Qué tema. EL tema, para quienes sean madres o no. Pero para quienes lo son, mucho más. El famoso equilibrio o balance entre vida personal y trabajo, sobre todo en tiempos de hiperconexión, de infinitas elecciones -empezando por tener o no tener hijos-, de permeabilidad de roles y de miles de exigencias: hay que estar presente con los hijos, hay que dejar espacio para la pareja, para la vida social, hay que ser exitosa en el ámbito laboral (y que encima nos encante), hay que mantenerse en forma y actualizada, hay que decidir qué alimentos nos llevamos a la boca, y una larga lista de etcéteras.

Buscando que no nos tape la ola, recurrimos a cuatro #MadresCouture que admiramos, dándoles el ejercicio de introspección que cumplieron gustosas pese a, obviamente, la falta de tiempo. Federica Levrero, Eva Medalla, Arantxa Blanco y Luziana Perna son madres, trabajadoras y emprendedoras, con diversas situaciones familiares y de vida, y nos cuentan un poco de cómo hacen para mantener el equilibrio y qué aprendieron en el camino.

Federica Levrero

Edad: 34 años
Estado civil: Casada
Hijos: Manuel (5 años), Leopoldo (2 años) y Teodoro (1 año)
Ocupación: Representante del Istituto Marangoni para el Cono Sur

¿Existe un balance real entre trabajo y familia? ¿Cuál es tu fórmula?

El balance trabajo-familia es tan difícil de lograr como cualquier otro equilibrio en la vida. Lo principal es ser flexible. El equilibrio fluctúa constantemente y hay que saber cómo navegar entre los picos altos de trabajo y los de intensidad familiar, como puede ser estar de vacaciones todos juntos y lograr disfrutarlo. ¿Mi fórmula? No tengo, pero las meditaciones guiadas facilitan mucho. Desde que descubrí la web yoganidranetwork.org, al primer síntoma de nervio, 15 minutos de audio y salgo nueva. A más trabajo, más horas de meditación.

¿Qué consejo le darías a alguien que está pensando en ser madre pero le aterra perder su individualidad?

No me gusta dar consejos porque no creo que haya recetas para lograr equilibrios. Sería como decir que tengo la receta para ser feliz y no la tengo. Cuando no tenía hijos, trabajaba 10 o 12 horas al día y tenía niveles de estrés altos, quizás más que los que tengo hoy. Con los hijos aprendí a manejar ese estrés, a hacer mi tiempo más eficiente: una hora de trabajo de antes no es lo mismo que una hora de trabajo de hoy. Como tampoco es lo mismo salir y tomar una copa con mis amigas. Hoy no puedo desperdiciar el tiempo. Si trabajo, trabajo, si salgo, salgo, si hago deporte (que hoy no hago, pero me encantaría), es con plena concentración, y así todo.

¿Y qué le dirías a una madre reciente que debe volver a retomar su rutina de trabajo?

Justo soy del tipo de madre afortunada, en el sentido de que no tengo horarios. Si tengo mucho trabajo, me levanto a las 5 am, si hay paro y los nenes no tienen clase, me tomo el día. Esa libertad es impagable y no tengo a nadie a quien responder más que a mi bolsillo.

¿Si tuvieses la oportunidad de dedicarte solo a criar a tus hijos, ¿la tomarías o trabajarías de todos modos?

Para criar a mis hijos como yo quiero, tengo que sentirme bien conmigo misma para poder darles a ellos seguridad del tipo afectiva. Y para eso, tengo que trabajar, sentirme útil, sentirme bien con lo que hago. Yo no dejaría ni lo uno ni lo otro, salvo que realmente lo que te guste sea la crianza y dedicarte exclusivamente a eso, cosa que me parece perfecto. Creo que va en la personalidad de cada una. Juego con mis hijos mucho mejor cuando estoy en plena actividad laboral y tengo una hora para dedicarles en el parque que cuando tengo todo el día para estar con ellos. En conclusión, trabajaría de todos modos. Pero con la libertad que tengo yo, no es muy justo decirlo. Si tuviera que trabajar 10 horas por día de lunes a viernes, creo que me dedicaría a la crianza exclusiva y al yoga.

