Desde Kaia Gerber, de 16 años, luciendo como una “soccer mom” en la campaña otoño 2018 de Karl Lagerfeld, a Faye Dunaway, de 77, como modelo de la campaña de carteras de Gucci. Las mujeres siguen rompiendo estereotipos en la sociedad, y parece que la moda se hace eco de esa pulverización de un “deber ser” según el género. No podemos negar que la industria de la moda viene reflejando los cambios culturales y sociales en relación a los cuerpos femeninos. Lo llaman diversidad, y comprende la salida del formato estereotipado de qué significa ser una mujer bella (joven, blanca, flaca, alta) y su promesa de felicidad asociada al cumplimiento de esas consignas.

Kaia Gerber para Karl Lagerfeld. Fuente: Papermag

La industria se hace eco de las transformaciones que proponen que este es el siglo de las mujeres, y ajusta los modos de representación. La pregunta que surge: ¿es un compromiso real con los cambios culturales o un “manotazo de ahogado” para no perder seguidoras en el camino. ¿Tiene el mundo de la moda otra opción?

No es un fenómeno nuevo, más bien lo contrario. De Joan Didion como cara de la campaña de Céline, a la incipiente firma de moda Paloma Wool, y sus cuerpos estriados, la consigna viene siendo menos Photoshop y más cuerpos reales.

Faye Dunaway. Fuente: Gucci

El movimiento empezó con tibieza, alguna tapa de revista con mujeres de color, que era celebrado como un gesto emancipador. En la actualidad, parece no haber vuelta atrás: la moda no puede estar asociada a una promesa de felicidad que proviene de estándares de belleza imposibles, sino que tiene que poder interpelar a un nuevo segmento que no se deja intimidar por el estereotipo. Sitios de moda como Man Repeller tienen una gran cantidad de producciones de moda protagonizadas por chicas plus size, Refinery29 visibiliza la diversidad en cada uno de sus artículos, Zara realiza sus campañas con mujeres que rondan la cincuentena desde las últimas temporadas.

Estos medios de comunicación no hacen gala de la exposición de la diversidad, no titulan sus notas con aclaraciones sobre esta incorporación en su agenda (como “ideas de estilo para chicas plus size”) sino que han asimilado la heterogeneidad del ser femenino en su modo de representar. Esa “naturalidad” parece ser el verdadero gesto representativo y lo que marca un quiebre en lo que significa ser hoy una mujer. No hay límites, las etiquetas caen, las posibilidades son infinitas y los medios de comunicación, en tanto formadores de opinión, tienen que hacerse eco para participar de esta revuelta femenina que se expande alrededor del mundo.

Producción de moda. Fuente: Man Repeller

Lo interesante del fenómeno es que se produce de la mano de una concientización sobre el cuidado del cuerpo, la alimentación, la actividad física y la tecnología aplicada a la belleza. No hay un mensaje subliminal de desinformación sino de aceptación. Se asume la idea de que hay tantos cuerpos como mujeres en el mundo, que ningún cuerpo bello según los parámetros establecidos es garantía de felicidad, y que la vida es demasiado agotadora en general para transitarla entre privaciones y exigencias que no están relacionadas con la salud sino con la pertenencia, con el derecho de ser amado y mirado.

Campaña Zara 2017. Fuente: Today Show

Retomando la pregunta inicial, si tiene la moda otra opción que no sea adaptarse al clima de época, pareciera que no. Si no representa al infinito abanico de mujeres que habitan el mundo, la moda va a perder la fuerza que la caracteriza, las mujeres buscarán ser representadas en otros espacios. Lo curioso es cómo se han modificado las relaciones de poder: de ser la moda una industria con una capacidad de dictaminar los usos y costumbres, las tendencias, los tipos de cuerpos y lo valioso de cada mujer, ahora es momento de que pare la pelota y escuche. Los procesos se invierten y, al parecer, el que no quiera escuchar, quedará en el banco de suplentes.