Mientras preparábamos las temáticas para mayo, mes de los emprendedores y las madres en Couture, me enteré de una historia cercana que me emocionó mucho y que representa otra demostración de lo que somos capaces como seres humanos a la hora de buscar lo que realmente nos mueve.

Nathy Fraenkel tiene 33 años. Está casada hace nueve y junto a su marido son padres de Teo, de 3 años y de Oliver, de un mes y medio. Es diseñadora industrial y hace 8 años que co-dirige el estudio de interiorismo si, mona. Le ha tocado luchar en varios aspectos de su vida y el nacimiento de su segundo hijo no fue ajeno a esta realidad.

Luego de un embarazo complicado con Teo, y la recomendación de no tener más, comenzaron a investigar y llegaron a la conclusión de que irían por la subrogación o el famoso “vientre de alquiler”, una “técnica de reproducción asistida que consiste en que una mujer, de común acuerdo con una persona o pareja, acepta que se le transfiera a su útero el embrión previamente engendrado mediante fecundación in vitro por esa otra persona o pareja, con el fin de quedar embarazada de dicho embrión, gestarlo a término y parirlo en sustitución de la mencionada persona o pareja”.

Si bien en Uruguay la subrogación es legal desde la aprobación de la ley de la Reproducción Asistida en 2013, solamente se puede llevar a cabo con una hermana o cuñada de la madre y luego de que esta compruebe infertilidad. El sistema de subrogación solamente está regulado 100% en India y Estados Unidos, adonde finalmente recurrieron Nathy y su marido. Esta es su emocionante historia.

Nathy con su marido y sus hijos, este pasado marzo en Chicago

Teo nació en 2013. ¿Qué sucedió durante su embarazo que hizo replantearse la idea de tener más hijos o de cómo tenerlos?

Al principio todo iba bien. Luego surgieron unos problemas de salud y tuve que pasar los últimos dos meses del embarazo internada y monitoreada las 24 horas del día. Contábamos semana a semana el avance del peso del bebé y mi estado para encontrar un punto de equilibrio en el cual los dos estuviésemos bien; hasta que, en la semana 34 y con 2,600 kg, nació Teo. Mientras me estaban cosiendo la herida de la cesárea, mi ginecólogo se acerca del otro lado de la cortinita  y me dice: “Te felicito, pero si vos fueras mi hija, no te dejo tener más hijos”.

En ese momento no nos importaba nada, teníamos a Teo. Por un tiempo no lo razonamos, pero alrededor del año y medio de nuestro hijo empezamos a plantearnos qué hacer. Y luego de varias consultas y variados pronósticos y una especie de “duelo”, nos convencimos que no íbamos a ir por el camino tradicional.

¿Cuándo empezaron a averiguar por la subrogación y por qué? ¿Fueron guiados por algún especialista local?

Crecimos viendo Friends, y nuestra idea hasta el momento era Phoebe siendo la subrogada de los bebés de su hermano 😉 Pero mi prima, la Dra Lucía Abulafia, se dedica a la reproducción asistida, y nos contactó con algunas de las pocas personas que sabían algo sobre el tema en Uruguay. El camino fue más rápido de lo que esperábamos: nos contactamos con una clínica de fertilidad en Estados Unidos y empezamos con los exámenes, aprendiendo a medida que iban surgiendo las cosas y siempre consultando con mi prima.

¿Cómo es el proceso de subrogación de principio a fin?

En general, el proceso se hace a través de una agencia (como los de solos y solas), aunque en este caso buscan el match para los “intended parents” (nosotros) y la subrogada (el hornito que iba a llevar nuestro embrión). Después de leer varios perfiles, elegimos a Erika, la conocimos vía Skype y fue amor a primera vista. Vale aclarar que es un proceso muy caro pero las subrogadas, más allá de recibir dinero, lo hacen por amor, por dar, y no como un trabajo.

Así, después de mucho papeleo, viajamos a Chicago a hacer el proceso de extracción de óvulos y fecundación igual que como una in vitro, solo que en vez de transferirme el embrión a mí se fecundaba en nuestra subrogada. Nosotros usamos nuestros embriones, pero muchas veces, cuando hay un problema de fertilidad, se usan donantes. Hicimos una primera transferencia en abril y no quedó; hicimos una segunda en julio y ahí vino el positivo. Así empezamos, como todos los papás, a contar semana tras semana.

¿Cómo fue el vínculo con la madre subrogada? ¿Qué requisitos debía cumplir?

Los requisitos para ellas son tener hijos previamente y tener su “familia cerrada”, o sea, no querer más hijos propios y un sistema de contención económica que les permita vivir bien mes a mes si tuvieran que hacer reposo durante todo el embarazo.

Nosotros seguimos cada eco, hacíamos Skype para ver cómo crecía nuestro bebé, escuchábamos los latidos… Ella, por su parte, se sacaba la típica foto semana a semana para ir viendo como crecía la
panza.

Si no hubiese funcionado, ¿hubiesen pensado en adoptar?

Nunca nos planteamos qué hubiese pasado si no quedara, nunca fue una opción. Una vez que nos convencimos de que esta era nuestra manera de agrandar la familia, siempre lo vimos como un hecho.

¿Cómo vivió su familia y su entorno todo el proceso?

Cuando empezamos a contar lo que estábamos haciendo, la mayoría de la gente tenía la misma idea de Phoebe en Friends que nosotros, y no mucho más. Nos preguntaban si se iba a parecer a nosotros, qué pasaba si la “surro” no nos quería dar a nuestro hijo, qué pasaba con el pecho. Pero siempre alrededor sentimos mucho apoyo y más que nada alegría porque sabían lo que habíamos pasado con Teo.

¿Cuándo nació y cómo vivieron la llegada de Oliver? ¿Cuándo viajaron a Uruguay?

Vivimos todo el embarazo de lejos pero súper felices y en marzo de este año viajamos los tres a Chicago a buscar a Oliver. Estuvimos en la cesárea, lo vimos nacer y a partir de ahí todo fue como si siempre hubiese estado adentro de mi panza. Teníamos una habitación con él en el hospital, yo le daba teta (me había estado estimulando previamente), etc.
En el hospital nos hicieron la partida de nacimiento donde figuramos nosotros como los padres biológicos y con eso hicimos el pasaporte para poder viajar. De todos modos nos quedamos 20 días en Chicago para viajar más seguros.

Ahora sos madre de dos. ¿Cómo funciona eso con tu emprendimiento?

Soy feliz trabajando de lo que me gusta. Cada proyecto es muy diferente al próximo, no se repiten experiencias. Desde el punto de vista de ser mamá me permite manejar mis tiempos como quiero y poder estar a la salida del jardín, en los cumpleaños, u organizar paseos en el medio de la semana. Eso también implica que pueda estar haciendo planos un domingo de tarde y que el trabajo no termina a las 18 hs cuando vuelvo a casa. Definitivamente es fundamental armarse un buen grupo de ayuda que se queda con los nenes cuando una no está.

¿Y tienen previsto tener más hijos?

Nos encantaría tener un tercer hijo, ¡y Erika ya dijo que quiere ayudarnos de nuevo!