¿Cómo se reparten las tareas en tu casa?

Vuelve el tema del equilibrio. En casa no existen los roles tradicionales de madres y padres; salvo la lactancia y sacar la basura, los dos hacemos todas las tareas de manera rotativa según como venga el día. Las tareas se dividen como si fuera una oficina de trabajo. Cada uno tiene la misma exacta cantidad de horas en la casa que el otro. Ahora lo automatizamos, pero hasta el año pasado había una planilla pegada en la heladera que marcaba cómo se cubría cada hora de la semana. Es decir, a quién le tocaba el turno de la mañana de 8 a 9 am, a quién el del medio día, y así hasta las 19 hs donde las tareas se hacen en equipo. Equipo de trabajo total en el ámbito familiar. Pero somos medios raros. Si a uno le toca viajar, casi siempre al otro, por casualidad no tan casual, le sale un viaje al poco tiempo.

No podrías ser madre sin la ayuda de…

Mi marido. Todo el resto va y viene, a veces está, otras no.

Si tenés que ausentarte algunos días de tu casa por trabajo, ¿cómo los reponés?

Me ausento y no repongo. No siento que tenga que reponer, porque estoy cómoda con el día a día.

¿Qué momentos conservás para vos sin excepción?

Ninguno.

¿Cómo cambió tu perspectiva de tu trabajo desde que sos madre?

Cuando nació mi primer hijo, dejé de trabajar siete meses y me replanteé el trabajo que venía haciendo hacía 10 años en la agencia de viajes de mi familia, buscando darle un giro para poder tener esta libertad laboral que intuía era importante para mí. Fue ahí cuando empecé a enfocar mi experiencia como agente de viajes en la venta de estudios en el extranjero donde representaba escuelas de cualquier área: básicamente si querías estudiar en otro país, yo podía ayudarte encontrar el colegio o universidad.

Cuando nació el segundo, me cayó la ficha más clara de lo que quería (o cómo quería hacer mi trabajo) y con el tercero terminé de cerrar la idea que venía gestando 5 años atrás. Logré entender que si abarcaba muchas cosas, con el escaso tiempo que tenía, lo único que ganaba era frustración, así que busqué especialización absoluta. Hoy estoy dedicada a la representación de colegios de diseño, moda y arte, entre otros al Istituto Marangoni. Armo sus estrategias de comunicación para el Cono Sur, asesoro a los estudiantes que quieren viajar y estudiar y vinculo gente que ya estudió en estos colegios con empresas locales, prensa, semanas de la moda y demás para ayudar en su posicionamiento como profesionales en nuestra industria. Es interesante y gratificante porque cierro el círculo, desde que un joven estudiante que sale del colegio y no sabe para dónde arrancar, hasta al profesional que quiere volver a su país. Hoy agradezco haberme dado ese tiempo, ese espacio para cuestionarme. Creo que no lo hubiese hecho nunca si no fuera por la maternidad.

¿Cuál es la anécdota más graciosa que tenés alrededor de tus hijos y el trabajo?

Como insólita me acuerdo que cuando nació Leopoldo tuve que viajar a Buenos Aires y como el bebé tenía 4 meses, viajé con una chica que en ese momento trabajaba conmigo y estaba embarazada, entonces era perfecto, esperaba su primer hijo, quería aprender y me acompañó. Era un día de reuniones en el lobby de un hotel, cada reunión duraba unos 45 minutos y tenía unos minutos entre reunión y reunión, en los que le daba pecho al bebé escondida en el baño, horrible. Y mientras yo me juntaba con los estudiantes que querían estudiar moda en Europa, el bebé sentado en su coche a unas mesas de distancia, a veces llorando y yo de lejos mirando con cara de “no te conozco”. Por otro lado, la entrevista por Skype y teta en simultáneo era un clásico, hasta que me di cuenta que se sentían los ruidos y dejé de aplicarlo.

