Qué hermoso es ser mujer en 2018.

Sí, implica puños en alto y corazones partidos en miles de pedazos y lágrimas derramadas por la violencia, por el abuso, por la muerte, por la degradación, por la sistemática desigualdad de miles de años. Por ser quemadas en la hoguera, manoseadas sin consentimiento y sin pruritos, relegadas a los trapos -de piso o de vestimenta-; por los nacimientos que no fueron, o por los que fueron sin opción; por los silencios ensordecedores para tapar los excesos de poder.

Pero también, hace algunos años y como una articulada orquesta vieja que no ensayó durante un largo tiempo, el colectivo femenino comenzó a hacer música. En Francia, en Estados Unidos, en Etiopía, en Argentina. #MeToo, #TimesUp, #BalanceTonPorc, #NiUnaMenos, #NoEsNo. No hay directores -o directoras- de esta orquesta, pero los trombones se escuchan a los lejos.

Es una orquesta de lucha porque a pesar de lo que nos muestra el algoritmo de las redes, nos enfrentamos a cientos de años de creencias tan arraigadas que se requiere un ejercicio de introspectiva y autoconocimiento permanente. Pero éste da sus frutos: de pronto lo normal ya no lo es tanto, y el polémico Rial hace mea culpa e invita a una serie de feministas a uno de los programas más vistos de la televisión rioplatense. “No se trata de una moda pasajera tipo los spinners o un hit de verano: nuestros feminismos son irreversibles. Porque no cayeron con paracaídas en la televisión ahora. Tampoco llegaron con Ni Una Menos, ni nacieron en el microclima de Twitter” dice, a propósito del tema, esta genial nota en Anfibia. Desde las trincheras de la moda, termómetro perfecto de la sociedad, la Maison Dior de Maria Grazia Chiuri nos empapela la pasarela de gráficos feministas.

Es una orquesta de lucha porque si no actuamos con firmeza y determinación, el cambio social será mucho más lento y desgastante y las brechas salariales no se acercarán y los cupos gubernamentales no se abrirán y las estadísticas de femicidios no bajarán. Es una lucha que se libra con capacidad y profesionalismo -claro- pero también con sensibilidad, empatía, creatividad y afán de conciliación.

El camino es aún largo y arduo, pero no queda ninguna duda de que estamos entrando en una nueva era histórica. Es tan enorme la noción que cuesta sostenerle la mirada. Próximas generaciones de mujeres y hombres llegan con mentes y corazones permeables, y sin tantos prejuicios. La era femenina es un oleaje de marea nueva, orgánica y segura de sí misma, sonriente y con el pecho y los brazos abiertos porque, si hay algo que entendimos siempre las mujeres, es que el amor es más fuerte.

La ilustración es de la talentosa artista y diseñadora Florencia Ponce de León.