*Ilustración: Eliana Iñiguez

¿Hay que tener un ojo clínico para buscar piezas vintage? Yo creo que no.

¿Hay que seguir una serie de pistas para buscar prendas vintage? Yo creo que sí.

Juguemos a que llegamos a un local vintage. Entramos y ya vemos kilométricos percheros de ropa usada, pilas de carteras y cientos de zapatos en estantes. Si el olor y el rejunte de miles de trapos apilados uno al lado del otro nos van a vencer, piensen, mis queridas amigas, que luchamos todos los días contra el patriarcado.

Volvamos al vintage imaginario. Yo suelo dividir mentalmente mi búsqueda en partes de arriba, partes de abajo, accesorios, vestidos y siempre dejo un espacio para buscar camisones y saltos de cama antiguos pero esto último es una locura pura y exclusivamente mía.

Ilustración: Eliana Iñiguez.

Partes de arriba:

Acá vamos a agrupar camisas, blusas, remeras, blazers, camperas de cuero, sweaters, buzos y tapados.

Camisas y blusas

Cuando buscás una camisa o una blusa vintage lo primero que tenés que fijarte es la composición de la tela. Yo suelo comprar únicamente seda, lino o algodón a la hora de elegir camisas porque el poliéster que se usaba antiguamente era un poliéster mucho más denso y grueso a diferencia del que se fabrica en la actualidad.

Muchas cosas tienen arreglo -como achicar una sisa, acortar mangas, cambiar botones, etc-, pero hay otras que no. Un claro ejemplo de esto último es la “tela ajada”, que son roturas dentro del mismo género que no tienen arreglo. Es decir, si ves una tela rota, sólo se puede encontrar la solución recortando esa parte y haciendo un dobladillo, de otra forma recomiendo no llevar esa prenda.

En las camisas (y más en camisas de hombre) suelen percudirse mucho cuellos y mangas, pero esto no tiene que detenernos porque lo que se hace para salvarla es descoser el cuello y darlo vuelta del lado que nunca se utilizó.

Remeras

No hay como una buena remera vintage. Nada tienen que envidiarle a todos los nuevos diseños de remeras que vemos hoy por todos lados a una original remera vintage. Acá la revisión de la prenda va en las cisas –manchas amarillentas- y los clásicos agujeros de polilla: cruz diablo.

Blazers

Siento que los 80s hicieron mucho por nosotros en materia de blazers. Hay que investigar la calidad; si tiene hombreras y no te gustan, se las sacás. Yo suelo dejárselas salvo que parezcan dignas de un concierto de Lady Gaga, y aún así lo pienso.

Los botones antiguos muchas veces se rompen o se desgastan. Soy de las “conservacionistas del botón” porque, a menos que no quede otra opción por el estado en el que están, los botones vintage suelen ser de muy buen material y super originales.

Este tipo de prendas tienen que revisarse por dentro y por fuera. Es posible cambiar el forro interno si el mismo está en mal estado.

Camperas de cuero

El cuero es una piel y con el tiempo se seca. Esto funciona igual que las injusticias que conlleva la vejez. ¿Qué hay que hacer para cuidarla? Hidratarla. Hay productos de limpieza de muebles y zapatos (elegir sólo los transparentes) muy efectivos para tratar nuestras camperas.

Lo más costoso en cuero es la oveja o la cabra porque son gamuzas finas. En el vintage encontrás mucho de eso en cinturones o carteras. A la hora de elegir una campera de cuero de batalla, el cuero de vaca es el mejor. Confieso que todavía no encontré mi campera de cuero vintage amor de mi vida, supongo que es difícil porque el cuero vintage es muy grueso y no tiene los tratamientos actuales.

Sweaters y buzos

Cuando era chica y entraba a algún local de ropa con mi mamá, ella me decía la mágica frase “Se mira pero no se toca”. Cuando voy a un vintage y veo un sweater, me acuerdo de eso. Me pasa que la lana (cuando no hablamos de un poliéster asfixiante), siempre la veo apelmazada y me imagino de antemano una horda de polillas desfilando mis prendas en casa. Entonces, miro pero no toco. No soy tan ortodoxa como parece pero si vas a comprar un sweater vintage: que sea de lana, tejido a mano, que no esté apelmazado y lo lavás con tanto suavizante para que te quede como una nube.

Los buzos tienen una esquema parecido pero son menos hostiles y sostienen más batallas que los sweaters vintage.

Tapados

Los encontrás de piel o sintéticos, estos últimos generalmente son más ásperos porque la piel sintética ha evolucionado con el paso del tiempo. Procuren el ejercicio de revisar el interior, botones, estado general y siempre una visita a la tintorería.

Ilustración: Eliana Iñiguez

Partes de abajo

Tesoros en forma de jeans, pantalones y faldas.

Jeans

Encontrar un jean vintage perfecto, eso es encontrar a tu príncipe azul. Hoy en día con el juego abierto que hay en formas, estilos, colores y redescubrimientos a la hora de elegir un tipo de jean, casi nadie busca un jean en un vintage. Para mi ahí hay pequeños tesoros.

Pantalones

Larga vida al lino, su excelencia, durabilidad y elegancia. Digo esto porque los mejores descubrimientos de calidad que mi bolsillo agradeció los encontré en un vintage. Si llega a tus manos un pantalón vintage, que sea de la mejor calidad posible y no duden en invertir en el cuidado con tintorería. Principalmente porque hay algunos que requieren limpieza a seco.

Faldas

Hay faldas lápiz (tengo una de cada color), plisadas, plato, minifaldas, maxi faldas, portafolio, de todos los colores y texturas, pero siempre hay que mirar los cierres, si muerden la tela o están muy duros por los años, se cambian. Las que tienen una cintura marcada aprovechen para usar el estilo new look de los años 50 con una linda remera de algodón, porque hay que pensar el vintage para anexarlo a nuestra vida cotidiana.

Ilustración Eliana Iñiguez

Accesorios

En mi opinión, la Santa Trinidad en accesorios vintage la componen: los anteojos, los pañuelos y los prendedores. Sé que cada una puede tener su propia opinión religiosa sobre el podio de los accesorios pero para mí hay tesoros irremplazables como encontrar un pañuelo de seda natural firmado por un diseñador, unos buenos anteojos que se pueden llevar a una óptica y aggiornarlos para usarlos todos los días –ya lo hice dos veces con éxito– y un prendedor antiguo que viste a tu blazer preferido.

Vestidos

La maravilla del vintage radica principalmente en que cada época representa un estilo y eso se traslada de manera bien definida en los vestidos que vas a encontrar y que representan el tuyo propio.

Hay recomendaciones para no tenerle miedo a nada: las manchas amarillentas en las telas salen con limón y sal; existen productos especiales para sacar el óxido en telas; los cierres se reemplazan; las polillas se combaten con hojas de laurel en tu placard y si tenés un lugar de arreglos de ropa en tu barrio: llevá tu prenda y arreglala.

Espero que les sirva mi pequeño manual -ilustrado por una talentosa amiga Eliana Iñiguez-, porque construir y cultivar el estilo propio no es magia: requiere de aprendizaje y mucho amor con uno mismo. Mucha suerte, amigas.

Pueden seguir el trabajo de la ilustradora Eliana Iñiguez en sus cuentas de Instagram y Twitter.