 

Eva Medalla

Edad: 40 años
Estado civil: casada
Hijos: Eva (4 años) y Antonio (9 meses)
Ocupación: Emprendedora y consultora de marcas

Eva Medalla con sus dos hijos: Eva y Antonio.

¿Existe un balance real entre trabajo y familia? ¿Cuál es tu fórmula?

Más joven e ingenua, pensaba que “balance” era que estuviera todo perfecto, bajo control, y muy organizado por horarios; que podía haber una hora para cada cosa y que una podía distribuirlas según sus necesidades.

Cuando formé una familia, incluso antes de ser mamá, entendí que no hay un horario para cada cosa. Y cuando me convertí en mamá, aprendí que no controlo nada 😂. Puedo organizarme, claro, pero existen imprevistos y ya nada depende 100% de mí, excepto lo que yo doy.

Sí, creo firmemente que existe un balance, que tal como lo describe el significado de la palabra, es un vaivén, como las olas del mar. Y entendí que, en mi caso, para lograr un balance entre trabajo y tener familia, tenía que hacer algo que me apasionara demasiado, como para ver el sentido a dejar de estar con mi nena, con mi nene, y con mi marido por hacerlo.

Mi fórmula es hacer todo de corazón. Hacer lo que me apasiona, lo que me encanta, y eso incluye mi trabajo y estar con los míos. A veces es todo al mismo tiempo, cuando me acompañan a eventos de trabajo, y otras es por separado. Pero siento que los llevo siempre conmigo y estoy pendiente de cómo están. Y como buen balance, es una lucha diaria. Tengo que lidiar con la culpa de no estar, de no ver. Y todavía estoy aprendiendo a entender y aceptar que no puedo hacerlo todo yo y que preciso ayuda, aunque me duela. Y tengo también la culpa de que mi trabajo me guste tanto que dejo de estar con mi familia a veces para hacerlo. Esa es la parte más difícil para mí, porque me siento egoísta. Y es por eso que en casa cuento mucho de lo que hago, pido opiniones y los hago participar. Les pido que me acompañen, les hablo de las personas detrás de las marcas con las que trabajo. Para que también sean parte de ese proceso de ayudar a crecer, para que crezcamos todos. Y siento que así también les ayudo a inculcar a los nenes lo lindo e importante que es trabajar: que es parte natural de la vida. Esa es mi fórmula: no dividirme, sino tratar de integrarme como un todo. Es difícil, pero es una bendición poder hacerlo.

¿Qué consejo le darías a alguien que está pensando en ser madre pero le aterra perder su individualidad?

Para mí no hay fórmulas concretas: cada cual vive la vida a su manera. Pero sí siempre digo que yo tuve la suerte de vivir muchas experiencias antes de tener hijos y de sacarme las ganas de mil cosas: viajé, estudié, trabajé… Viví mucho tiempo sola y soy muy introspectiva, por lo que me conozco mucho. No me quedaron etapas pendientes por vivir. Disfruté cada fase, aunque incluyeron momentos muy difíciles, claro.

Con Gastón, mi marido, pasó algo muy especial, y es que todo se dio muy naturalmente; incluso la relación, que fue rara porque nos conocíamos desde hacía muchos años y nunca pensamos que algún día estaríamos juntos. Pero se dio y fue todo muy fácil. Y cuando decidimos tener hijos fue igual.

