“Ser o no ser madre, esta es la cuestión”. En el Día de la Mujer, esta adaptación shakesperiana arrebataba el twitter de María Fernández Miranda, subdirectora de Cosmopolitan España, para anunciar la salida de su próximo libro “No Madres”. No es la primera vez que una periodista intenta dar forma a un sector femenino que no tiene hijos, ni menos voz popular. Y algunas se estarán preguntando cuál es el problema, mientras que otras estarán respondiendo que ‘problema’ no hay siquiera. Quiero decir, cada vez son más las mujeres que eligen, a voluntad y orgullo propio, no ser madres.

A grandes rasgos: en 2015 España alcanzó una tasa de natalidad de apenas un 9% (una de los más bajas de Europa) y en Uruguay el 14%, mientras que el censo poblacional estadounidense sorprendió con casi un 48% de mujeres de entre 15 y 44 años sin hijos. ¿Qué nos lleva a las mujeres a decidir no querer tener hijos o retrasar nuestra maternidad? El estudio Childlessness in Europe (2015) lo dice bien clarito: un rol profesional femenino cada vez más comprometido, una nueva concepción colectiva de la felicidad e independencia y, cómo no, motivos económicos.

Free Child 2013

Sin embargo, no toleramos de igual manera a una mujer sin hijos que a un hombre sin hijos. “La gente piensa que sos una persona desagradable y egoísta si no querés tener hijos“, explicó una vez la comediante estadounidense Janeane Garofalo ante la típica pregunta ‘para cuándo’. Cuesta, y cómo cuesta, entender por qué una mujer reniega su innata destreza universal. Gracias a Dios, a la Virgen, o a Jennifer Aniston (entre otras), que existen personalidades públicas que generan discusiones de sus causas.

Celebrities, periodistas y empresarias se suman a dar voz a este segmento cada vez más popular y, aún así, estigmatizado. Hace unos meses Jennifer Aniston tomaba papel y lápiz para editorializar su opinión en el Huffington Post, luego del rumor de su posible embarazo. Rumor número ‘quichisientosmil’. Un artículo que percibo naturalmente maravilloso y consecuente, tal como si lo hubiese parido.

Independiente, lógica y más abierta de mente que el propio Einstein, sus palabras evangelizaban la mujer #NoMo (no mother). La actriz acaparó en una sola carta desde el frecuente hábito de estereotipar a la mujer hasta las exigencias de belleza que imponen los medios de comunicación, teniendo en cuenta que unos (malditos) kilitos de más fueron los que abrieron sospecha de embarazo. Y por fin, aludió a la errónea interpretación patriarcal de la mujer, esa que heredamos de un siglo pasado, y que garantiza que las mujeres solteras o sin hijos, de alguna forma, son incompletas, carentes de éxito e infelices.“¡Bullshit!” gritaría indignada Kate Hudson saliendo de su reparto en Cómo perder a un hombre en diez días.

Aquí es donde encaro este tema: estamos completas con o sin una pareja; con o sin un hijo. Nos toca decidir por nosotras mismas qué es lo bello cuando se trata de nuestros cuerpos. Esa decisión es nuestra y solamente nuestra. Vamos a tomar cada una esa decisión por nosotras y por las mujeres jóvenes del mundo que nos miran buscando un ejemplo. Vamos a tomar esa decisión a conciencia, lejos del ruido de los tabloides. No necesitamos casarnos o ser madres para estar completas. Nosotras determinamos nuestro propio ‘vivieron felices para siempre’“.

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Amén. Y cómo negarlo, esto me hace acordar a mi divorcio y, obviamente, a mi amada Elizabeth Gilbert. Hace unos años leía los renglones de su novela Eat Pray Love. Yo aún estaba casada y Liz me susurraba al oído: “Yo siempre me he enamorado rápido y sin medir los riesgos. Muchas veces, enamorada, he sido víctima de la sociedad y de mi propio optimismo. Virginia Woolf escribió una vez, ‘A través del amplio continente de la vida de una mujer cae la sombra de una espada’. De un lado de la espada, dijo, yacen las convenciones, la tradiciones y el orden, donde todo es correcto. Pero, del otro lado de la espada, si estás lo suficientemente loca como para cruzar y elegir una vida que no sigue las convenciones, “todo es confusión”. Nada sigue el rumbo natural. Su punto era que cruzar la sombra de la espada puede volver más interesante la existencia de una mujer, pero podés apostar que también la vuelve más peligrosa”.

