisión de divorciarse.

Extracto: Él jamás atravesó Annecy con un niño en el cochecito ni se abrió paso con cuidado entre la multitud de las aceras dicien­do: «permiso». Jamás esperó en un banco a que pasara la tarde y a que el niño creciera. Descubrió Annecy con las manos en los bolsillos, tranquilo, después de su trabajo, con todo el espa­cio libre y despejado ante él. Yo sólo conocía las calles que recorría con el cochecito y las de las compras, la del carnicero, la farmacia, la tintorería, calles útiles. Cuando por las tardes -cita con el médico, peluquería, una compra cualquiera-, salía sola y él se quedaba cuidando al Renacuajo, yo aterrizaba como una loca en la acera, mosca medio aturdida, y tenía que aprender de nuevo los andares de una mujer sola. El interior, el apartamento, él debía representárselo como la imagen bien perfilada de un refugio, y no como la de un lugar que ordenar constantemente, que le asalta a uno en cuanto entra, los paquetes que colocar, la comida del pequeño que preparar, el baño. No habitábamos el mismo apartamento a fin de cuentas.

La mujer helada, Annie Ernaux. Foto: Book Depository


Nueve lunas de Gabriela Wiener (Literatura Mondadori)

Esta escritora limeña, conocida por sus relatos eróticos y experiencias sexuales transgresoras, relata en Nueve lunas el recorrido de su embarazo de una manera descarnada. Con una mirada desnaturalizada de los típicos clichés, detalla las particularidades físicas de un estado que se dice natural pero que no deja de ser ciencia ficción. El relato de Wiener no tiene nada que ver con la mirada edulcorada y rosa con la que se cuenta mayormente un embarazo; más bien todo lo contrario.

El hecho de ser un emblema del periodismo gonzo, que no ha titubeado en llevar a su marido a experimentar encuentros swinger para escribir sobre el tema, le da al libro un valor de crudeza y sinceridad extra. Las que nos encontramos en el relato no oficial de la maternidad, lo agradecemos. No sólo escribe sobre el incordio de los vómitos y la incomodidad del sexo, sino que se interesa en la evolución de la maldad maternal hacia los hijos, en el sentido de las tensiones que surgen cuando los niños quieren imponer su poder. También trabaja temas satélites mayormente banalizados y omitidos como los abortos, el porno para embarazadas o la relación con la propia madre. Nos gusta Nueve lunas porque la muerte y el gore tienen tanto lugar como la potencia de la creación de la vida.

Extracto: He llegado a pensar que el gobierno debería poner anuncios en las calles con un slogan como “no lo intentes”, “a los embarazos deciles que no” o “buscá buenos amigos, no tengas bebés”, como en aquellas campañas antidrogas, con las fotos de antes y después de tener un hijo. A ver si así por fin se dan cuenta.

Nueve lunas, Gabriela Wiener. Foto: Amazon