La individualidad no se pierde nunca porque una es una. Claro que cedes en muchas cosas, así como ceden los demás para adaptarse a vos, y tu esencia queda por siempre. Cada decisión va a tener tu sello, siempre y cuando la tomes con el corazón. Yo seguí siendo yo, pero en una nueva etapa. Obvio, hay cosas que cambian, pero porque te adaptás a la vida que vos misma estás construyendo con tu familia. Formás parte de un equipo, pero vos sos vos… siempre sos vos.

¿Y qué le dirías a una madre reciente que debe volver a retomar su rutina de trabajo?

Le digo lo al final me dije a mí misma: que haga lo que pueda, en todo sentido, y de corazón. A veces están las dudas, la culpa, pero también el cansancio. A veces trabajar es un alivio; a veces es una tortura. A veces es parte de lo que nos encanta y otras es parte de la vida y listo. Pero le diría eso: que haga lo que pueda, que dé lo mejor de sí, pero que no se mate. Que haga y no piense en todo lo que podría haber hecho. Es imposible rendir 100% en todo. Siento que las mujeres nos autoexigimos mucho. No se puede hacer todo al 100%. Y es increíblemente exigente a veces, porque las tareas simplemente son muchas y las circunstancias de cada una son diferentes. Lo único que sé es que no es fácil, como todo lo que querés hacer bien en la vida: lleva tiempo, trabajo, esfuerzo, aprendizaje… Y muchas personas se olvidan de eso o no son conscientes de lo que significa y te pueden hacer comentarios que te compliquen o te exigen de forma desmedida. Por eso la tranquilidad interna es VITAL. Tenés que estar segura de que hiciste lo mejor que pudiste.

Si tuvieses la oportunidad de dedicarte solo a criar a tus hijos, ¿la tomarías o trabajarías de todos modos?

La tuve y la tengo, y no la tomé. Elegí trabajar, pero desde casa, como quien dice, y me independicé. No quise dejar de trabajar por distintos motivos: por miedo a dejar mi carrera; por costumbre, porque siempre he trabajado; por temor a perder libertad económica o a quedar mal parada si a mi marido le pasa algo… y, por sobre todo, porque me encanta lo que hago. Hay días en que me pregunto por qué me complico tanto la vida y no opto por ocuparme del hogar y los nenes, que es también un trabajo que me parece muy desafiante y difícil. A veces he llegado a pensar que parte de mi decisión de seguir trabajando afuera es para no correr el riesgo de ser mala mamá o mala “ama de casa”; que es más fácil decir que no me sale 100% bien, que no hago una torta casera tarde por medio o cocino el 100% de lo que mi familia come porque estoy afuera haciendo otro trabajo.

¿Cómo se reparten las tareas en tu casa?

Somos un equipo. Pero yo nací en un país bastante machista y me fui de él relativamente temprano. Las cosas han cambiado un poquito en Chile, aunque está lejos de ser Uruguay, creo. De todas formas, hubo un montón de cosas que me quedaron grabadas a fuego, entonces opero así aunque mi marido sea súper abierto: me gusta tener la cena definida cuando él llega (aunque signifique comprarla hecha); me levanto yo de noche a ver a los nenes, etc. Y a eso sumale que me preocupan cosas que a él no lo estresan: si los nenes tienen las uñas cortas y limpias, que no haya muchos juguetes tirados; que el gato tenga comida… Y me gusta mucho también estar pendiente de mi marido: de que coma algo que le gusta, que tenga la ropa planchada, etc. En ese sentido soy media chapada a la antigua. Si veo que hace muchas cosas de la casa, siento que fallé. Es un tema cultural.

No podrías ser madre sin la ayuda de…

Todos y de la vida. Todos ayudan, incluyendo los nenes, que son los que al venir te regalan ese rol de mamá y te lo exigen también. Y de la vida, que te enseña y te prepara para cuando llega el momento. Mis tíos me han dado una mano enorme. Mis papás también, cuando han venido y a la distancia. Gastón, ni que hablar: el mejor cómplice y compañero de equipo en esta aventura. Y tengo ayuda extra: Mercedes, que me ayuda una vez por semana en casa, y Raquel, que me da una mano con Antonio algunas mañanas de la semana, mientras trabajo. También mis socias y cada cliente que entiende que soy mamá… cada persona con la que trabajo.

