Hola. Mi nombre es Natalia Jinchuk. Tengo 35 años, y llevo una vida privilegiada. Crecí libre, cuidada y motivada. Viajé mucho. Hace tres años fui madre, hoy de dos niñas hermosas y sanas. Formé una pareja con solidez y amor y tomé la maternidad como una extensión natural de esa relación. Con nuestra hija mayor fui la madre primeriza aprensiva, con viaje místico gutmaniano, que me da cierta vergüenza en retrospectiva. Tan mal creo que no salió, igual. Con la segunda todo fluye más, siento que interpretamos mucho mejor sus mensajes. Obviamente yo soy otra, y básicamente no tengo tiempo para pavadas.

También soy emprendedora, en el sentido más literal y más siglo XXI del término. En las pocas empresas para las que trabajé, siempre trascendieron las ganas de hacer algo propio. Ser emprendedora es un regalo, y también una responsabilidad enorme. No hay un solo día en que no me pese, pero es un camino que vengo recorriendo hace mucho, que se ha transformado en un estilo de vida y que -más aún con el ritmo que implican dos hijas muy chicas- no quiero dejar. Aún cuando me encuentre en situaciones tragicómicas como estar amamantando y editando un texto al mismo tiempo; aunque pase la medianoche y tenga que recuperar el trabajo que no hice mientras flotan las zzz a mi alrededor; y esté agotada porque tampoco las noches son de sueño corrido; aunque las incertidumbres se conviertan por veces en angustias.

No me malinterpreten: Couture, que cumple 10 años en julio (¡!), me ha llenado y me llena de satisfacciones personales. Con mi sociamiga Mónica Zanocchi y los equipos que nos han acompañado hemos logrado abrir un camino inexistente, innovar en contenidos y formatos, darle relevancia a proyectos nuevos, y generar cultura de moda y diseño en Uruguay. Se vienen, además, cosas muy lindas.

Y, por supuesto, amo a mis hijas. Considero que vinieron a enseñarme a intentar ser siempre un poco mejor persona, a ablandarme, a moverme el piso. Me maravillan sus percepciones del mundo, sus mentes frescas y desprejuiciadas, sus entregas de cariño. Al mismo tiempo, daría lo que fuera por tener licencia maternal con beneficios, por quedarme un domingo de lluvia en la cama con Netflix, o por salir sin planificarlo con mínimo una semana de anticipación.

Pero aunque deteste las logísticas de las actividades infantiles (y esto recién empieza) y deba vivir haciendo malabares y dependiendo de la bondad o voluntad de quienes me rodean -en la temporada alta de eventos se vuelve especialmente intenso-, pongo todo mi empeño en recordar que yo lo ELEGÍ y que disfrutarlo es el camino. Funciona para la madre y para la emprendedora, porque al fin y al cabo ser madre es estar constantemente emprendiendo en tareas tan difíciles como entretener a dos niñas de distintas edades mientras se teclea ese mail que hay que mandar ya ya ya; o como educar en el amor y la confianza, de retribución a largo plazo.

La portada de mayo, mes de los emprendedores y las madres en Couture, presenta la pintura de nuestra querida amiga Adela Casacuberta, artista mexicana-uruguaya. Adela convive desde hace 20 años con la esclerosis múltiple, una enfermedad que ataca el sistema nervioso y que todos los días vuelve su vida un poco más cuesta arriba. Con su marido Antar (Kuri) llevan juntos casi la misma cantidad de años y tienen recorrido un camino emprendedor: juntos supieron fundar la mítica revista Pimba!, tuvieron una galería de arte con exposiciones en Montevideo, Buenos Aires, Ciudad de México, Bogotá y Praga; y participaron de mil y un proyectos culturales, editoriales, de arte y moda a través del diseño gráfico. En el medio, y pese a todas las dificultades que supuso y supone, Adela eligió ser madre y hoy tienen dos maravillosos hijos, hecho que también la llevó a ilustrar su primer libro para niños con Pogo/Asuntos de infantes.

La maternidad es un motor que obliga a nunca bajar los brazos, porque ese emprendimiento familiar, quizá el aporte más fundamental que muchos vayamos a realizar a este mundo, debe continuar funcionando, aun en la adversidad. Es cansador, sí. Lo bueno es que, así como en los emprendimientos existen los socios, los consultores, los inversores y los fondos de ayuda, para las madres existen las parejas, la familia, los amigos, la ayuda paga (si posible) y las otras madres, que formamos un club secreto y solidario que trasciende razas, estratos socioeconómicos y gustos particulares.

Emprender, un negocio o una familia, requiere de mucha fuerza interna, de pasión, y de la templanza suficiente para ver más allá del obstáculo o del berrinche (y no querer salir corriendo a “comprar cigarros”). La vara la ponemos nosotros, y con frecuencia suele ser altísima, por eso debemos aprender a no comparar y mirar hacia adelante. Ser madre/emprendedora es hacer lo mejor que se puede con los recursos que se tienen. Por eso, si tienen una al lado, no duden en apoyarla.

Feliz mayo para todos.