Una película se disfruta mucho más en el cine. No sé ustedes, pero para mí no hay como estar en total oscuridad y dejar que las imágenes me envuelvan. Ayer cuando por fin pude sentarme a ver Okja, mi perra estaba histérica, las lentejas hervían y mi madre no paraba de hablar. Y eso es una pena porque una película tan linda merece atención.

Okja es una producción original de Netflix, estrenada el 28 de junio, y es más o menos lo que sucedería si E.T. y un video de PETA tuvieran un bebé. La corporación Mirando (liderado por Tilda Swinton, perfecta como siempre) pone en marcha un plan para combatir la crisis de alimento en el mundo: los supercerdos, una especie nueva que tiene el tamaño de un rinoceronte. La empresa envía un par de especímenes a distintas granjas del mundo para que los críen de forma humana y libre de transgénicos y en 10 años llevan a cabo un concurso para decidir cuál es el mejor de todos, pero no previeron que una de ellos, Okja, se convertiría en la mejor amiga de una niña que haría lo que fuera para salvarla.

Al principio parece una película infantil al mejor estilo Disney. La niña y su cerda gigante pasean juntas por el campo de Corea del Sur, vive con su abuelo en la cima de una montaña y todo es pacífico hasta que se embarcan en una aventura. Pero para el tercer acto el tono cambia de golpe y te encontrás con una realidad oscurísima.

El director surcoreano Bong Joon-ho tiene el don de hacer críticas muy duras a la sociedad sin caer en lo paternalista. Desde The Host, la película de monstruos que le abrió las puertas de Hollywood (y no confundir con la película romántica del mismo nombre, esta no está en nuestro Netflix lamentablemente), supo entretener y provocar con sutileza. The Host es sobre una familia disfuncional que debe unirse para rescatar a la más pequeña de las garras de un monstruo que azota Seúl, pero también es una crítica al involucramiento de Estados Unidos en el país.

Snowpiercer, su anterior película (¡que sí está en Netflix!), es sobre un tren que contiene a los últimos humanos de una tierra congelada y es un comentario sobre el capitalismo en forma de película de acción. En Okja sucede lo mismo, es una crítica mordaz a la sociedad de consumo disfrazada de aventura infantil.

Dicho así parece como que todas sus películas son clases de moral, pero todo lo contrario. Sin embargo está demasiado llena de aventura y comedia para ponerse en un plano de superioridad. Jake Gyllenhaal es excelente como un veterinario que trabaja para Mirando en un rol que parece hecho para el Jim Carrey de los 90 y Tilda, bueno, es Tilda.

Si llegan a sus casas con ganas de mirar algo en Netflix y no quieren pasar horas buscando el catálogo (clásico de sábado), denle play a Okja, los va a entretener por un buen rato… y puede que para cuando termine se vuelvan vegetarianos. Y más allá del chiste, es una película que instala un tema sobre la mesa llevando a la reflexión al mismo tiempo que entretiene.

El cerdo de la controversia

Me enseñaron que hay tres temas que no se pueden tocar con extraños: religión, política y fútbol. Ahora creo que habría que agregar Netflix a esa lista. El gigante del streaming levanta tantas críticas y posiciones a favor que parece una figura política y no una plataforma para ver películas.

Para los que no saben, Netflix causó polémica en Cannes porque presentó dos películas originales, Okja y The Meyerowitz Stories, en la carrera por la Palma de Oro sin antes tener un estreno teatral y eso despertó tanta indignación que el festival se vio obligado a cambiar las reglas del juego.

En la industria todavía no saben qué pensar de Netflix, algunos lo ven como el lugar donde el cine independiente va a morir porque la empresa compra títulos recién estrenados en festivales para enterrarlos en su inventario y así no podrán competir con su contenido original; y otros dicen que es el salvador de la libertad creativa, que como no tienen la presión de ganar en taquilla se pueden permitir hacer apuestas más arriesgadas.

Para bien o para mal, Netflix está cambiando las reglas del juego, deshaciéndose de los distribuidores tradicionales y dando más libertad a los creadores para hacer lo que quieran sin ataduras por motivos comerciales. Para nosotros es casi una bendición: si Okja hubiera tenido una distribución tradicional probablemente no hubiera llegado a estos lugares y, sin embargo, tuvimos la chance de verla al mismo tiempo que todo el mundo. Ahora solo hace falta una pantalla gigante para disfrutarlo al máximo.