Si tenés que ausentarte algunos días de tu casa por trabajo, ¿cómo los reponés?

Ufff… ese tiempo no se repone. Si me toca no estar, trato de estar pendiente. Dejo todo lo más cubierto posible: ropa, comida, quiénes ayudarán a cuidarlos, etc. Y cuando llego los abrazo. Cuando los acuesto les digo mil cosas mentalmente, les doy un beso, trato de que se sientan seguros aunque no esté, que todo marche. Una sola vez he viajado sola por trabajo siendo mamá: fue a Nueva York para un taller con una experta en marcas que me encanta. Me moría por hacerlo y sentí que no podía perder la oportunidad: ya estaba embarazada de mi segundo hijo. El taller duraba un día y me fui por una noche a NY. Fue más el tiempo que me pasé en aviones y aeropuertos que lo que estuve. Pero si te cuento el viaje no me lo creés, porque lo hice rendir como si fuera una semana. Me encantó. Fue lo máximo. Pero también lo sufrí: no sólo por mi nena y por exponer al bebé, sino porque además extrañé muchísimo a Gastón. A la vuelta le dije medio en broma y medio en serio “¿Qué me hiciste? ¡Yo era un alma libre antes de vos!”. Y lo que pasa es que antes viajaba y mi meta eran esos viajes. Ahora la meta es aprender, hacer, y volver. Antes tenía una casa. Ahora tengo un hogar.

¿Qué momentos conservás para vos sin excepción?

Sigo dedicándome a lo que me encanta; me compro libros que trato de leer; estudio (ahora mucho online). Mi trabajo es algo muy personal, porque es muy importante para mí poder trabajar con las personas con las que trabajo: aprender, mejorar, sentir que ayudás a construir algo que marca una diferencia en el mundo… Y ahora tengo más de un emprendimiento y es genial. Mis momentos son el ser como soy. Todo lo demás por ahora es flexible y muchas veces compartido con los nenes: ir al baño, ducharme, cocinar, comer, vestirme, mirar tele… ellos pueden aparecer en cualquier momento. A veces me levanto a las 6 am un sábado o domingo para desayunar con calma y mirar Hermanos a la Obra, algún documental, o una charla TED.

¿Cómo cambió tu perspectiva de tu trabajo desde que sos madre?

Me especialicé en comunicación y branding de marcas de moda. Antes de tener a Eva, ya tenía algunas sensaciones de conflicto con la industria. Ahora está mucho más marcado. Soy más crítica de los mensajes que se dan y, si bien todos esos temas me preocupaban de antes, ahora es mucho más: los mensajes sobre la apariencia, lo superficial, lo nocivo de la moda rápida, la contaminación que se produce, los derechos de los trabajadores en las plantaciones y fábricas… todo eso me preocupa mucho más que antes y estoy mucho más intolerante. Si una revista saca una quinceañera disfrazada de adulta, por ejemplo, no la quiero comprar más. Si una marca de gente grande usa adolescentes, ya no la consumo. Si fomentan la delgadez extrema o alaban la pavada, tampoco consumo más.

Al mismo tiempo, se incrementó mi necesidad por trabajar con personas conscientes de que pueden cambiar el mundo. Que apuntan a eso, que buscan hacer el bien desde su área. Si no sintiera que ayudo a construir, no lo haría. No sólo por mí, sino especialmente por mis hijos y por los hijos de los demás.

¿Cuál es la anécdota más graciosa que tenés alrededor de tus hijos y el trabajo?