Recuerdo que las palabras de Liz me picaban las entrañas, y un suave eco del ‘carajo mierda’ de Chichita Legrand acompañaba la velada. Un año más tarde leía la continuación de su novela, Committed, en donde ya divorciada contaba cómo hacía frente al proceso de volver a amar. Y cómo no, la leía mientras me hacía cargo de los asuntos legales de mi separación.

Elizabeth Gilbert resulta una especie de gurú del mindfullness para mí. Una profeta de la realización personal y, como tal, defensora de muchas causas. Como la de las mujeres que deciden no tener hijos propios. Y noten que dije ‘propios’. ¿Entonces se puede tener otro tipo de hijos? Pues ella misma se reconoce como una mujer que despliega su rol maternal ‘de puta madre’, siendo tía y madrastra a la vez. Presiento que no fue casualidad que haya citado a Virginia Woolf en su libro, ya que la maternidad también se la dio su sobrino. Sin embargo, el universo de la literata era algo más dramático y trágico: “uno no puede traer hijos a este mundo” decía. Entendamos que sufría de trastorno bipolar y depresión, pero viene al caso su opinión ya que alrededor de las mujeres sin hijos rondan un sin fin de mitos diabólicos acerca de cómo son. ¿Con poca paciencia? ¿Egoístas? ¿Frívolas? ¿Locas? ¿Castas? ¿Putas? ¿Solteronas? ¡De ninguna manera!

Son mujeres que, aunque suene contradictorio, no les gusta resignar a nada. Son mujeres que quieren ‘ser’ en esencia y disfrutar de sus vidas. Mujeres que se enamoran día a día de sus sueños, sus trabajos, sus parejas y de ellas mismas. Pero sobre todas las cosas, mujeres que saben muy bien qué significa ser mujer. “Yo no necesito para empujar a un niño fuera de mi vagina para ser una mujer de verdad”, contestaba delicadamente la periodista Sezin Koehler ante opiniones ofensivas de otras mujeres, como “Nunca serás una mujer real”.

Me resulta penoso, y hasta vergonzoso, saber que trabajamos tan activamente en disolver barreras de género y al mismo tiempo somos nosotras mismas las que las levantamos. Cansada de comentarios de tipo “Te perderás de mucho”, “Nunca entenderás el propósito de la vida”, “Estarás incompleta”, “Te arrepentirás cuando seas vieja”, “Nunca conocerás el amor verdadero”, la periodista contestó a corazón abierto sus razones por las cuales no busca tener hijos. Razones de tipo económicas, logísticas, medioambientales, psicológicas, emocionales, culturales, sociales y de afinidad. “Más clarito échale agua”, diría mi madre.

“Porque amo dormir. Amo poder hacer las cosas en mis propios tiempos. Amo estar sola, mi momento para escribir, el tiempo que paso soñando despierta. Amo tener una dieta casi 100% orgánica. Amo coleccionar tatuajes. Amo poder tomarme el fin de semana para hacer lo que se me de la gana. Amo mi libertad. Entre mi trabajo creativo, un trabajo que me encanta y un esposo al que adoro, que está de acuerdo con todo esto, estoy más feliz, sana y satisfecha de lo que jamás he estado”.

Pareciera ser que la no aceptación de las #NoMo esconde un trasfondo mucho más frívolo que el de salvaguardar la existencia de nuestra propia especie. Quiero decir, estamos ante una competencia por saber, o decir, qué mujeres son las más felices. Las casadas, las solteras, las que tienen hijos o las que no, las rubias, las morochas, las de Rombai, las de Márama… Basta. Una rivalidad que sin duda busca devolvernos una aprobación personal que perdimos en el camino hacia la madurez. Y en un mes tan especial como este, quisiera invitarlas a ser críticas y contemplativas con nosotras mismas.

No quisiera pecar de contar con un guión de Cris Morena, pero me gustaría pensar que algún día llegaremos a ser mujeres del todo divergentes, tolerantes y progresistas. Tan progresistas como para entender que las mujeres que eligen no tener hijos son tan dichosas, plenas y correctas como las que sí. Porque en tal caso, si es cuestión de estar en lo correcto, ninguna de nosotras jamás estará libre de pecado. Las #NoMo ya son una realidad y quien más las debe reconocer es el sector femenino. Por mi parte: ¡bienvenidas sean las No Madres! Pónganse cómodas…