“Cuando generás una amistad desde el dolor, se transforma en un amor que no se puede explicar”. Así, sin anestesia, comenzó Pamela Strongitharm nuestra conversación. Pamela estudió Licenciatura en Administración de Empresas, tiene 48 años, está casada, es mamá de Julia de 13 años y amiga de sus amigas. Y especialmente hermana de un quinteto formado en el que quizá fue el punto más álgido de las vidas de todas, el camino de lucha contra el cáncer de mama. “Es que la empatía es enorme, porque entendés perfectamente por lo que está pasando la otra”. 

Clarita Berenbau era parte de ese quinteto, y su muerte en 2013, junto a la de Luciana, otra integrante, fue un golpe gigante que a Pamela le duele todos los días. Gracias a su dinámica de apoyo mutuo e incondicional se pudo gestar en ese momento, alrededor de 2009, el llamado “Club del Gato”, un programa sui generis de apoyo y acompañamiento entre las mujeres que atravesaban la enfermedad. El nombre hace alusión a las pelucas (de hecho hoy subsiste como un banco de pelucas), pero el “club” fue, en aquel momento, mucho más que la cortina de pelo que ayudaba a disimular el tratamiento y se convirtió en la inspiración para un libro, Vivir con él (Ed. Palabra Santa, 2011), que Clarita lanzó sobre las enseñanzas del cáncer en su vida.

El comienzo

En setiembre de 2007, Pamela tenía 36 años y una hija de un año y medio cuando se palpó un bulto del tamaño de un nudillo en un seno. Había amamantado durante seis meses a Julia y luego volvió a trabajar. Se hacía mamografías de rutina, la última había sido en marzo, y todo había resultado bien. Con este pálpito fue a consultar a su ginecólogo, que a su vez la derivó a un cirujano grado 4 y “supuestamente capo”. Este le pidió estudios y, con los resultados en la mano, la mandó para su casa alegando que no era nada. Ella insistió, la derivaron a otro cirujano, y a las pocas semanas estaba en el quirófano. Fue el 26 de diciembre (“le pedí por favor al médico que brindara con agua el 25”, se ríe), y en la operación había un patólogo. Por lo que detectaron allí mismo le hicieron un vaciamiento axilar, sacándole el nódulo y un margen. “Cuando me desperté con el peor dolor que sentí jamás, no necesité que me dijeran nada”. 

El mal rato recién comenzaba: la anatomía patológica reveló que había más tumor maligno, por lo que hubo otra cirugía y luego un pedido de PET (Tomografía por Emisión de Positrones) en Buenos Aires, ya que aun no existía el aparato acá. Ese estudio determinaría si perdería o no un seno justo antes de su siguiente cirugía y, por problemas técnicos -no habían llegado los positrones- no se lo pudo hacer. Lo que siguió entonces fue la mastectomía: del Buquebus fue a su casa, vio a su hija, dejó una valija, armó otra y se fue a internar. 

Pamela junto a Cristina Giuria de Berenbau en la gala de Montevideo Shopping, octubre de 2019

Pese al resultado, no todo estaba perdido. En el viaje a Buenos Aires en barco, se puso a llorar hablando por teléfono y un señor que estaba allí sentado se presentó, diciendo que era sacerdote, y le dio una estampita. Él le recomendó que hablara con alguien que estuviera pasando por lo mismo, y resultó ser quien había casado a Clarita. Allí mismo la llamó, le pasó el teléfono, y desde ese momento se volvieron inseparables. 

Atravesar la enfermedad

Luego de la operación, vino finalmente el PET en São Paulo. A eso le siguió el tratamiento de seis sesiones de quimioterapia de la mano de su oncólogo, el Dr. Gabriel Krygier. “Hay gente a la que le toca pasarla bien durante la quimio. Yo la pasé horrible, no paraba de vomitar. En la primera hice hasta una reacción alérgica y casi me ahogo. Y después no tenía forma de retener algo en el estómago”. Por suerte, como sus ganglios eran todos negativos, no le tocó hacer radioterapia.

En 2016, sin embargo, hizo una recidiva. Sintió un gran dolor en un brazo y, pensando que se había roto la prótesis, fue a hacerse una ecografía mamaria. La prótesis estaba sana, pero descubrió que tenía un nódulo en el poco tejido que había quedado de mama. Allí mismo le hicieron una punción, era justo Semana Santa. Los resultados fueron malos e inmediatamente se volvió a operar, y luego comenzó radio. “Cuando me pasó  la segunda vez estaba muy flaca, en escombros. Tenía anemia, pero eso me hizo estar alerta, darme cuenta de que tenía que indagar más. Resulta que también tenía pólipos en el útero o sea que además de la cirugía me hicieron una histerectomía”. Había tomado 9 años de medicación (tamoxifeno), y aun así recayó. “Ahora cambié la medicación, tomo Anastrozol, que es una pastilla por día. Eso sí, engordé como 11 kilos”.

Pamela, que es muy delgada, se ríe del tema. En realidad, se ríe de todo. “Tampoco soy corredora ni gimnasta, pero la medicación te cambia el cuerpo. Hay un rollo que ya es un amigo”. Lo mismo luego de la quimioterapia: “Cuando me empezó a crecer el pelo, salieron los rulos -es muy frecuente que haya un cambio de tipo de pelo- pero crecían para arriba, no caían. Parecía una oveja, o Marge Simpson”, cuenta con una carcajada.“Empezás a verte de otra manera. Hoy me miro al espejo y no recuerdo cómo era mi cuerpo con las dos mamas”. 