Tanto Eva como Antonio han estado bastante presentes en mi trabajo desde que nacieron, entonces es bastante natural. Pero sí me pasó hace unos meses que estábamos caminando con Eva por el Mall Arocena y vio una parte del piso diferente y con luces. Me dijo: “mamá, mirá!” y salió corriendo y se paró en un extremo y vino caminando hacia mí con paso de modelo. Me acuerdo que la vi y como que me quedé con la boca abierta y me largué a reír. ¡Hasta la filmé! Y cuando terminó me dijo riéndose “Como tus amigas de las modas”.  A ella le pareció nada más gracioso imitarlas. Igual me asusté, por todo lo que implica fomentar el tema del modelaje hoy en día, pero me reí con ella ¡Esa vez nos reímos mucho juntas!

 

Arantxa Blanco

Edad: 35 años
Estado civil: Divorciada
Hijos: Dante (4 años) y Ciro (2 años y medio)
Ocupación: Empresaria/ Diseñadora de Modas

¿Existe un balance real entre trabajo y familia? ¿Cuál es tu fórmula?

¡Qué buena pregunta para empezar! Creo que hay épocas, y a medida que va pasando el tiempo una va encontrando ese balance. De todas maneras creo que el secreto está en ser organizada, optimizar los tiempos y disfrutar de lo que estás haciendo.

¿Qué consejo le darías a alguien que está pensando en ser madre pero le aterra perder su individualidad?

Que respire profundo. La llegada de un hijo sin duda es un movimiento de estantería muy importante en nuestras vidas, los primeros tiempos son difíciles, de adaptación tanto de nosotros con ellos como de ellos con nosotros y a su vez de adaptar nuestro trabajo a esta nueva etapa. Simplemente no hay que desesperar.

¿Y qué le dirías a una madre reciente que debe volver a retomar su rutina de trabajo?

La rutina no vuelve a ser la misma, pero si te gusta lo que hacés (parte fundamental), volver con alegría y entusiasmo.

Si tuvieses la oportunidad de dedicarte solo a criar a tus hijos, ¿la tomarías o trabajarías de todos modos?

Creo que trataría de tomarme los primeros meses con más calma, pero no podría dejar mi trabajo porque es parte de mí. Amo mi trabajo, me hace muy feliz y mis hijos disfrutan compartirlo conmigo.

¿Cómo se reparten las tareas en tu casa?

De la casa me ocupo yo, pero tengo a mi mano derecha en el hogar, Gaby, que me facilita las tareas diarias.

No podrías ser madre sin la ayuda de…

Sin duda que del padre de mis hijos porque el tiempo es compartido y tratamos de organizarnos dependiendo del trabajo de cada uno.

Si tenés que ausentarte algunos días de tu casa por trabajo, ¿cómo los reponés?

El tiempo no se repone y ellos te lo hacen saber. Pero exprimo al máximo los días que les toca estar con el padre, esos días son de jornadas largas de trabajo.

¿Qué momentos conservás para vos sin excepción?

Los momentos que más conservo con ellos son las vacaciones por calendario, todas las actividades escolares que requieran la presencia de los padres. Para mí me guardo mis tiempos para hacer deporte y actividades que voy mechando como puede ser algún curso de algo que me interese en ese momento.

¿Cómo cambió tu perspectiva de tu trabajo desde que sos madre?

El ser madre me impulsó a independizarme, a hacer lo que me gusta pero desde el lugar de emprendedora y no como dependiente de una empresa y cumplir un horario fijo.

 ¿Cuál es la anécdota más graciosa que tenés alrededor de tus hijos y el trabajo?

Ellos son muy chicos aún, pero les encanta venir al local de CasaGrande conmigo porque saben que tienen a un harén de mujeres a su disposición. También es gracioso cuando me ayudan con la atención a las clientas: quieren ver cómo les quedan las prendas y arrancan con el interrogatorio si les gustó como le quedaba, si les gusta el color, etc… Esa parte es muy divertida para las clientas.

