Estamos en 2018 y estoy robando piques de estilismo de una influencer que no es real en el sentido más literal de la palabra: Miquela Sousa es un avatar creado por Brud, una start-up de “ingenieros, storytellers y soñadores” que se especializan en inteligencia artificial y robótica. Pero, en Instagram las fronteras entre qué es verdadero y qué no son difusas y, para algunos, Lil Miquela -como se apoda esta “chica”- puede ser tan real como una socialité que pide sus outfits prestados a marcas y photoshopea el tamaño de su cintura. Es más, hasta hace poco tiempo, muchos creían que Miquela era una persona.

En sus redes se presenta como una modelo barasileño-estadounidense de 19 años, casi siempre luce el pelo con space buns (los rodetes a lo princesa Leia), ama el estilo callejero y tiene las últimas piezas de moda, como los Balenciaga Triple S -supongo que es más fácil vestirse cool cuando no tenés que comprar las prendas-. Pero, tal vez lo más interesante es que no se limita a subir fotos “lindas” -como suele pasar con tantos instagrammers sin contenido- sino que no tiene miedo a manifestarse en contra de Trump, apoyar a causas como Black Lives Matter o simplemente decir que está triste, algo que parece revolucionario en una red social en la que todo suele parecer color de rosa.

Foto: Instagram/@lilmiquela.

A Miquela la siguen 1.2 millones de personas, sus posteos rondan los 1.500 me gusta y sus seguidores suelen comentarle las fotos como si la conocieran. Obviamente estos números fueron grandes llamadores para diferentes marcas como Prada, Outdoor Voices y Highsnobiety, que la contrataron para hacer contenido sponsoreado en su perfil. Y acá el tema se empieza a complicar, ¿es ético pagarle a una influencer para que promocione un producto que nunca usó? Me inclinaría por el no, pero, ¿qué tan distinto es este caso al del té que promocionan las Kardashian para adelgazar (y que todos sabemos que no usan?

Lil Miquela no es la única modelo CGI, también está Bermuda, su archi-enemiga (que apoya a la nueva derecha estadounidense), Lawko, su amigo, que también fue creado por Brud, y Shudu, diseñada por el ex-fotógrafo Cameron-James Wilson. Después de una década de trabajar en moda, Wilson contó a The Cut que estaba “desencantado con la industria” y que por eso creó a Shudu. “Ya no hay nada que realmente represente la realidad”, dijo.

https://www.instagram.com/p/Be0ldl7F-Pu/?taken-by=shudu.gram

En 2002 se estrenó una película que se llamaba S1m0ne, la historia iba de un productor (Al Pacino) que tras quedarse sin protagonista para su filme creaba una actriz por computadora, a la que llamaba Simone. Simone se volvía una favorita del público y de los tabloides, aunque nadie sabía de su verdadera naturaleza. Hace 15 años, cuando la vi, me pareció una locura. Sin embargo hoy, lo que era ciencia ficción hoy se volvió realidad.