Meryl Streep es el camaleón carismático de Hollywood. Puede entrar en la piel de cualquier personaje y perderse en un rol, pero nunca vamos a dejar de quererla ni admirarla. No importa si interpreta a una rockera veterana con problemas familiares o la villana fashionista que todas envidiamos (hola The Devil Wears Prada) ella es un imán en la pantalla y adoradísima en la alfombra roja. Y 2017 es el año que Hollywood le demuestra todo lo que la quiere.

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En los Golden Globes recibió el premio Cecil B. Demille por su trayectoria (ahí fue cuando dio el aplaudidísimo discurso en contra de Trump) y ahora la academia le acaba de dar otra razón para celebrar: su vigésima nominación al Oscar. Gracias a su papel como Florence Foster Jenkins en la biopic del mismo nombre, Streep ha ido más allá que sus pares, hombres y mujeres por igual, para consagrarse como la actriz con más nominaciones en la historia.

Tiene más de trecientas nominaciones a distintos premios, cientos ganados, pero solo tres Oscars. El primero por Kramer vs Kramer, ese clásico desgarrador que cambió la manera de pensar en el divorcio en los conservadores años 70, más tarde llegó el turno de Sophie’s Choice, sobre una sobreviviente del Holocausto que se ve envuelta en un romance tóxico, y en 2012 ganó su última estatuilla dorada por encarnar a la mujer de hierro de Gran Bretaña, la mismísima Margaret Thatcher.

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Por otro lado, ella también es una de las pocas artistas que ha sido nominada en cada década desde el comienzo de su carrera. Recibió su primera nominación con The deer hunter, la segunda película que hacía en su vida y desde ese momento en adelante fue casi omnipresente en la alfombra roja. Ella es como un evento en sí misma, no podemos quitarle los ojos de arriba y cualquier cosa que haga la va a hacer bien. Donald Trump puede decirle muchas cosas después de que lo hizo enojar con su discurso en los Golden Globes, pero sobrevalorada jamás será una de ellas.

Canta que la vida es corta

Ahora a la película en cuestión. Florence Foster Jenkins cuenta la historia real de la mujer con el mismo nombre, una señora de la alta sociedad de Nueva York que soñaba con ser cantante de ópera, pero cantaba cual gata en celo; que amaba la música, pero no podía acertarle ni a una nota. Es uno de mis modelos a seguir.

La historia es sencilla, el padre conservador de Florence no le permitió seguir su vocación y dedicarse a la música, entonces ella tuvo que esperar hasta su muerte para finalmente poder perseguir su sueño. Armada con una herencia millonaria y un apartamento en el centro de Nueva York, ella se vuelve figura común en el mundillo de la música clásica de la ciudad y cree que es una gran cantante que espera su oportunidad para hacerse lucir, pero cuando lo hace es por todas las razones equivocadas.

 

Hay dos discos que recopilan algunas de las canciones que grabó y no los podría recomendar lo suficiente. “La gloria (???) de la voz humana” y “Florence Foster Jenkins & amigos: asesinato en Do mayor” están en YouTube y son grandes álbumes por si alguna vez quieres torturar a alguien o quedarte sordo.

Ahora, es muy fácil leer esta historia y descartarla como una ridícula, una excéntrica con mucha plata y tiempo libre. Pero la película hace todo lo contrario y Meryl Streep brilla como la inepta apasionada. En vez de enfocarse en sus fallas las celebra. En vez de retratarla en tono de burla lo hace con una humanidad y calidez que solo puede salir de una actriz como ella. La Florence de Streep no es una ridícula que llena escenarios de gente que va para reírse de ella, es el tipo de persona que ilumina una habitación con su sonrisa y que quieres alentar para que le vaya bien, aunque sepas perfectamente que no va a pasar.

Todo lo que la acompaña nos lleva a quererla. El diseño de los vestuarios, los interiores, los colores de Nueva York, todo nos transporta a los años dorados de Hollywood, esos donde las historias no eran tan complicadas, donde Fred Astaire podía bailar en el techo de una casa y no importaba nada, solo bastaba disfrutar.

Por otra parte, Hugh Grant (en su mejor papel) y Simon Helberg aportan mucho a esa sensación de calidez. El marido que la adora y que no se atreve a decirle la verdad es uno de los mejores papeles que ha tenido Grant en muchos años y Helberg, más conocido como Wolowitz en The Big Bang Theory, es como todos nosotros. Encarna a Cosmé McMoon, el pianista tímido que toca para Florence y que se introduce en la historia como si fuera un espectador, primero incrédulo, pero a medida que la conoce solo queda ternura.

En un año tan complicado como el 2016, donde las malas noticias reinaron, es lindo tener una película libre de cinismo y que hace justicia a una incomprendida con poco talento. Florence sería malísima cantante y un personaje bizarro, pero muy pocos tienen el coraje de hacer lo que aman sin pensar en las críticas. Al final ser un poco ridículo es una virtud.

Amamos a Meryl

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Queda más que claro que es la actriz más talentosa de su generación, una luchadora por la igualdad de género que ha ayudado a romper el techo de cristal en el cine, una mujer con clase, una persona con encanto y una estrella con gran estilo. Gracias Meryl Streep por todo lo que nos das, sos la reina de la pantalla grande.

(De yapa les dejamos este Instagram que se dedica a combinar fotos suyas con imágenes de comida)

#NATIONALKALEDAY WHERE MY VEGANS/VEGGIES AT?! #kale #merylstreep #vegetarian #vegan #green

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