Luziana Perna

Edad: 31 años
Estado civil: Casada
Hijos: María Grazia (4 años) y Francisco (1 año)
Ocupación: Diseñadora de modas

¿Existe un balance real entre trabajo y familia? ¿Cuál es tu fórmula?

Cuando estoy en el trabajo, estar enfocada en eso y disfrutarlo, sobre todo una persona como yo, que trabajo de lo que amo. Cuando estoy con la familia, atenderlos y jugar a full con ellos. De todos modos,
a veces hay que hacer un poco de todo. Me parece que se llama la fórmula PULPO: mientras cambio un pañal le contesto a una clienta por Instagram y así disfruto de todo.

¿Qué consejo le darías a alguien que está pensando en ser madre pero le aterra perder su individualidad?

Como consejo le diría que se anime, que lo más lindo que le puede pasar a una mujer en el mundo es ser mamá. Sí se pierde la individualidad, pero se ganan muchas cosas más lindas. Ellos crecen rápido y cada etapa es interesante, es un desafío y hay que vivirlo con mucho amor.

¿Y qué le dirías a una madre reciente que debe volver a retomar su rutina de trabajo?

Tengo muchas amigas que están pasando por ese momento ahora y yo les aconsejo que vuelvan felices a trabajar, que no se sientan mal porque dejan a un bebé tan chiquito porque nosotras las mamás necesitamos volver de a poco a una rutina que no sea dar teta, cambiar pañales y ordeñarse.

Si tuvieses la oportunidad de dedicarte solo a criar a tus hijos, ¿la tomarías o trabajarías de todos modos?

¡Trabajaría de todos modos! No soy una persona de dedicarme solo a criar a mis hijos, siento que no nací para eso. Me encanta trabajar, salir con amigas, estar solos con mi marido. Pero también tengo la suerte de pasar mucho tiempo con ellos porque mi trabajo me lo permite, y puedo llevarlos a mi local cuando lo necesito. Todos los días me despierto, desayuno con ellos, preparo a Grachi para jardín, a Fran le cambio el pañal, jugamos y después me encanta poder irme a trabajar feliz.

¿Cómo se reparten las tareas en tu casa?

Gracias a dios existe Ana, ella está desde la mañana a la tardecita en casa y me ayuda con los nenes, con la comida y con todo. El día que falta Ana ahí sí es un caos, pero nos organizamos con mi marido y los abuelos.

No podrías ser madre sin la ayuda de…

De mi marido, hacemos un hermoso equipo, somos muy compañeros y nos apoyamos siempre.

Si tenés que ausentarte algunos días de tu casa por trabajo, ¿cómo los reponés?

Hace poco se me juntó la apertura de mi local y MoWeek; ahí mi marido sabe que no voy a estar mucho y él trata de estar. También tengo abuelas que están siempre. Y después me tomo un día para ellos o los fines de semana los super disfruto.

¿Qué momentos conservás para vos sin excepción?

Muy pocos, pero cuando estoy en el local es mi momento. Pensaba que era cuando me bañaba, pero ahora ya me ven que me voy a bañar y se quieren bañar conmigo, jaja. Cuando se duermen aprovecho para organizarme para el otro día.

¿Cómo cambió tu perspectiva de tu trabajo desde que sos madre?

Lo primero para mí son ellos, pero también amo lo que hago. Cuando nació Francisco, el más chiquito, estuve súper grave y desde ahí cambió todo. En un minuto la vida se me dio vuelta, por eso ahora valoro todo mucho más y agradezco lo que Dios me dio, que sé que fue un milagro.

¿Cuál es la anécdota más graciosa que tenés alrededor de tus hijos y el trabajo?

Estaba con Maria Grazia en mi showroom y estaba una clienta indecisa entre un vestido y otro, entonces le pregunta a Grachi: “¿con cuál me quedo?”. Ella le dijo: “ninguno de los dos, te quedan feos”. 😂 😂  Por suerte la clienta era buena onda.