Escribo esto y enseguida pienso en modas como la de los tobillos al aire en temporada invernal, que tiene tanto de simpática como de ridícula a simple vista –queda muy lindo en looks de abrigo oversize, pantalón y chelsea boots por ejemplo, o zapatillas–; sin embargo, si las fibras de lo que nos protege en el resto del cuerpo es la adecuada, el sufrimiento desaparece y podemos mostrar una pequeña partecita de nuestra anatomía para seguir ese estilo sin padecer penurias.

Parece súper sencillo, ¿no? Si hace frío te abrigás y listo, a la calle. Pero la realidad es que la mayoría de las personas –al menos las que conozco–, la pasan mal de junio a agosto –o de diciembre a febrero si viven en el hemisferio norte– por falta de conocimiento acerca de las propiedades de la materia prima usada para manufacturar la ropa que se ponen.

Foto: Harper’s Bazaar.

No hay nada mejor que las fibras naturales para el frío. Así como hay algunas recomendadas para el verano, también las hay para el invierno. Tomemos como ejemplo al lino para usar cuando el sol pega fuerte y no da tregua: es lo más fresco que hay, porque su composición permite mantener fresco todo lo que cubre, al conducir el calor hacia afuera. Pero ahora nos interesa el invierno, que es más difícil de domar.

De nada sirve vestirse con la famosa fórmula de las capas si las propiedades de la materia prima de las prendas superpuestas no cumplen el cometido de mantener el calor corporal. Se venden muchos sweaters de acrílico o de mezclas del mismo con otras fibras como algodón o lana, que parecen súper abrigados pero no lo son. Encima de no mantener la sensación de calidez, hacen transpirar con la consecuencia obvia de, al humedecerse el cuerpo, provocar más frío. Mirar la etiqueta interna es necesario.

Hagamos capas

La ropa de invierno tiene que retener el calor que el mismo cuerpo genera, por esto es que vestirse en capas es importante ya que al superponerlas, logran una barrera con el exterior. “Odié el invierno hasta que aprendí a vestirme”, es una sentencia que escuché muchas veces hasta que llegó el glorioso día en que pude pronunciarla yo misma. Fue cuando me decidí a investigar un poco, y con esa información, saqué mi propia fórmula para ser feliz en los meses helados, la época del año que nos permite ser dignos y no seres humanos sudorosos y malolientes –a propósito de esto el otro día leí una frase que decía “I don’t sweat, I sparkle” que se las facilito como justificación glamorosa a los que prefieran seguir siendo amantes del verano-.

Foto: Vogue.

El objetivo es mantener la calidez adentro de la ropa sin transpirar para no pasarla mal y sentir que se te congela el cuerpo. La primera capa tiene que ser de algodón porque la característica misma de la fibra permite mantenerse ventilado y seco al mismo tiempo. La segunda capa tiene que ser lana y que lo sea en un 100% es lo ideal, porque funciona como verdadero aislante térmico, y a su vez, es capaz de absorber la humedad del ambiente sin que esta traspase nuestra piel. La tercera es para salir a la calle: un abrigo que tape hasta las rodillas, que puede ser de pluma o de lana. Hago énfasis en hasta las rodillas porque dejar descubierto de la cintura para abajo –con la capa de pantalón o falda solamente, se entiende– es un error.

Foto: Style du Monde.
Foto: Style du Monde.

Vamos al resto de cosas imprescindibles: la bufanda que por supuesto tiene que ser de lana –lamento mucho ser tan predecible–, ya que por el cuello se pierde mucho calor y por eso es deseable tenerlo abrigado. Lo mejor que se puede hacer es una vez en la vida invertir en una de cashmere negra o gris, que va a combinar con todo para siempre. Guantes y gorro si hace mucho frío. Lo óptimo es que las medias sean mezcla de algodón y cashmere. Si no es así, por las mismas razones que escribí más arriba, respecto de la primera capa, que sean de algodón –funcionan igual si son por ejemplo 85% de esta fibra y el resto de spandex o de alguna otra, que se incopora para que la prenda tenga elasticidad–. Por último es una buena idea que la zapatilla, zapato o bota que usemos tenga una suela que nos separe por uno o dos centímetros como mínimo del piso frío. Y si podés comprar unas botas con pelo natural por dentro, te juro que nunca más vas a pensar que el invierno es una fatalidad.

Foto: Vogue.

Como la clave está en la lana, acá hay una lista de lugares donde conseguir la nueva prenda de tendencia en Argentina y en Uruguay; y otra acá, que hice hace algún tiempo en mi cuenta de Instagram gracias al aporte de un montón de personas que me facilitaron experiencias y nombres de marcas y diseñadores. Es cierto que no es barato comprar productos hechos con esta materia prima, pero nunca hay que olvidarse que un sweater de lana bien cuidado es para siempre y en cambio, comprar uno barato de acrílico es un camino seguro a desperdiciar la plata. Lo de que lo barato sale caro es muy cierto en este aspecto.

No me quiero olvidar de compartir los trucos para que un producto de lana dure mucho: hay que guardarlos limpios –especial énfasis en esto– en lugares secos y ventilados, ya que lo que atrae a las polillas es la suciedad y la humedad que absorbe la prenda.

¡Ahora sí, a disfrutar del invierno!