Mandinga empezó en 2012, en un momento en el que las marcas uruguayas eran pocas y, más bien, experimentales. Como tantas, tuvo éxito con las prendas de inspiración hindú, sobre todo las chaquetas ornamentadas, que eran el hit de la marca. Con el tiempo la fiebre por los bordados pasó -un poco, en realidad misteriosamente sigue estando- y, paralelamente hubo un boom de marcas, haciendo que aumente la competencia. Sobre 2015 Analía Pereira, directora de la marca, se planteó encontrar una nueva identidad y plantear un diferencial que la elevara sobre el resto.

La respuesta estuvo siempre ahí, desde el nombre. “Mandinga”. La palabra hace alusión a la expresión que se usa en el campo, “cosa rara de Mandinga”, para referirse a lo distinto e inexplicable. Para diferenciarse podían partir de ese lugar, de la identidad local. Del no seguir tanto las tendencias y, de la misma forma que lo hacen países como Colombia y Brasil, explorar lo autóctono. “La cultura uruguaya es súper rica, no la solemos valorar lo suficiente”, explica Analía.

Campaña Invierno 2016. Foto: Mandinga.

Proveniente de Salto, el interior de Uruguay era parte fundamental de su esencia. El color, las texturas, la fauna y la flora. Así, decidió abandonar los clásicos bordados de Mandinga y volcarse a los estampados inspirados en la naturaleza, utilizando materias primas de buena calidad. Apoyándose en la ilustración como técnica y en los procesos creativos, reconvirtieron lo étnico “en algo más moderno”. Algunos bordados siguieron presentes, como forma de dar una textura distinta a las estampas únicas. Para crear estos diseños también fue muy importante el arte como inspiración y como búsqueda: que cada prenda sea arte en sí misma.

A la uruguaya le cuesta animarse a un look con presencia fuerte del estampado, entonces empezaron por los pañuelos, que tienen la medida justa. Progresivamente los fueron incorporando en pantalones, chaquetas, mallas y bikinis. Al mismo tiempo la marca empezó a crecer y así incorporaron nuevas líneas como denim, zapatos, accesorios para playa, ropa para hombres y, desde este año, caravanas y collares.

Mandinga “Alonda”. Verano 2018. Foto: Mandinga.
Mandinga “Alonda”. Verano 2018. Foto: Mandinga.
Mandinga “Alonda”. Verano 2018. Foto: Mandinga.
Las estampas en lonas de playa. Foto: Mandinga.

El interior como estrategia

La moda local suele mirar demasiado a la capital y olvidarse del interior: rara vez es prioridad. En el caso de Mandinga, sin embargo, el resto del país es parte de su fuerte y suelen escuchar con atención lo que tienen para decir. Por ejemplo, su showroom de Salto -dirigido por la hermana de Analía, co-creadora de la marca- es un punto de venta fuerte. A las clientas de esa ciudad les encanta la exclusividad de la marca -todas las prendas con estampas son distintas- y por eso han incorporado esto como diferencial. Mandinga está presente en Colonia, Rosario, Treinta y Tres, Durazno, Salto, Trinidad, Paysandú y Punta del Este.

Los hitos de la marca

  • Nacimiento de la marca (2012)
  • Primer desfile en MoWeek (Invierno 2014)
  • Segundo desfile en MoWeek, premio Programa Itaú (Verano 2015)
  • Cápsula con Indian (2016)

La propuesta para esta temporada

La colección Verano 2018, “Alonda”, está inspirada en el reino fungi y el vegetal, que se ven reflejados en la presencia de tonos verdes y amarillos. En cuanto a las estampas, no son literales (no esperen ver una camisa con hongos), sino que captan la esencia de estos mundos de forma más abstracta y los trasladan a diseños que, si se los mira bien, dan la sensación de universos microscópicos. En cuanto a las siluetas, para Analía Pereira lo fundamental es la comodidad. Las prendas son holgadas -ideales para aplicar nuestros conocimientos de layering– y los talles, amigables.

Foto: Mandinga.
Foto: Mandinga.
Foto: Mandinga.