Con Carolina De León, gerenta de marketing de Montevideo Shopping, en la gala de octubre de 2019

¿Cómo se afronta entonces? “Tenés que ponerle el pecho y seguir. Hay tantas cosas por las que tenés que seguir caminando, tantas cosas buenas… Una vez con Krygier fuimos a Esta Boca es Mía, y Victoria Rodríguez me preguntó qué pensamiento abrazaba yo cuando me dijeron que tenía cáncer y que tenía que empezar la quimio, si era el pensamiento de mi hija. Y yo le dije que no, a pesar de que mucha gente te lo dice: ‘tenés que luchar por tu hija’. Ahí me hizo un click, y me di cuenta de que tenía que luchar por mí, para ver crecer a Julia. Y también pensé en mis padres: si yo me muero, ¿qué va a ser de mis padres? Mi madre va a intentar hacer de tripas corazón para estar con mi hija, pero va a morir en vida. Entonces, eso era lo que yo abrazaba. Julia tenía dos años, iba a tener otra mamá. Mi marido iba a encontrar otra compañera. Pero para mis padres no había consuelo posible. Y yo que me lo perdía: quería llevarla a la escuela, que me cuente todo lo que le pasa… Si yo no peleaba, me lo perdía. Eso fue lo que abracé, lo que me dio la fuerza. Ese pensamiento fue natural en mí, sentí que no podía dejar que me pasara. Pero no era todos los días que lo tenía”.

El día después

“Hoy no lo vivo como un drama. Pasó y pasó. No me lamento, no sufro. Es mi manera de ser”. En un momento con Clarita intentaban ayudar, y de pronto eran un montón, formaban grupos de apoyo. Pero tuvo que decir basta: era hora de formar a otras Claris y a otras Pames. “No podíamos vivir en ese bajón permanente. Clari entendió a medias y yo en un momento no quise más nada. Después de que se murió Clari no quise conocer a nadie más. Los afectos y los amores que yo tenía, que eran Clari, Rhona, Caro y Luciana, ya estaban. Pero no quería de ninguna manera que me apareciera otra y poder perderla. Me han llamado, siempre estoy, hablo por teléfono, les cuento de mi experiencia, pero me cuido”. 

¿Hubo cosas que cambiaron luego de la enfermedad? “Hay cosas que antes me amargaban y después no me importaron nada. Por ejemplo, dramas del trabajo, que hoy dejo en la oficina. Eso me duró unos años después de la enfermedad, pero después te vuelve a importar. Y me volví a enfermar. Hoy le doy la importancia a las cosas que realmente la tienen. Yo trabajo para vivir, no vivo para trabajar. Lo mismo me pasa con el físico: engordé, pero hago dieta un día y medio y al otro día me como una tableta Milka feliz de la vida. También había pensado en mejorar la reconstrucción de la mama, que la verdad no me quedó muy bien. Pero ahí me volví a enfermar, y dije: ‘ya fue'”. 

“Lo que me pasó está en el pasado, no conecto con la enfermedad. Es lo que me tocó y lo vivo con alegría porque me dejó hermanas que no tenía, me dejó luz, conocí un profesional como Gabriel Krygier que me deja tranquila durante meses. Me tocó y no puedo estar pensando en lo desgraciada que fui por eso. No se puede llorar sobre leche derramada. ¿Fue horrible? Sí, fue difícil. No estaba copada. Pasé momentos complicados, no pude trabajar durante el tratamiento, lucía espantosa. Claro, linda no te ves (se ríe). Pero pasa. Pasa eso y pasa todo. La vida está llena de cosas feas que nos pasan. Pero hay que seguir feliz porque si no, no levantás la cabeza”.

Pamela junto a María Noel Riccetto, protagonista de la gala en colaboración con la campaña del shopping desde su primera edición

Esta nota es publicada en el contexto del mes de lucha contra con el cáncer de mama y en particular gracias a la séptima edición de “Sentirse bien es el mejor comienzo”, la campaña de concientización y apoyo de Montevideo Shopping a la Comisión Honoraria de Lucha Contra el Cáncer, que tuvo su gala el 14 de octubre con la participación de María Noel Riccetto y un equipo de talentosos artistas. La temática de 2019 fue “El día después”.

María Noel Riccetto en la gala de “Sentirse bien es el mejor comienzo” de Montevideo Shopping // Foto: Rossina Abril para Couture
Final de la gala “Sentirse bien es el mejor comienzo” de Montevideo Shopping // Foto: Rossina Abril para Couture

Para recaudar fondos para la Comisión Honoraria de Lucha Contra el Cáncer, Montevideo Shopping desarrolló unas libretas ilustradas por alumnos de Integra y Universidad ORT, que se venden a $ 100 (dos libretas, una para regalar) en Atención al cliente del shopping. Todo lo recaudado será donado. Pueden conocer cómo dar apoyo aquí

Las libretas ilustradas // Foto: Rossina Abril para Couture

El cáncer de mama es una enfermedad que afecta a aproximadamente 1.800 mujeres uruguayas por año. Su detección temprana es fundamental. Por más información acudir al sitio de la CHLCC o a la Fundación Clarita Berenbau.