No hace tanto tiempo, la figura paterna era distante y respetable. Se edificaba bajo el estereotipo de patriarca de familia, duro, recio y autoritario, que mantenía económicamente a su familia y no tenía injerencia en el universo doméstico o en el de los afectos.

En la actualidad, la puerta de los colegios está inundada por padres y madres por igual a la hora de la salida, así como la plaza las mañanas de domingo o las guardias de los pediatras. La figura de ambos progenitores está en pie de igualdad a la hora de “ocuparse de los chicos”.

Así como las mujeres se impusieron en el mundo laboral, los hombres se replegaron al mundo doméstico a compartir tareas de cuidado y crianza, y se están permitiendo poner en cuestión el significado de la masculinidad.

Fuente: LA Times

Como ha ocurrido históricamente con muchas transformaciones sociales, las leyes tardan en acompañar los movimientos y las demandas que emergen espontáneamente. En Argentina, la ley de licencia por paternidad es una deuda pendiente importantísima en el camino de una verdadera igualdad entre hombres y mujeres. Mientras las madres tienen 3 meses de licencia paga, los padres acumulan vacaciones que no se tomaron con días personales y certificados médicos para poder acompañar a una mujer en el estado de vulnerabilidad puerperal (emocional y física) y a un recién nacido que demanda más atención de la que puede dar una única persona. Así como la realidad del aborto clandestino se impuso con una presencia arrolladora (logrando hasta el momento media sanción en el Congreso de la Nación), es de esperar que ocurra lo mismo, más tarde o más temprano, con esta demanda que representa a los nuevos padres y madres.

Simon Hopper, más conocido como Father of Daughters. Fuente: You.Co UK

Pero sí aparecen ecos de la nueva paternidad en, por ejemplo, la representación de lo que es ser un padre hoy. Podemos verlo en las publicidades, como la del limpiador Mr. Músculo en la que un padre aparentemente soltero transita su día entre el trabajo y el cuidado de su hija, y finaliza con el slogan Rubén pasa menos tiempo limpiando y más tiempo siendo él mismo, una idea de marketing publicitario atribuida generalmente al rol femenino.

O en la producción literaria, como demuestra el libro de Mauricio Koch Cuadernos de crianza, donde vuelca las experiencias de los primeros tres años de vida de su hija, Gretel, en el formato de un diario con entradas. Por otra parte, el psicoanalista Luciano Lutereau pone en cuestión en su libro Más crianza, menos terapia el ideal de “buen padre” mediante la combinación de teoría psicoanalítica, sus experiencias personales de paternidad y casos de pacientes, lo que prueba que los hombres tienen mucho para decir sobre criar hijos, sobre sentirse frustrados, desbordados, cansados y también plenos en el ejercicio de su propia paternidad, y que el estereotipo que dice que los hombres hablan solo de fútbol o de política, se está desarticulando.

Para muestra basta un botón: en las redes sociales explotan las cuentas de padres que comparten consejos, experiencias, miedos o recetas de cocina, como @unpapaconbarba, @papacocina, o @father_of_daughters. Y ni hablar de la empatía que generan los flamantes padres solteros y celebrities nacionales, Marley y Flavio Mendoza, con sus pequeños bebés.

Estos ejemplos hacen teclear al histórico estereotipo de masculinidad, que no es otra cosa que un conjunto de reglas esperables de los hombres. Si bien este conjunto de “deber ser” los ha colocado en una posición de poder, y ha hecho estragos con las emociones de las generaciones anteriores, resulta frustrante para cualquier persona no cumplir con los mandatos sociales que se esperan de cada uno. Parece una modalidad prehistórica, teniendo en cuenta los cambios que se vienen produciendo en nuestra sociedad, pero para muchos aún sigue ejerciendo presión.

Marley y Mirki. Fuente: El sol

En el especial de stand up de Netflix, Mother inferior, Christina P. reflexiona con humor sobre su padre, criado en la Hungría de la posguerra, y su actitud hostil hacia el mundo: eran niños a los que no se les permitía llorar ni siquiera por el hambre, la muerte y el desencuentro, ¿en qué clase de padres iban a convertirse?

Esta nueva masculinidad que se está desplegando, y el nuevo formato de paternidad que conlleva, reconoce en sí mismo y en los otros la libertad. Y, si bien es cierto que los hombres tardaron algo más que las mujeres en producir cambios en sus patrones de género, los avances logrados son irreversibles.

Extracto de la película “Los increíbles 2”. Fuente: Cien radios

La presencia de padres amorosos, cuidadores, responsables y comprometidos con sus hijos, se da también gracias a relaciones con mujeres que se han replanteado su rol de ama y señora del universo doméstico. Para que el hombre ocupe un espacio, la mujer que históricamente lo ocupó, tiene que cederlo y no saberse poseedora de un saber ancestral en lo que respecta a los hijos por una cuestión biológica. Lo cierto es que nadie sabe qué hacer con un recién nacido en casa, y es una gran experiencia familiar aprender juntos.

Si estos nuevos padres, que tuvieron en general un modelo masculino de paternidad distante del ámbito afectivo y doméstico, son capaces de liderar este proceso de cambio junto a las mujeres, pensar en el modelo igualitario que están recibiendo sus hijos e hijas augura un futuro promisorio, más amoroso, libre y equitativo.